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Innovación 24 jul 2018

La comodidad llega a la realidad virtual con Oculus Go

Los nuevos dispositivos de realidad virtual reducen por fin algunas de las barreras de entrada que frenaban el avance de esta tecnología: un diseño más cómo y un precio más bajo para un público más amplio.

Ante los ojos, el inmenso castillo de Disney. Con el propio Walt Disney y su personaje más famoso, Mickey Mouse, recibiendo al espectador con una sonrisa y un gesto de bienvenida esculpidos en bronce. Eso es el norte. Al este, la fanfarria más conocida de la historia del cine, el tema creado por John Williams para el clásico de 1977 ‘La guerra de las galaxias’. El cielo se llena de gigantescos destructores estelares, las armas del Imperio galáctico. Y al oeste… Al oeste hay superhéroes, los de las películas Marvel con el gigantesco rascacielos neoyorquino, emblema de su saga más célebre: ‘Los vengadores’.

Pero lo verdaderamente importante es que todo este universo de fantasía tiene exactamente el mismo tamaño y presencia que si existiera en el mundo real. Porque se ve a través del visor de un caso de realidad virtual. Se ve a través de las lentes de Oculus Go.

Ya no es necesario estar en casa para viajar a otros mundos. Para esta prueba de Oculus Go, uno de los viajes elegidos, a través de la aplicación Melody VR, fue a un concierto de la banda de rock KISS. 18.000 aficionados rugiendo bajo el resplandor de los focos y los láseres. Pero en la realidad, el test estaba teniendo lugar en un tranquilo parque madrileño, sobre una toalla de picnic extendida sobre la hierba.

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Las Oculus Go cuestan unos 219 euros en su versión de 32 gigas y 269 en la de 64.

Es tal vez la mayor demostración de poder de la realidad virtual. Cuando se ofrece la posibilidad de viajar desde un lugar del mundo real a otro completamente distinto. Los visores de realidad virtual son, ciertamente, máquinas del tiempo y del espacio. Son algo más, incluso, pues permiten viajar también a cualquier universo inventado.

Oculus Go hace ese viaje mucho más accesible. El mayor problema que tiene la realidad virtual actual es precisamente la accesibilidad. Los visores tope de gama, Oculus y HTC, exigen el contar con un ordenador y un espacio libre en la casa para montar el área en la que podemos movernos sin chocar con los objetos de nuestro alrededor. Lo mismo pasa con el caso más vendido entre los domésticos, el PlayStation VR, que también exige enchufar el ingenio a la consola PlayStation 4. Pero Oculus Go nos libera de los cables y esa es la primera gran sensación que lo separa de otros cascos similares. La libertad de movimientos.

Otro asunto crucial es el precio. Una experiencia de realidad virtual tope de gama son miles de euros, los casi 900 que cuestan unas HTC Vive Pro más los 2.000 euros que puede costar el ordenador necesario para reproducir estas experiencias audiovisuales con soltura. Pero Oculus Go elimina esas barreras. Apenas 219 euros en su versión de 32 gigas y 269 en la de 64.

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Oculus Go es un visor de realidad virtual sin cables.

Y no hay que comprar absolutamente nada más, pues viene con un cómodo mando incluido pensado, además, para los que no suelen jugar a videojuegos. Este mando es uno de los aciertos de diseño. Se maneja con una sola mano y está pensado para la exploración de mundos en primera persona. Tiene un círculo táctil, un gatillo para realizar acciones y dos botones para navegar por los menús. Además, apenas pesa nada y se siente natural en la mano, facilitando uno de los problemas que suele tener la realidad virtual para los no expertos de videojuegos: el obligar a manejar un mando complejo cuando no podemos vernos las manos.

La realidad virtual es un nuevo medio al que le está costando convencer al usuario más convencional de darle una oportunidad. Oculus Go es un paso en la dirección correcta por parte de Facebook, porque reduce las barreras de entrada y adapta su diseño a un público más amplio. Sigue siendo algo molesto, eso sí, tener un casco voluminoso que nos aísla del exterior.

Y hay que reconocer que la calidad de imagen no llega a los niveles de los cascos más caros. Pero supone por primera vez gozar de la realidad virtual de una manera mucho más cómoda sin perder por ello aquellas experiencias de mayor espectacularidad. Es, en definitiva, una demostración de que la realidad virtual puede ser mucho más cómoda. Aunque quede camino por recorrer.

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