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Educación financiera 18 may 2018

¿Conviene pedir un préstamo para pagar otro?

La economía española y el sistema financiero han crecido de la mano, al igual que la construcción y el negocio inmobiliario. Esto produjo una especie de burbuja que se ha pinchado y ha dejado un reguero de damnificados e irremediablemente de deudores. Por lo tanto, las familias españolas sumergidas en la angustia de no saber qué ocurrirá con su futuro más próximo han quedado endeudadas, con un inmenso problema, carecen del dinero necesario para cancelar esos compromisos asumidos, y vivir al mismo tiempo.

En este punto, lo primero que se nos ocurre para salir de esta situación apremiante es pedir un préstamo para poder terminar de pagar otro. Esto irremediablemente se transformará en una bola de nieve que crecerá y tirará todas nuestras ilusiones y proyectos a la basura. Si bien parece una locura, muchas familias lo hacen ante una situación de desesperación.

Esta mala administración del dinero tiene como principio del problema un nulo presupuesto mensual de gastos fijos, una impulsiva tendencia al consumo, como también una propensión hacia el endeudamiento constante. Este cóctel explosivo puede llevarnos a la ruina personal y de nuestra familia.

Lo cierto es que gran parte de los españoles tiene contratada una hipoteca o algún préstamo o crédito en una entidad financiera que hasta hace un tiempo, con mayor o menor holgura, abonaba cada mes amortizando ese capital. Con este caos fenomenal llamado crisis financiera internacional, el castillo de naipes ha caído y las deudas afloran por lo poros.

Lo primero que se nos ocurre es pedir otro préstamo. Ese es un error garrafal puesto que no solo nos endeudaremos por el primero, sino que deberemos pagar el capital, los intereses, las comisiones y todos los gastos que esto conlleva, y son muchos. Además debemos comprender que las condiciones son cada vez más estrictas.

Por un lado la banca tiene cerrado el grifo prestamista y ostenta una tasa de morosidad sin precedentes, por lo que las entidades financieras eligen con lupa a quienes les prestará dinero y es casi nula la posibilidad que le preste a alguien que no puede hacer frente a deudas anteriores.

Otro punto que debemos tener en cuenta es que si solicitamos un crédito con garantía personal, el titular y los fiadores responderán personalmente con sus bienes por lo que estamos hipotecando no sólo nuestro presente, sino el futuro de nuestra familia.

Entonces, ¿que opciones nos quedan?

  • Muchos optan por refinanciar la deuda. Esto hace que paguemos cuotas menores en monto pero al alargarse el periodo para cancelar el préstamo, éste se encarece. Terminaremos pagando muchísimo dinero, tal vez por un crédito menor.
  • Otros reunifican deudas si, por ejemplo, tienen una hipoteca y un préstamo al consumo o para un coche. Es un caso similar al anterior, ya que nos endeudaremos por mucho tiempo.
  • Una modalidad que ha tomado cierto impulso por el escaso acceso al crédito son los préstamos entre familiares o amigos. Lo cierto es que la informalidad de esta opción puede traer otro tipo de inconvenientes.
  • La diversidad de opciones que ofrece el sistema le ha permitido a muchos pedir otro préstamo en una entidad diferente a la que le otorgó el primero. Estamos en la misma situación, o peor, porque debemos dinero en ambos lugares.

Si bien existe una variedad de respuestas, la más lógica pasa por intentar poner paños fríos a nuestra cabeza y sacar cuentas claras. En primer lugar, calcular de cuánto es la deuda que nos falta cancelar. Luego, a través de un presupuesto minucioso, descifrar cuáles son nuestros ingresos ciertos y cuáles son los gastos fijos para saber con qué diferencia contamos para pagar esta deuda. Además es fundamental disminuir el nivel de gastos innecesarios o prescindibles y destinarlos a cancelar este compromiso. Ya que cuanto antes nos quitemos este problema, mejor viviremos.

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