Cerrar panel

Cerrar panel

Cerrar panel

Cerrar panel

Inclusión 08 mar 2018

Cuando ser mujer es una ventaja para emprender

Astrid, Adelaida y Arancha son tres mujeres muy distintas. Viven a miles de kilómetros. En países diferentes, en continentes distintos. Su trabajo tampoco tiene mucho en común: una granja en Colombia, una tienda en Panamá y desarrollo de aplicaciones móviles en España. Sin embargo, hay algo que une a estas mujeres: todas, en un momento de sus vidas, decidieron montar su propio negocio para mantener a sus familias o hacer realidad una idea. Las tres piensan además que, en su caso, el hecho de ser mujeres ha tenido más ventajas que inconvenientes. Las hemos reunido para que nos cuenten su historia.

Adelaida Morán vive en Capira, una aldea de Panamá. Allí tiene una pequeña tienda, que puso en marcha para alimentar a sus cinco hijos y darles estudios. “Yo pensé en la tienda por mi familia y por mi pueblo —explica. Desde Capira se tardan tres horas a Chorrera, el pueblo más cercano donde se pueden hacer compras. La gente sale de su casa a las seis de la mañana y no está de vuelta hasta el mediodía”.

Tanto Adelaida como Astrid Orjuela son clientas de la Fundación Microfinanzas BBVA, una entidad sin ánimo de lucro que tiene como objetivo promover el desarrollo económico y social de personas vulnerables apoyando sus actividades productivas. La Fundación Microfinanzas cuenta con más de un millón de clientas en América Latina.

En el caso de Astrid, la decisión de montar su propio negocio llegó casi como una casualidad. Vivía en Bogotá, donde trabajaba como contable, hasta que un día la ciudad la ahogó y decidió irse a vivir al campo.

De contable a criadora de cabras

“Compramos una cabrita como mascota, como un perro, pero lloraba mucho, así que decidimos traerle una amiguita”, recuerda Astrid. Estos dos animalitos fueron el origen del que hoy es uno de los criaderos de cabras más reputados de su país. “Nunca llegué a pensar que sería la mejor criadora de Colombia, que podría sacar la mejor leche de cabra del país, tener el único aprisco libre de toda enfermedad y llegar a exportar mis animales”.

Astrid Orjuela, clienta de Fundación Microfinanzas BBVA en Colombia. Fotografía de Manuel Vázquez

Astrid Orjuela, clienta de Fundación Microfinanzas BBVA, en el establo de su aprisco, junto a su marido y un empleado.

A pesar de que las separa un océano, el caso de Arancha Martínez no es muy distinto al de Astrid. También trabajaba con números. Era empleada de un banco de inversión en Irlanda y, en su caso, fue un viaje a la India lo que le cambió la vida.

India me enamoró y me di cuenta de que podía aportar mucho más allí que en Europa”. Arancha Martínez

“Me marché a India para disfrutar de una experiencia temporal personal, vinculada con el voluntariado. En principio, mi objetivo era volver al banco, pero me di cuenta de que allí podía aplicar lo que había aprendido en mi etapa universitaria y mi experiencia profesional en ‘marketing’ estratégico para generar un impacto social”. El país la enamoró —rememora Arancha— “y me di cuenta de que podía aportar allí mucho más que en Europa”.

En ese primer viaje a la India se encontró con organizaciones con un potencial de impacto social enorme, con mucho talento y personas muy apasionadas. “Pero no logran todo el impacto que podrían tener por la falta de procedimientos adecuados o de tecnología. Decidí quedarme y montar una ONG, que se ha convertido en una empresa”.

Itwillbe, la compañía que dirige Arancha, es uno de los 199 proyectos que ha impulsado desde 2011 BBVA Momentum, una iniciativa del banco para apoyar a empresas que tienen un impacto positivo en la vida de la gente. Funciona como “un laboratorio para poder implementar tecnología que pensamos que puede aumentar la eficiencia de los proyectos sociales y, una vez que funciona, se la ofrecemos a ONG con las que colaboramos”, explica la directora de Itwillbe.

Imagen de Arancha Martínez, de Itwillbe, empresa apoyada por BBVA Momentum

Arancha Martínez, directora de Itwillbe, junto a unos niños en la India.

Los negocios de estas tres emprendedoras ya están en marcha y son un éxito. Pero los primeros pasos no fueron fáciles para ninguna de ellas.

Una motosierra como garantía

“La dificultad que yo tenía era que pedía créditos y no me los daban porque no tenía tierras para hipotecar”, cuenta Adelaida. La solución a este problema le llegó un día oyendo la radio. “Escuché que existía Microserfin (entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA en Panamá). Me acerqué allí y pedí ayuda. Fueron a mi casa y tomaron una foto de la motosierra y de un generador eléctrico y esa fue toda la garantía que necesité. En tres días me aprobaron un crédito”. Con los 200 dólares de aquel préstamo, Adelaida montó su primer quiosco para vender limones.

Astrid tenía sus propias tierras, la finca donde hoy está el aprisco. Pero le “daba pánico hipotecarlas y perderlas”. Recurrió también a la Fundación Microfinanzas, que le concedió hace ya nueve años su primer crédito. “He tenido seis o siete créditos. Nunca he tenido problemas. Ningún inconveniente”.

Yo contadora pública, citadina, sin saber ordeñar, sin saber nada de animales y en un abrir y cerrar de ojos tenía 20 cabras en el aprisco”. Astrid Orjuela

No le resultó tan fácil convertirse en criadora de ganado, recuerda esta colombiana menuda e inquieta. “Yo, contadora pública, citadina, sin saber ordeñar, sin saber nada de animales y en un abrir y cerrar de ojos tenía 20 cabras en el aprisco. Estaba para enloquecerme”. Tras muchas horas sin dormir y muchas lágrimas derramadas, la salvación llegó de la mano de la asociación de ganaderos de Colombia. “Empecé a ir a simposios, a estudiar, me rodeé de veterinarios, y logré perder el miedo y aprender incluso a hacer pequeñas cirugías o a ayudar en las necropsias de mis animales cuando morían”.

En el caso de Arancha, el comienzo fue más sencillo. Una vez que se decidió a viajar a la India, su familia y su entorno la apoyaron para las primeras experiencias de cooperación. “Cuando se complicó muchísimo el tema fue cuando me di cuenta de que lo que hacía falta en el sector era invertir en innovación. La innovación es cara y la tecnología también”.

Sin embargo, su juventud e inexperiencia en el sector tecnológico no frenaron a Arancha. “Nosotros habíamos desarrollado una ‘app’ de reconocimiento biométrico para identificar a colectivos que no tienen ninguna identificación para que ONG y gobiernos puedan hacer una gestión mucho más eficiente de sus necesidades”. Conscientes de que la financiación de su proyecto iba a ser complicada, los integrantes de Itwillbe decidieron empezar por conseguir aliados estratégicos.

“Cuando te alías con empresas tecnológicas como Fujitsu o entidades como BBVA es más fácil encontrar otros aliados y ganar credibilidad”, explica Arancha, que añade que en el terreno de la tecnología, “las dificultades son constantes porque tienes que seguir innovando. Hay que estar siempre al pie del cañón porque en un año el proyecto ya está obsoleto”.

Ventajas de ser mujer

Adelaida está de acuerdo en que crecer no es fácil. “Al principio vendía limones. Y ya después monté la tienda. Pero era muy difícil porque había que subir la carga por un camino de tierra. Y las chivas —así llaman en Panamá a los autobuses rurales— no subían. Tenía que pagar caballos y los peones para ir a buscar la mercancía. Pero eso a mí no me asustó, yo seguí para adelante”. Y el siguiente paso en este camino fue comprar ganado. “Fui y pedí otro crédito en Microserfin y compré animales. Y ahora vendo también huevitos, pollos, y cerdos”.

Adelaida Morán, clienta de Fundación Microfinanzas BBVA en Panamá, dando de comer a sus gallinas.

Los hombres corren hasta un punto. Y allí se quedan. Nosotras no. Nosotras seguimos hasta lograr lo que queremos”. Adelaida Morán

El hecho de ser mujer no ha sido nunca una dificultad para Adelaida. Tampoco para Astrid que, en todo caso, lo considera más bien una ventaja. “Nosotras las mujeres somos más verracas, como decimos en Colombia. Más echadas para adelante. No nos amilanamos por el primer tropezón que tengamos. Nos paramos y seguimos. Y somos más confiables. En nosotras creen más que en los hombres. Y esto no es gratuito. Si a las mujeres nos dieran un tiempito para gobernar, este mundo sería diferente”.

“Los hombres —interviene Adelaida— corren hasta un punto. Y allí se quedan. Nosotras no. Nosotras seguimos hasta lograr lo que queremos”.

Arancha, sin embargo, ha tenido muchas dificultades para ganarse la confianza de las organizaciones locales por el hecho de ser mujer. “India es un país muy machista… Además, yo llegué allí con 24 años, así que era mujer y muy joven, lo que hacía especialmente difícil tratar con los directivos de estas organizaciones que me veían bastante por debajo de ellos en el sistema social”. Durante los primeros años —recuerda— “en algunas negociaciones tuvo que intervenir mi marido”.

Paradójicamente, el hecho de trabajar en el ámbito de la tecnología, un sector en el que los hombres son mayoría, ha supuesto una ventaja para la directora de Itwillbe. “Se discrimina positivamente a las mujeres y creo que tenemos que ser inteligentes y aprovecharlo”.

Arancha, madre de tres hijos que nacieron cuando estaba lanzando su empresa, considera que conciliar siempre es más duro para las mujeres. “Yo he tenido la suerte, al ser emprendedora, de tener flexibilidad y poder conciliar. Eso sí, a base de dormir muy poco porque por mucho que se impliquen los hombres, y en mi caso no tengo queja ninguna, hay cosas como el parto— que tenemos que hacer nosotras“.

Proyectos de futuro

Además de la inicial de sus nombres —“todas comenzamos por la A”, comenta Astrid— estas tres mujeres tienen en común una enorme capacidad para emprender nuevos proyectos, para no dejar nunca de soñar.

Astrid lo afirma sin rodeos: “Después de haber logrado ser la mejor productora de leche de cabra en Colombia, quiero ser la mejor productora de semen caprino del país para no tener que importar animales ni semen de otros sitios. Yo tuve que traer animales de Estados Unidos y semen de Francia para criar mis cabras y fue muy costoso y muy complicado por todos los trámites que hay que hacer”.

Más ambicioso si cabe es el objetivo de Arancha, que acaba de regresar del Mobile World Congress. “Por cada ‘stand’ que pasaba se me ocurrían millones de ideas para aplicar esas tecnologías —desde blockchain hasta traductores de idiomas— al sector de la cooperación… Mi sueño es seguir consiguiendo entidades e inversores que crean en la innovación social, que me doten de recursos y me acompañen en el camino para que todas estas ideas que estoy convencida de que pueden revolucionar el sector se puedan llevar a cabo”.

Adelaida sigue preocupada por las dificultades de comunicación que sufre su comunidad y está decidida a seguir dando pasos para paliarlas. Su próximo proyecto no necesita grandes inversores ni el apoyo de la ciencia. Ella solo quiere comprar un coche. “Pero no solo para mí, para llevar la carga, que eso ya sería una ayuda bien buena. Sino también para ayudar al pueblo a sacar a los enfermos cuando hay que llevarlos al hospital de Chorrera. No será una ambulancia ni nada, pero podré llevar a esas personas que lo necesitan”.

Otras historias interesantes