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Reconocimiento facial: El negocio de descifrar las expresiones

La empresa valenciana Emotion Research Lab ha desarrollado un sistema que estudia el comportamiento humano a través del análisis facial.

Los ojos son el espejo del alma: nunca mienten. Tal afirmación la aprendimos del refranero, sin embargo, recientemente se ha descubierto que es verdad. Pero no solo las miradas dicen algo. También la gesticulación de las cejas, la boca, las mejillas y la nariz dicen aquello que no se dice con las palabras. Las expresiones faciales revelan un cúmulo de sensaciones del cuerpo, que son plasmadas en seis simples emociones universales: felicidad, sorpresa, enfado, desagrado, miedo y tristeza. Tal es la base de Emotion Research Lab, una empresa valenciana, forjada en 2013, que se ha encargado de desmenuzar los entresijos del rostro humano a través de un ‘software’ que revela cuáles son nuestros sentimientos en la vida real y en tiempo real.

Con la ayuda de la inteligencia artificial, la empresa ha desarrollado un sistema que es una mina de oro para aquellas empresas que buscan respuestas certeras: ¿qué es lo que quieren realmente mis clientes? O para aquellos políticos que se rompen la cabeza descifrando las necesidades de sus votantes. Es allí, en el marketing y en el análisis político, donde Emotion Research Lab ha encontrado un nicho de mercado, según explica María Pocoví, CEO y cofundadora de la compañía, que ha roto fronteras.

La firma nació hace cinco años, después de Pocoví (experta en temas de neuromarketing y neuropolítica) y Alicia Mora (ingeniera industrial y electrónica) se conocieran en un MBA. “En aquella época ya se hablaba de del reconocimiento facial de emociones. Y vimos que desarrollar un sistema de ese tipo tenía mucho sentido en España”, argumenta Pocoví. Así que se pusieron manos a la obra: recaudaron recursos de amigos y familiares, y se centraron 100% en el proyecto. “Fue dedicarle tiempo completo desde un inicio”, argumenta la representante de la compañía. Sin embargo, poco a poco se dieron cuenta que la innovación que habían creado era poco comprendida. “La tecnología no se entendía… no había mercado para ella”, arguye.

Pero en vez de echar todo por la borda, hicieron las maletas y emprendieron el viaje al otro lado del Atlántico. Fue a más de 10.000 kilómetros de la tierra que las vio nacer, donde las fundadoras de Emotion Research Lab encontraron su primer cliente. “Nos fuimos a México a abrir el mercado”, explica Pocoví. Era 2014 y el contexto era espléndido para la compañía: el año previo a las elecciones intermedias del país azteca. La firma se estrenó en el mundo de la política. Su herramienta, que capta las emociones de las personas a través de una ‘webcam’, fue utilizada por agencias de investigación de mercado que necesitaban conocer cuáles eran las reacciones de los votantes hacia ciertos discursos y diversas propuestas.

La aplicación rindió frutos y lentamente se abrió paso entre las grandes compañías. Deloitte, Unilever, Volkswagen, P&G, Embraer, entre otras empresas, han disfrutado de las mieles de Emotion Research Lab. A través de su plataforma ‘online’, la firma ha analizado más de 503.000 rostros y se ha embarcado en más de 1.120 proyectos alrededor del mundo. Pero las emprendedoras quieren ir más allá. Ahora buscan que su sistema sea utilizado en los dispositivos móviles, con la finalidad de que los aparatos puedan ser capaces de entender qué es lo que el usuario necesita.

La nueva aventura en la que se han embarcado Pocoví y Mora surgió después de haber sido seleccionadas por Plug&Play, la aceleradora de ‘startups’ más importante de Silicon Valley, en 2017. “Pasamos seis meses allí y entramos en contacto con clientes importantes como Fujitsu o Philips, Midea o Intel”, destaca la CEO de la firma. Hoy la mira está puesta en el mercado estadounidense y en el chino, pero sobre todo su objetivo es hacer que la máquina entienda al hombre.

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