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Industria Automotriz 20 dic 2018

Coches autónomos: cómo y cuándo las máquinas empezaron a tomar el control

Poner una máquina al volante ha sido un viejo sueño de la automoción. Ahora lo de los coches autónomos es un objetivo más cercano, pero todo empezó con pequeños pasos desde mediados del siglo XX.

Las grandes empresas tecnológicas parecen haber adelantado a los gigantes automovilísticos en la carrera por el coche autónomo. Google (nacida en 1998), Uber (2009) y Tesla (2003) se codean, e incluso superan, a los nombres clásicos del motor. Es posible que Waymo, la rama de Google dedicada a la conducción autónoma, lance comercialmente un servicio de taxis autónomos antes de que acabe el año en Phoenix, Arizona.

Esa noticia, adelantada por la agencia Bloomberg, sería un paso decisivo en el largo camino hacia los vehículos sin conductor. No hablamos de un par de décadas, sino que hay que remontarse a mediados del siglo XX, cuando las empresas que ahora parecen a punto de culminar el camino ni existían.

El coche autónomo se ha ido construyendo en cierta manera como un mecano, pieza a pieza. Las máquinas han ido tomando poco a poco más funciones dentro del vehículo, y solo ahora, gracias a nuevas tecnologías como la visión artificial y el internet de las cosas, están a punto de hacerse con el volante.

Primer avance: el control de velocidad

En la larga evolución de la automoción en serie, lo primero que empezó a automatizarse fue, de forma rudimentaria, el control de velocidad.

En 1958 Chrysler, con su modelo Imperial Convertible, fue el primer fabricante que se atrevió a apostar por el invento que había desarrollado unos años antes el ingeniero mecánico Ralph Teetor, invidente a causa de un accidente durante su niñez. Harto, según se cuenta, de los acelerones y frenazos de su abogado, su conductor habitual, Teetor desarrolló un artefacto que llamó Speedostat para limitar la velocidad máxima. Funcionaba con unos rudimentarios cables. Desde hace años estos sistemas, ya muy generalizados, son electrónicos y, evidentemente, mucho más sofisticados.

Unos veinte años después de que los humanos cediesen por primera vez parte del control de la aceleración a las máquinas, otra máquina comenzó a actuar sobre el frenado. Se trata del ABS, una novedad con la que se empezó a experimentar en la aviación.

En los coches primero fue un producto de lujo —lo introdujo Mercedes a finales de los setenta—, pero desde el 1 de julio de 2004 se convirtió en equipo de serie obligatorio para todos los turismos fabricados en la Unión Europea.

coche bbva

Lo primero que empezó a automatizarse en los coches fue el control de velocidad.

El cerebro del automóvil

No es tan fácil trazar la llegada de la ‘inteligencia’ computacional a los vehículos, pero se sitúa hace ahora unos 35 años. Podemos entender que ese ‘cerebro’ es actualmente el ECU (por Engine Control Unit, la unidad de control del motor), el resultado de largos esfuerzos de la industria (incluso desde 1939) que empezó a convertirse en una realidad generalizada en la década de los 80 de la mano, especialmente, de la estadounidense General Motors. Como el cerebro humano, la ECU trabaja con sensores; con la información que recibe de ellos optimiza el rendimiento del motor.

Una vez que los coches empezaron a tener ‘masa cerebral’, el siguiente paso fundamental en el camino hacia el coche autónomo fue la llegada de la conectividad, la capacidad de comunicarse con el exterior. Se produjo en 1996, con OnStar, un proyecto desarrollado también por General Motors que utiliza una herramienta hasta entonces prácticamente confinada al ámbito militar, el GPS. Cuando los ‘airbags’ de un vehículo se desplegaban, el sistema automáticamente se ponía en contacto con un responsable, que a su vez facilitaba la información a los servicios de emergencia. Puede resultar algo rudimentario más de veinte años después, pero OnStar, un servicio que, evolucionado, sigue en activo, marca un hito: los coches empiezan a comunicarse sin necesidad de intervención humana.

Los vehículos dieron otro paso adelante cuando empezaron a ser conscientes de lo que estaba sucediendo en su entorno e incluso podían actuar en consecuencia. Fue a comienzos del siglo XXI, con el Lane Departure Warning System, el sistema que avisa cuando el vehículo se sale del carril establecido. Lo empezaron a comercializar de forma masiva marcas japoneses y solo en el país asiático: la pionera fue Nissan en 2001, seguida por Toyota un año después.

En los últimos quince años, el desarrollo del coche autónomo ha sido espectacular, gracias al crecimiento de nuevas tecnologías como el internet de las cosas, la inteligencia artificial, sensores de enorme precisión, la visión artificial en 360 grados… Las pequeñas mejoras que antes tardaban décadas son ahora cuestión de años. Pero eso no significa que estos pequeños pasos no hayan abierto el camino; igual que el padre de la criptografía, Alan Turing, tiene mucho que ver con el desarrollo de ‘blockchain’, los coches inteligentes dieron sus primeros pasos mucho antes de que se conociese internet.

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