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Educación financiera 05 jun 2020

¿Cómo ha cambiado el consumo entre los jóvenes por la crisis del coronavirus?

Mónica Coca (Colaborador externo)

Los jóvenes, al igual que el resto de segmentos, están cambiando sus hábitos de consumo durante la pandemia global. En un contexto de incertidumbre a todos los niveles, la digitalización, el retraso en las decisiones de compra y la planificación a corto plazo marcan el consumo y la gestión financiera de la Generación Z y los ‘millennials’.

Un estudio de Global Web Index indica que, en Estados Unidos y Reino Unido, el 90% de los jóvenes pertenecientes a la llamada Generación Z o ‘Gen Z’ (nacidos entre 1997 y 2012) han hecho cambios en su rutina, un porcentaje que cae hasta el 75% de los conocidos como ‘baby boomers’ (nacidos entre 1946 y 1964). Estas modificaciones en las rutinas y hábitos entre los jóvenes han influido directamente en sus hábitos de consumo lo que, a su vez, ha impactado en su salud financiera.

Hoy no, pero quizá mañana

Viajes, conciertos, vacaciones, eventos… el consumo de experiencias de ocio y turismo se ha visto afectado de una forma importante por el coronavirus debido al retraso en la toma de decisiones de compra, en todos los sectores de la población. En el caso de los viajes, según una encuesta internacional de Global Web Index, el 22% de los consumidores encuestados ha retrasado sus desplazamientos al extranjero hasta que la crisis termine y el 35%, no viajará a nivel nacional mientras dure la pandemia. En este contexto, la generación Z es la que se muestra más proclive a retrasar sus decisiones finales de consumo. “Parece que la edad es un factor importante”, explica el artículo. “Esto puede atribuirse, en parte, a los menores niveles de ingresos de esta generación y al contexto general de incertidumbre”.

En un entorno en el que predomina la falta de certezas sobre lo que va a ocurrir en el futuro, atrasar la compra de aquellos bienes o servicios que no sean de primera necesidad puede ser una decisión acertada, especialmente cuando no se cuenta con un presupuesto holgado. El consumidor inteligente se caracteriza por darse un tiempo de reflexión antes de realizar una compra, analiza los pros y contras de la misma y compara precios y características antes de decidirse.

Digitalización 

Si hay una tendencia que no solo se mantiene, sino que aumenta, es la digitalización a la hora de consumir. El 12° Estudio Global del Consumidor 2020 de Zebra Technologies Corporation, aseguraba, antes de la pandemia, que el 76% de los compradores ‘millennials’, una generación que se caracteriza por su facilidad para adoptar nuevas tecnologías, fueron a un comercio solo para ver los productos y, posteriormente, comprarlos ‘online’. Esta tendencia conocida como ‘showrooming’ se asentaba como forma de ahorro al aprovechar las promociones y descuentos de las plataformas ‘online’, con la ventaja de conocer el producto de primera mano para tomar una mejor decisión.

Utilizar internet para maximizar el ahorro a la hora de consumir sigue siendo una tendencia al alza. La consultora internacional Euromonitor, que recientemente ha actualizado sus Consumer Trends 2020 a raíz de la irrupción del coronavirus, asegura que, a medio plazo, las personas van a seguir prefiriendo optar por opciones de ‘delivery’ para no exponerse al exterior, lo que provocará un aumento en el uso de la tecnología para consumir. Esta tendencia puede ser un incentivo para el ahorro al facilitar la comparación de precios y condiciones y así aprovechar las oportunidades que ofrecen los comercios ‘online’.

Finanzas personales

La irrupción de la COVID-19 ha impactado sustancialmente en las finanzas de los jóvenes, que han visto cómo la crisis cerraba comercios y negocios temporalmente, afectando a muchos de ellos en el aspecto laboral. Sin embargo, la encuesta de Global Web Index revela que tan solo el 12% de los ‘Gen Z’, están preocupados por el estado de sus finanzas personales. Este porcentaje sube algo más en el caso de los ‘millennials’ hasta el 25%. La explicación puede deberse, según el estudio, a la urgencia de la situación actual. “Los consumidores, en todos los niveles de ingresos, no han comenzado a considerar el impacto a largo plazo en sus finanzas familiares, y aún están centrados en los efectos más inmediatos”, argumenta el informe.

Cuando se trata de administrar el dinero, siempre es preferible optar por la planificación financiera. Realizar un presupuesto periódicamente donde queden reflejados los ingresos y gastos ayuda a controlar el estado de las finanzas y realizar ajustes cuando sea necesario, tanto a corto como medio y largo plazo. Una buena planificación permite establecer metas de ahorro e implementar un plan para conseguirlas, lo que siempre es motivador. Además, conviene incluir siempre una partida reservada al fondo de emergencias. En este caso, lo ideal es que el 10% de los ingresos se destine a este fin. De esta forma, se podrá hacer frente a los imprevistos que vayan surgiendo, en todos los horizontes temporales.

“Una adecuada educación financiera tendría un notable impacto sobre los más jóvenes”, explicaba recientemente José Manuel González-Páramo, presidente del Consejo Asesor del Centro para la Educación y Capacidades Financieras de BBVA. “Un conjunto más amplio de capacidades y conductas financieras en clase, con la ayuda de aplicaciones móviles y mediante el uso inteligente de la gamificación, podría influir de manera decisiva en su resiliencia financiera futura, y con ella, la de toda la sociedad”, concluía.

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