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Aval bancario 11 may 2015

¿Cómo financiar una reforma del hogar?

Lo primero que hemos de tener en cuenta es que, con esta denominación se define a actuaciones muy diversas. Podemos hablar de un simple lavado de cara, de pintura y cuatro detalles, o bien hablar de una rehabilitación integral, acometiendo aspectos estructurales. Los importes serán muy distintos, y por tanto, las soluciones financieras óptimas también.

Para empezar, los fondos propios

La financiación con fondos propios es una alternativa que debemos tener en cuenta en todo caso, bien para financiar la totalidad o bien para financiar parte del proyecto. La financiación con fondos propios no sólo nos puede ayudar a reducir costes financieros, también nos da una libertad de la que no se goza cuando hablamos de financiación de terceros, que nos obliga a sujetar más la obra (lo que por otro lado, en ocasiones, invalida el ahorro financiero).

Es muy frecuente que, incluso teniendo los fondos necesarios para la obra, se solicite financiación externa. ¿Los motivos? Muy diversos:

  • En ocasiones, puramente financieros, por ser más barata la financiación que lo que podemos obtener por nuestro dinero en el mercado. Esto puede ocurrir en algún caso de prestamos subvencionados, de lineas de crédito público, etc.
  • Nos permite guardarnos un as en la manga, por si los presupuestos se disparan.
  • Por motivos fiscales, para aplicarnos deducciones. Si bien las vinculadas a supuestos concretos de reformas para vivienda habitual han desparecido, aún queda la posibilidad de deducirse los intereses de prestamos para reformar inmuebles en alquiler.

Subvenciones, sí, pero con cuidado

Otra opción que debemos explorar, haciendo una labor de campo en nuestro ayuntamiento, comunidad autónoma, etc., es de las subvenciones. La visita a la web de la consejería de vuestra comunidad o del Ministerio de Fomento es obligatoria. Varían enormemente en función del lugar y del momento, por lo que quizás también a través de un buscador de boletines oficiales o de la consulta a algún profesional de ramo (tipo administrador de fincas), podéis tener una visión más global.

Respecto a las subvenciones, conviene leerlas detalladamente. Hay ser consciente de las siguientes particularidades:

  • Es muy frecuente que las subvenciones se aprueben y abonen desde pues de que se ejecute la obra. Por tanto, deberemos contar con algún tipo de financiación puente, asumiendo que debe ser lo suficientemente flexible para encajar retrasos en el pago de la subvención.
  • La subvención no suele alcanzar nunca el 100%. Mucho cuidado con hinchar los presupuestos o las facturas para justificar una aportación de fondos propios inexistentes, pues lo más normal es que pidan copia de los medios de pago (transferencias, cheques…) con posterioridad.

Nos podemos encontrar con subvenciones para rehabilitación de edificios en determinados cascos viejos de las grandes ciudades, para edificios protegidos en pequeños pueblos, para la incorporación de mejoras energéticas, etc…es muy variado.

Financiación ajena

Para empezar existe la financiación del propio contratista. De hecho, se suele negociar con el mismo un calendario de pagos, en función de unas fechas o avances en la obra. Se trata esta de una opción que debemos aprovechar a fondo.

Es posible que dicha financiación se instrumente sobre letras de cambio aceptadas por ambas partes. Es importante que tengamos claro que dichas letras pueden ser descontadas por el banco del constructor. Esto significa que si decidimos no pagarlas por disconformidades con la obra, el banco que las ha descontado nos las podrá reclamar.

En ocasiones, podemos conseguir unas óptimas condiciones financieras de financiación por parte del contratista en importe, plazos y costes si reforzamos nuestras garantías con un aval bancario. Deberemos hacer números del coste del aval bancario versus el préstamo bancario.

Es posible que el contratista no nos financie pero sí que nos consiga financiación, actuando como prescriptor. Pueden hacerlo bien con un Establecimiento Financiero de Crédito, tramitando el propio constructor toda la operación, bien presentándonos a algún banco con el que suele trabajar. En el primer caso, recordemos que tenemos a nuestro favor la normativa que regula la financiación al consumo en todo lo relativo a los denominados préstamos vinculados.

Antes de acudir a los préstamos bancarios, es posible que usemos la opción de la tarjeta de crédito. Cuidado con los aplazamientos, que tienen costes elevados, si bien determinados establecimientos con tarjeta propia pueden darnos una financiación gratuita a plazos cortos (3 o 6 meses, por ejemplo).

Y por fin, llegamos a los préstamos. Aquí, de común acuerdo con el banco, nos decantaremos por financiación personal o hipotecaria, en función de los plazos, importes o garantías que nos exijan. Los importes pequeños se suelen solventar con la primera de las opciones. Las cuantías elevadas requieren de garantía inmobiliaria.

Y si hablamos de cuantías muy elevadas por reformas sustanciales, es posible que no baste con la hipoteca de nuestra vivienda en su estado actual, es decir, habrá que tasar y por tanto hipotecar, esa vivienda “futura”. Para eso necesitaremos el proyecto del arquitecto que deberemos tasar, y se nos concederá una hipoteca de autoconstrucción en la que iremos disponiendo por certificaciones.

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