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Blade Runner 2049: ¿Más humanos que los humanos?

Año 2049. Han pasado tres décadas desde que Richard Deckard comenzara su caza para retirar modelos Nexus 6. Wallace Corporation ha levantado un imperio sobre las ruinas de Tyrell Corp, diseñando una nueva generación de replicantes más serviciales e integrados en la sociedad. Gracias a la implantación de recuerdos, los nuevos modelos cuentan con una base emocional que les hace más estables que sus antecesores y mucho más parecidos a los seres humanos.

Tanto la famosa cinta dirigida por Ridley Scott como su secuela, Blade Runner 2049, se inspiran en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. La obra presenta una sociedad donde los robots, creados para servir al ser humano, se parecen tanto a las personas que resulta imposible distinguirlos a simple vista. La única forma de descubrir a los replicantes es realizar el test de Voight-Kampff, una serie de preguntas cuyo objetivo es desencadenar una respuesta emocional. Este cuestionario requiere, además, una máquina que mide la variación de funciones corporales como el rubor, la respiración, el ritmo cardiaco y el movimiento de los ojos.

Este examen tiene grandes semejanzas con el test diseñado por el matemático Alan Turing en 1950 para responder a la pregunta ¿pueden pensar las máquinas?

El test de Turing está considerado la prueba por excelencia de la capacidad de comunicación de las máquinas, tal y como explican Kevin Warwick y Huma Shah en el libro El próximo paso. La vida exponencial, que se puede descargar gratuitamente en la web del proyecto OpenMind de BBVA.


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Esta prueba busca distinguir entre un ser humano y un ordenador a partir de sus respuestas a preguntas abiertas, teniendo en cuenta características de la naturaleza humana como la mentira, el humor, los malos entendidos o la falta de información. La premisa es sencilla, si un ordenador se comporta de manera inteligente es que lo es.

Para superar el examen, Turing estableció que al menos un 30% de los jueces participantes en la prueba no debían ser capaces de identificar a la máquina como tal. Warwick y Shah analizan en su ensayo las entrevistas realizadas durante un experimento que tuvo lugar en 2014 en la Royal Society de Londres, durante el cual un ordenador superó por primera vez el test.

La máquina en cuestión era un software que se hacía pasar por un chico ucraniano de 13 años, Eugene Gootsman. Este chatbot desarrollado en San Petesburgo consiguió engañar un 33% de los jueces del evento con sus réplicas directas y su carácter locuaz. Los creadores del software afirman que su edad forma parte de una personalidad creíble: los 13 años de Eugene inducen a la gente a perdonar pequeños errores gramaticales y la falta de conocimientos en algunos temas.

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Eugene no habría superado, sin embargo, las pruebas a las que los blade runners someten a los replicantes. Philip K. Dick conocía la obra de Turing. Sin embargo, consideraba que son las emociones lo que define la inteligencia humana. Por ese motivo, su test pretende evaluar la empatía y no la capacidad de pensar de los replicantes. En la película, las preguntas solo desencadenan una respuesta emocional cuando el sujeto es un humano, es decir, la ausencia de empatía permite identificar a los replicantes.

Aunque muchos expertos coinciden con Dick en que inteligencia es mucho más que la capacidad de mantener una conversación, el test de Turing sigue siendo un indicador del progreso de la inteligencia artificial y del rendimiento de los ordenadores.

Fotografías de Warner Bros: ©2017 ALCON ENTERTAINMENT, LLC., WARNER BROS. ENTERTAINMENT INC. AND COLUMBIA TRISTAR MARKETING GROUP, INC. ALL RIGHTS RESERVED.

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