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Banca Responsable 16 abr 2018

Educación financiera en la empresa: enseñar motivando

En el mundo de la empresa, existen líderes que actúan como mentores de educación financiera de sus empleados a través de ‘teachable moments’ en los que intentan mejorar sus conocimientos en este campo. La brevedad y el uso del discurso motivador suelen ser las armas que utilizan.

Hay empresas que, de una forma habitual en su rutina, organizan actividades o sesiones para ayudar a los empleados a adquirir habilidades financieras, de una forma breve y enfocada a motivar a la persona a que adquiera los conocimientos y los aplique. Este tipo de prácticas son más habituales de lo que se podría pensar en un primer momento. Por ejemplo, una encuesta de la compañía internacional Aon Hewitt, entre las empresas que patrocinaban sus planes de jubilación, reveló que el 77% de las participantes ofrecían seminarios presenciales o reuniones sobre temas relacionados con las finanzas personales a sus empleados.

A primera vista, podría parecer una buena forma de acercar la educación financiera al día a día de los empleados que, de otra forma, no tendrían acceso o tiempo suficientes para adquirir estos conocimientos. Sin embargo, el informe publicado por el TIAA Institute Financial Education, Financial Competence, and Consumer Welfare, en el que han participado Annamaria Lusardi, directora académica del Global Financial Literacy Excellence Center (GFLEC) y miembro del Consejo Asesor del Centro para la Educación y Capacidades Financieras de BBVA, junto a investigadores de la Universidad de Toronto y de Stanford (EEUU), ha analizado si estas técnicas motivacionales funcionan y sus resultados arrojan muchas luces, pero también algunas sombras.

Distracciones y falta de personalización

El objetivo de este tipo de técnicas es impulsar la educación financiera en la empresa, mediante intervenciones breves. El poco tiempo que se dedica a estas actividades, que puede consistir en una sesión didáctica con un experto, se compensa ofreciendo un material que resulte atractivo y fácil de entender, acompañado de un discurso motivador, para que el empleado no tenga ningún problema a la hora de recordar los conceptos y se sienta animado a llevarlos a cabo.

En este punto, es donde los investigadores avisan: la retórica motivacional puede tener un efecto involuntario ya que los empleados pueden distraerse de lo esencial, aunque gracias al discurso motivador se vean animados a aplicar los conocimientos que se les enseñan. Otro de los riesgos de este tipo de sesiones y actividades es que pueden promover una respuesta indiscriminada y única en la que se incluye a todo el mundo, sin tener en cuenta las situaciones personales.

Este punto es importante porque puede afectar a los clientes de las empresas. Los ‘millennials’, tal y como explicó la responsable de ‘Millennials Project’ de BBVA, María José Jordá, en el EFMA Mobile Banking and Digital Wallet Summit de Barcelona, buscan compañías que les enseñen, como clientes, a aprender por sí mismos y tomar sus propias decisiones. Esta demanda solo puede satisfacerse con empleados motivados y con la formación correcta, también en educación financiera.

Para probar sus propios métodos y comprobar su eficacia, los investigadores del TIAA Institute decidieron centrar sus investigaciones en dos intervenciones educativas que afrontan dos temas críticos en el mundo de las finanzas personales: el interés compuesto y la distribución de la cartera de inversión. El equipo observó que las lecciones (en las que veían un vídeo explicativo, rellenaban una encuesta, etc.) parecían ser efectivas y daba la impresión de que las personas conseguían aumentar sus conocimientos e incluso, cambiar su comportamiento financiero.

Sin embargo, al profundizar y aplicar sus propios métodos de medición, los investigadores se encontraron con que ninguna intervención había mejorado la calidad media de la toma de decisiones financieras. En los dos casos, algunas personas se habían visto beneficiadas por las enseñanzas que les habían dado, pero otras, no.

Ante estos resultados, el reto está sobre la mesa. ¿Cómo conseguir fomentar la educación financiera en la empresa de una forma efectiva? Según el estudio del TIAA Institute, hay estrategias para conseguirlo. Estos son algunos de los consejos que proponen:

1. Poner en marcha métodos pedagógicos donde tengan prioridad las actividades prácticas para que las personas apliquen la teoría a sus decisiones diarias.

2. Dar ‘feedback’ en todo momento para que las personas vayan mejorando según se van ejercitando.

3. Simplificar los problemas planteados y desarrollar mejores herramientas para visualizar los contenidos.

4. Huir de los planteamientos generales que no contemplan la situación personal de cada uno, cuanto más personalizado sea el enfoque, mejor.

De esta forma, la educación financiera en la empresa podrá ayudar realmente al empleado, proponiendo soluciones adaptadas a cada persona que trabaja en ella.

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