Cada vez más empresas y consumidores apuestan por la biometría como método de autenticación y pago. Una mejor experiencia de usuario y su mayor seguridad son sus grandes ventajas frente a las clásicas contraseñas.

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La autentificación biométrica, entendida como el uso de mediciones biológicas digitalizadas como contraseña, se va poco a poco generalizando en el economía digital, desplazando a los métodos tradicionales. Sus ventajas saltan a la vista: la proliferación de cada vez más complicadas contraseñas alfanuméricas y la creciente preocupación por la ciberseguridad ha hecho girar la vista hacia tecnologías basadas en el reconocimiento inequívoco de las personas basado en el iris, la huella dactilar, la voz o la propia forma de la cara.

Según un estudio realizado por Mastercard y la Universidad de Oxford, el 93% de los consumidores cree que acabará usando la biometría en sus operaciones, un método que considera seguro en el 77% de los casos si se habla de reconocimiento facial, y en el 93% cuando la identificación se realiza por la huella dactilar. En consonancia, cada vez más empresas punteras ofrecen a sus consumidores pagar demostrando que son quienes dicen que son, no en función de la contraseña que pueden recordar. Más comodidad y más seguridad, pues las mediciones biológicas son mucho más complicadas de ‘hackear’ que las combinaciones alfanuméricas.

Pagar con una sonrisa

Apple es una de las compañías que más claramente apuesta por la biometría. Ya en septiembre de 2013, con el lanzamiento del iPhone 5S, añadió un sensor biométrico a su producto más popular, adelantándose a los teléfonos de Samsung, que harían lo mismo con el sistema operativo Android en 2014. Pero el último gran avance de Apple ha sido la sustitución, en el iPhone X, de ese sensor, llamado Touch ID, por un sistema de reconocimiento facial, el Face ID, con el que también se pueden realizar pagos. Desde finales de 2017, los clientes de BBVA en España ya pueden utilizar este sistema para identificarse en su ‘app’.

El gigante digital chino Alibaba, a través de su marca financiera Alipay, también está avanzando rápidamente con el uso de la biometría para los pagos, con algunos proyectos realmente llamativos: en un restaurante de cadena de comida rápida KFC los usuarios que tengan el monedero digital de Alipay pueden pagar simplemente ‘por la cara’ y dando su número de móvil. El sistema, llamado ‘Smile to Pay’ (‘Sonríe para pagar’), funciona así: primero el consumidor posa un par de segundos frente a una cámara 3D y, posteriormente, como segunda autentificación, solo tiene que introducir su número de móvil.

China es precisamente, según un estudio de HSBC, el país donde más se utiliza la identificación por huella dactilar, con una penetración del 40%.

La biometría en BBVA

Los clientes de la banca en España también se empiezan a familiarizar con la biometría, con BBVA como pionero. Gracias al reconocimiento biométrico, BBVA ofrece el servicio ‘Alta inmediata’, por el que cualquier persona puede abrir una cuenta con el móvil y empezar a operar inmediatamente, simplemente haciéndose un ‘selfie’ y atendiendo a una videollamada. BBVA también ofrece a sus clientes la tecnología de escáner de iris de Samsung, Samsung Pass, que les permite una experiencia de usuario rápida y sencilla para acceder a sus cuentas, sin complicadas contraseñas y con la máxima seguridad.

Más allá de esta integración, BBVA está desarrollando una apuesta estratégica por la biometría dentro de su proceso de transformación y digitalización. En junio de 2017 BBVA y la ‘startup’ Das Nano presentaron una nueva compañía, Veridas, que se dedica a la investigación y el desarrollo de ‘software’ para la verificación y autenticación digital de la identidad personal.

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BBVA también cuenta en su área de New Digital Businesses (NDB) con la ‘fintech’ Covault, especializada en soluciones de seguridad e identidad digital tanto para particulares como para empresas. Covault acaba de lanzar en Estados Unidos una app que, mediante una llave de encriptación vinculada a información biométrica, permite a sus usuarios reforzar la protección digital de su información.

Además de las huellas y el iris, otro indicador biométrico cada vez más empleado para la autentificación digital en la banca es la voz. El banco móvil Atom, en el que BBVA tiene una participación en torno al 29,5%, combina el reconocimiento facial junto con las contraseñas y el reconocimiento de voz para que sus clientes puedan realizar cualquier tipo de operación ‘online’ o desde el móvil.

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