Menthal registra el uso que cada usuario hace de su smartphone para detectar posibles comportamientos compulsivos comparables a las máquinas tragaperras.

Los teléfonos móviles han evolucionado tanto que su función primigenia de hacer llamadas ha quedado en un segundo plano gracias a las nuevas capacidades que ofrece, como la reproducción de música, la captura de foto y vídeo y la navegación. La concentración de todas estas funciones en un solo aparato aumenta el tiempo que se le dedica, lo que puede llegar a crear dependencia, según algunos estudios. Para saber si uno se ha vuelto ‘adicto’ a su smartphone, un equipo de informáticos y psicólogos de la Universidad de Bonn (Alemania) ha desarrollado Menthal, una aplicación que permite a los usuarios medir el uso que hacen de su smartphone.

La app, disponible para Android, informa al usuario de cuánto tiempo se dedica al teléfono y qué aplicaciones se utilizan más. El responsable del avance, el investigador Alexander Markowetz, explica que “lo que hace la app es dar números sobre un consumo que, al ser virtual, es muy difícil de medir”. Como analogía, Markowetz hace esta comparación: “Si me bebo diez cervezas al día las veo, pero no tengo forma de saber si utilizo mucho o poco el móvil”.

Como puede suceder con otras adicciones, el investigador aseguraque en el caso del móvil también se ponen “excusas para mirarlo continuamente”. De hecho, estudios previos ya han detectado el surgimiento de un comportamiento automatizado y repetitivo de mirar el dispositivo a modo de espasmos.

El investigador compara este fenómeno con una máquina tragaperras: “Lo miramos cada diez segundos, y si conseguimos un ‘premio’, como un mail o una notificación de Facebook, obtenemos un momento de sorpresa y alivio”. Añade que esta dependencia puede llevar a algunos usuarios, incluso, a encerrarse en el baño para utilizar el móvil sin ser vistos.

El investigador de la Universidad de Helsinki (Finlandia), Antti Oulasvirta, que participó en el hallazgo de este comportamiento espasmódico explica: “Cuanto más miras el móvil menos ‘premios’ obtienes, porque la probabilidad de tener algún tipo de mensaje es menor”. Oulasvirta relaciona esto con el aburrimiento y advierte de que “el problema aparece cuando el usuario se obsesiona hasta el punto de comprometer otras actividades como su trabajo”.

A pesar de estos comportamientos, Markowetz no habla de adicción al móvil, en su lugar, considera que “aunque hay casos muy extremos, no existe una definición oficial en este contexto, pero no significa que no pueda tener lugar, al menos, en unos pocos casos”. Para uno de los psicólogos del equipo de Menthal, Christian Montag, “aún no está claro si estamos frente a una adicción, pero las primeras evidencias sugieren que los casos más graves recuerdan a este tipo de patología típica en muchos aspectos”.

Algunos de los síntomas que puede presentar un adicto al móvil son, según Montag, “aislamiento social, síndrome de abstinencia y uso constante”. El psicólogo asegura que el peligro llega cuando “el usuario vive solo una vida online y no queda más con los amigos”. Para Markowetz, el problema es que “a diferencia de un alcohólico, Menthal no busca eliminar sino reducir el consumo, algo que siempre es mucho más difícil”.

Para discernir si esta adicción existe, Menthal no sólo ofrece las pautas de uso del móvil a cada usuario, sino que también las envía al equipo de investigación de forma anónima. De esta forma, los investigadores han llevado a cabo un estudio –aún pendiente de publicar– que analiza este comportamiento en 50 estudiantes durante 6 semanas.

Los resultados preliminares sugieren que una cuarta parte utiliza el móvil más de dos horas al día. Cada estudiante lo miró una media de 80 veces diarias, lo que representa una comprobación cada 12 minutos. No obstante, en algunos casos esta frecuencia se duplica respecto a la media. Entre otras conclusiones, el estudio incide en la idea de que la función de hablar por teléfono está quedando cada vez más obsoleta, pues solo se le dedicó ocho minutos al día, de media, frente a la hora empleada a mensajería instantánea y redes sociales.

Dormitorios sin teléfonos

Si al llegar a este punto, usted tiene miedo de volverse dependiente del móvil, Montag da varios consejos para aquellos que quieran controlar su uso: “Acostúmbrate a llevar reloj, mucha gente utiliza el móvil para mirar la hora y luego hace otras cosas que no había planeado inicialmente”. Otra técnica es establecer zonas sin móvil: “El dormitorio no debería ser un sitio para teléfonos, pero mucha gente utiliza su smartphone como despertador”, y añade: “Define tiempos en los que no uses tu móvil”.

Porque la adicción al móvil no se basa exclusivamente a las relaciones sociales o laborales. Un estudio de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), asegura que vivir “enganchado” a él puede afectar también a la salud. Uno de los autores de dicho estudio, la psicóloga Sarah Thomée explica que “su uso intensivo es un factor de riesgo para la salud mental, ya que produce alteraciones en el sueño y puede incluso causar depresión”.

Sea una adicción real, o tan solo una dedicación excesiva, una aplicación como Menthal puede ayudar a ver las botellas de cerveza y, así, decidir si se quiere racionalizar el uso del teléfono. Al margen de preservar la salud y las relaciones sociales, el objetivo es que sea el usuario quien controle el smartphone, y no al revés.

Artículo de Sergio Ferrer para el Centro de Innovacion BBVA