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Tecnología 26 nov 2014

El coche del futuro, el coche autónomo y el coche sin conductor a examen

El coche del futuro siempre está de moda. Resulta tentador imaginar el camino que seguirá la tecnología y su influencia en nuestras vidas a unos años vista, y el terreno del automóvil es de los más tecnológicos e influyentes, por lo que es el candidato idóneo para intentar predecir lo que sucederá.

Teniendo en cuenta los avances más recientes en tecnología automovilística, todo parece apuntar en dos direcciones bastante claras y relacionadas entre sí: el coche del futuro será eléctrico y también autónomo.

Resulta imposible saber cuándo ocurrirán ambas cosas, pero sí podemos analizar por qué es ese el futuro previsible, sus implicaciones y también lo que nos separa de él desde un punto de vista técnico.

El coche del futuro será eléctrico

Hace más de 100 años que se dice que el coche del futuro será eléctrico. Hemos de reconocer que esto quita bastante credibilidad a la afirmación, o al menos introduce un interrogante muy grande en el plazo que habrá que esperar, ¿otros 100 años?

Hecha esta salvedad, lo cierto es que todo apunta a que el coche eléctrico debería sustituir a los actuales coches térmicos por múltiples razones:

  • Un vehículo eléctrico no contamina durante su utilización, y no tendría por qué contaminar si la recarga se hace con energías renovables.
  • Un motor eléctrico es más del doble de eficiente que un motor térmico (desperdicia en calor mucha menos energía).
  • Un motor eléctrico es mucho más adecuado para mover un coche que uno térmico por su respuesta contundente desde parado, su silencio absoluto de funcionamiento, y la ya mencionada ausencia de emisiones.
  • Un coche eléctrico es mucho más fiable que uno térmico, pues el motor no tiene piezas oscilantes y no genera vibraciones, además de prescindir de fluidos (no lleva aceite), embrague, caja de cambios, sistema de escape… un coche de Scalextric es realmente simple, a cualquier escala.
  • Los combustibles fósiles son un recurso agotable. Por definición, se agotarán y darán paso a otras tecnologías que casi inevitablemente pasan por motores eléctricos (con baterías, con pila de hidrógeno o con otras formas de almacenamiento o generación de energía).

Como vemos, existen fuertes argumentos para suponer que el coche del futuro será eléctrico y, a pesar de todo ello, nunca ha conseguido superar las barreras tecnológicas que veremos en el último apartado, pero que a la larga no deberían ser insalvables.

El coche del futuro será autónomo

El nivel de automatismo que están alcanzando los coches de serie en los últimos años es enorme. Ya están a la venta desde hace tiempo coches con asistente para aparcamiento, para cambio involuntario de carril, para control activo de la velocidad, para frenada de emergencia, para salir de un aparcamiento marcha atrás… y un largo etcétera.

El nivel de automatismo que están alcanzando los coches de serie en los últimos años es enorme

Muchas son las marcas de coches (e incluso no de coches, como Google) que trabajan desde hace años en la tecnología de conducción autónoma. Hoy podemos decir que, tecnológicamente, ya es posible que un coche circule sin conductor durante miles de kilómetros en todo tipo de calles y carreteras sin tener ni provocar un accidente.

Dicho esto, la tecnología aún tiene que superar algunas barreras para ser legal y comercializable, y desde luego también para ser totalmente fiable. Pero está cerca.

Las implicaciones del coche autónomo son casi infinitas, y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que cuando llegue cambiará nuestras vidas:

  • Si un coche autónomo pudiese recogernos en la puerta de casa y dejarnos en nuestro destino, no habría ninguna razón para tenerlo en propiedad. Se convertiría en un servicio.
  • Si existiesen flotas de coches autónomos compartidos, no habría atascos, no habría problemas de aparcamiento y el tiempo de transporte sería tiempo útil de ocio o trabajo.
  • Habría muchos menos coches.
  • Un coche autónomo compartido podría quedarse recargando en una estación de servicio, mientras cogemos otro ya cargado para continuar el viaje. Podríamos viajar a larga distancia con coches eléctricos.

En realidad las ventajas son muchas más, hablamos de un mundo nuevo, de ciudades sin ruido, sin atascos, sin problemas de aparcamiento y sin esperas para movernos.

Problemas sin resolver ¿a qué distancia estamos?

Acabamos de dibujar un bonito futuro de movilidad casi perfecta pero ¿por qué no está ya aquí? ¿A qué distancia estamos y qué nos separa de esa situación ideal? Existen dos barreras para alcanzar ese imaginario coche del futuro:

La primera barrera es que el coche eléctrico requiere una gran cantidad de energía y la energía eléctrica es muy difícil de almacenar, por razones químicas. Las baterías han mejorado sustancialmente con el paso de los años, pero todavía tienen una densidad energética ínfima comparadas con el petróleo y su recarga es lenta comparadas con rellenar un depósito.

La segunda barrera, la que nos separa del coche autónomo, es sobre todo el hecho de que los vehículos sin conductor tengan que compartir las vías de comunicación con otros vehículos no autónomos, conducidos por imprevisibles seres humanos, además de peatones, animales, zonas en obras mal señalizadas… En un entorno más previsible ya estarían funcionando, como los trenes o aviones con piloto automático, que básicamente no se pueden cruzar con nada.

Ambas barreras podrán superarse, pero no será tan rápido ni tan sencillo como nos gustaría.

 

Artículo realizado por David García Artés. Colaborador de Diario Motor y Tecmovia. Puede seguirlo en Twitter.

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