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Con el viento a favor: la energía eólica

La energía eólica se ha labrado una sólida reputación, no sólo como fuente de energía respetuosa con el medio ambiente, sino como alternativa viable de generación eléctrica a gran escala, respetuosa con nuestros bolsillos. Su estatus actual contrasta enormemente con el escepticismo con el que fueron recibidos los primeros parques eólicos instalados en los 80, como respuesta a una creciente preocupación por el desarrollo de tecnologías respetuosas con el medioambiente y por la reducción de las emisiones.

En la actualidad, tras años de evolución a la baja del coste de generación, la energía eólica comienza a ser una alternativa capaz de competir con las fuentes más tradicionales de generación, aun teniendo en cuenta factores como los incentivos gubernamentales y los precios históricamente bajos del gas natural y el carbón.

Este abaratamiento responde en gran medida a la bajada de precios de los aerogeneradores, uno de los componentes más importantes en un sistema de generación eólico. De hecho, los precios de las turbinas han bajado un 30% desde su máximo de 2008-2009. Las turbinas son cada vez más grandes, mejores y más baratas, y esto no hace sino mejorar las perspectivas de viabilidad del sector eólico.

Un sector en auge por la caída de precios

A pesar de que la capacidad total instalada de producción eólica sigue estando bastante por detrás de la del carbón y gas natural, el sector vive un momento de pujanza gracias a la caída de precios. Sólo en 2015, en los EEUU se instalaron 8,6 GW de producción eólica, más que en 2013 y 2014 juntos. Tomando datos de 2014 y 2015 en su conjunto, el sector que más incrementó su potencia instalada fue el eólico. Gracias a ello, en 2015 la generación eólica generó un 4,7% del total del suministro eléctrico en los EEUU 2015 (74,5 GW), frente al 0,2% en 2001.

A pesar de este rápido crecimiento, el sector todavía se enfrenta a grandes desafiaos. Uno de los pasos vitales para la consolidación de las tecnologías de generación renovable, incluida la eólica, dentro el mix energético del país, es el Plan de Energía Limpia (‘Clean Power Plan’, o CPP). Sin embargo, tras haber sido recurrido ante los tribunales, el futuro del CPP sigue en el aire, a la espera de que se emita la sentencia, que espera para final de año. Otra fuente de incertidumbre es el desarrollo de la infraestructura de almacenamiento dado que las tecnologías de generación de electricidad no acumulable –centrales que no pueden encenderse ni apagarse– o que no pueden ajustar su producción en función de la demanda –como la eólica y la solar–, necesitan almacenar sus excedentes de generación para evitar perder dinero. Pero desarrollar la tecnología necesaria será necesario invertir enormes cantidades de dinero en I+D.

Nuevas generaciones más ‘verdes’

A pesar de estos grandes desafíos, a largo plazo, el éxito tanto de la energía eólica como el resto de renovables dependerá no sólo de su capacidad para erigirse como alternativas competitivas, sino también de su capacidad para adaptarse a las preferencias de los consumidores. En los EE UU, las nuevas generaciones están impulsando la transformación hacia una economía más verde y las empresas están respondiendo utilizando energías renovables para ofrecer bienes y servicios, reduciendo su huellas de carbono. Igualmente, la presión sobre los fondos soberanos, de pensiones y universitarios sigue aumentando de cara a abandonar los combustibles fósiles.

En última instancia, a escala global, el futuro de la energía eólica, de las renovables, dependerá del desarrollo económico, de la sensibilidad medioambiental y del crecimiento vegetativo, principalmente en los mercados emergentes. Hoy por hoy, alrededor de 1.100 millones de personas carecen de acceso a electricidad (casi todas en el África Subsahariana). Según las proyecciones, en 2050, la población mundial alcanzará los 9.000 millones de personas, mientras que el crecimiento económico sostenido en las economías emergentes promete sacar a cientos de millones de personas de la pobreza, incorporándolas a las clases medias, lo cual a su vez se traducirá en un incremento de la demanda de transporte, vivienda y otros bienes. En este contexto, las necesidades energéticas del planeta alcanzarán una escala descomunal, y sólo podrán ser atendidas desde una estrategia capaz de integrar todos los recursos. El potencial de la energía eólica y las renovables en este nuevo entorno es enorme. Lo mismo sucede para los bancos que sean capaces de ofrecer el nivel de financiación necesario para convertir a la energía eólica en una fuente omnipresente, capaz de ayudar a suplir las necesidades energéticas del siglo 21.

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