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Cuentas 17 feb 2015

Salario bruto o neto: ¿con cuál me quedo?

Tener claro cómo se estructura nuestro sueldo es esencial para evitar sorpresas y para tomar decisiones acertadas en cuanto a cambios de trabajo o renuncias. Y para ello, conocer las diferencias entre salario bruto y salario neto es básico.

Lo más importante antes de pactar un sueldo es tener claro cuál será la retribución que recibiremos mensualmente. Aunque conceptos como sueldo bruto y sueldo neto son ‘de uso común’, no todo el mundo está seguro de a qué nos referimos cuando utilizamos uno u otro.

El salario neto es el dinero que efectivamente ingresamos cada mes; y el salario bruto (también llamado líquido), el total que figura en la nómina, incluyendo retenciones y cotizaciones adicionales. Este dinero que ‘desaparece’ de nuestras nóminas no tiene un solo destino y la cuantía concreta varía en función de la situación personal, rango profesional y sobre salario de cada persona.

El apartado de las retenciones se refiere al dinero que “se queda” Hacienda como previsión a lo que después habrá que pagar en el Impuestos de la Renta de las Personas Físicas. Se trata de un porcentaje que se actualiza de forma anual o cuando se produce un aumento salarial. La forma más sencilla de calcularlo es utilizando la herramienta de ayuda que la Agencia Tributaria proporciona desde su página web.

Las cotizaciones, por su parte, incluyen las cuotas de pago a la Seguridad Social. Aquí existen varias divisiones entre las que destacan las contingencias comunes (que suponen un 4,7% del salario total para todos los trabajadores) y otras contingencias como las de de desempleo o formación profesional.

Todas las nóminas deben incluir el salario líquido o neto que percibimos y el total de devengos o cantidad bruta y deducciones que se practican: así, cada trabajador sabrá cómo se estructura su sueldo. El problema se plantea a la hora de negociar un nuevo contrato, ya que no siempre es fácil calcular cuál será el sueldo neto solo con la cifra bruta, y eso perjudica nuestras negociaciones.

En ellas, la duda más común es si conviene pactar un salario bruto o neto. La opción habitual es la segunda, pero muchas veces las conversaciones se hacen en base al sueldo neto. En este caso, lo que empresa y empleado pactan es el pago de un salario neto fijo mensual que no varía aunque haya cambios en sus cotizaciones y retenciones. Es decir, si hay un cambio de ley que aumenta las retenciones, el trabajador seguirá cobrando la cantidad pactada y será la compañía quien tenga que pagar la diferencia.

En el fondo esta es la fórmula más sencilla para que no existan equívocos sobre la cantidad a cobrar cada mes. Sin embargo, esta seguridad también tiene su contrapartida para el trabajador. Y es que en caso de minoraciones de IRPF, es decir, de un descenso en las retenciones, seguirá cobrando lo mismo y, por lo tanto, no se beneficiará de esa medida.

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