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Medio ambiente Act. 28 feb 2020

Cinco ejemplos internacionales para reciclar mejor

El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) Nº. 12 de la ONU plantea la necesidad de alcanzar un ciclo de producción y consumo sostenible y responsable con el planeta. Dentro de esta meta, una de las estrategias importantes que los países han de implementar es la de las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar, de manera que la generación y gestión de residuos sea lo más sostenible posible.

La sociedad, las empresas y la administración llevan años trabajando conjuntamente en materia de reciclaje con el objetivo de aumentar la concienciación ciudadana e implementar medidas y políticas que consigan dar una nueva vida a gran parte de los residuos generados cada año.

El reciclaje plantea una situación doblemente beneficiosa: por una parte, consigue reutilizar una cantidad considerable de desechos que, de otra forma, acabarían en vertederos o en la naturaleza; mientras que por otra, permite la generación de materias primas y evita que se continúen derrochando materiales y recursos naturales.

¿Conoces la primera tarjeta de plástico reciclado?

Distintos países han conseguido aumentar su tasa de reciclaje en pocos años gracias a la inversión en tecnología, las campañas de concienciación y la introducción de políticas que incentivan a ciudadanos y empresas a reciclar más y mejor. Estos son algunos ejemplos.

Suecia: del residuo a la energía

Los países del norte de Europa son pioneros en el tratamiento sostenible de residuos urbanos e industriales. Concretamente, Suecia es experto en separación y reutilización de desechos gracias al elevado compromiso de sus ciudadanos, que se involucran en el proceso desde sus propios hogares.

En Suecia es muy común el sistema Waste to Energy, que aprovecha la incineración de residuos no reciclables para la producción de energía y así abastecer de electricidad a 250.000 hogares del país a la vez que reducen enormemente el volumen de desechos y de emisiones. La tasa de reciclaje es tan satisfactoria que se necesita importar basura de otros países para mantener sus plantas a pleno rendimiento durante todo el año.

Japón: optimizar la separación

La minuciosidad es la clave del éxito del sistema de reciclaje japonés. Los vecinos son responsables de la separación de sus propios desechos y son ellos mismos quienes los tratan y separan previamente para después cumplir con un estricto y planificado método de recogida por días.

Por ejemplo, los envases de plástico deben ser depositados lavados y desprovistos de cualquier etiqueta, los ‘bricks’ plegados para ocupar el mínimo espacio o los residuos de gran tamaño, correctamente etiquetados con los datos del usuario, que se responsabiliza de su correcto tratamiento. Los japoneses tienen tan inculcado el hábito del reciclaje que no hay papeleras de reciclaje en las calles de las ciudades debido a que cada uno se encarga de procesar sus residuos en casa.

Un ejemplo de las ventajas del separado minucioso es el pueblo de Kamikatsu, una aldea de montaña que, debido a su aislamiento, separa sus residuos hasta en 34 categorías para aprovechar al máximo cualquier material y optimizar la gestión de los desechos no reciclables. Para este año, pretende convertirse en un pueblo 100% zero waste.

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Suiza: reducción del residuo

Uno de los países que mejor han sabido entender la importancia de la economía circular es Suiza. El país alpino es un ejemplo de concienciación ciudadana a través de formación y de políticas nacionales. En este caso, los esfuerzos se han centrado en fomentar la reducción del desecho de elementos no reciclables con medidas como la bolsa única. Para deshacerse de este tipo de residuos, se deben adquirir unas bolsas de basura “oficiales” con un precio más elevado mientras que reciclar es gratuito.

Esto ha permitido que la generación de residuos no reciclables disminuya unos 90 kilos por persona al año en un margen de 20 años. Con medidas como esta, han conseguido reciclar el 93% de las botellas de vidrio o el 91% de las latas de aluminio, además de ser pioneros en el reciclaje de basura orgánica, que se aprovecha para fabricar compost.

Corea del Sur: el problema de la comida

Pese a que se dedican grandes esfuerzos al reciclaje de plásticos, vidrios y cartones, el desperdicio de comida es uno de los grandes problemas del mundo contemporáneo. Según el World Economic Forum, en torno a un tercio del alimento producido en el mundo se pierde o se desperdicia, lo cual supone también un elevado coste en emisiones de gases de efecto invernadero. En Corea del Sur han querido poner una solución al despilfarro de comida con un ambicioso plan que combina medidas de disuasión con una potente inversión en tecnología.

Al igual que en Suiza, las bolsas para reciclar desechos orgánicos tienen un precio especial para costear el proceso de reciclado, son biodegradables y, además, se depositan en contenedores que pesan cada deposición y en los que debes identificarte para después pagar por cada kilo. Por tanto, cuanto más depositas, más pagas. De esta manera, se ha conseguido reducir el desperdicio de comida de 130 kilos anuales por persona a menos de 11. Con el residuo orgánico que se recoge, se produce biogás para combustión, fertilizante para cultivos y alimento para ganadería.

Gales: políticas activas y educación

El país británico ha pasado de reciclar el 5% de sus residuos domésticos al 64% en tan solo 20 años, convirtiéndose en una de las regiones con la tasa de reciclaje más alta de Europa y con la expectativa de continuar mejorando sus marcas hasta llegar a ser uno de las naciones referente en esta materia a nivel global.

Todo ello lo han conseguido gracias a ambiciosos planes que involucran desde la administración a ciudadanos y empresas. El objetivo es poner a disposición del público una trabajada estructura que facilite que la sociedad tenga acceso a un sistema sencillo de reciclaje, una amplia campaña de concienciación para que el programa de las 3R sea una prioridad en la gestión de residuos y una agenda de políticas tanto de incentivo como impositivas que han favorecido una rápida adaptación de sus ciudadanos. En los próximos años, Gales quiere invertir en sistemas para conseguir reciclar elementos que hasta ahora no se reciclan, como colchones o pañales.

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