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Ahorro 26 jun 2019

¿Se puede ahorrar amortizando un préstamo de forma anticipada?

Recibir una herencia inesperada, lograr un bono económico en el trabajo, ganar un premio en la lotería… de vez en cuando, es probable que recibamos un ingreso más o menos inesperado pero lo suficientemente elevado como para plantearnos poner en marcha esa frase tan popular de ‘tapar agujeros’. Sin embargo, antes de decidirnos a intentar reducir (o acabar) con ese préstamo que lleva tantos años dándonos dolor de cabeza, conviene analizar si estamos tomando la decisión financiera más inteligente.

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Y es que frente a la opción de amortizar total o parcialmente un préstamo, también cabe la posibilidad de ahorrar ese dinero o, incluso, invertirlo, de modo que en el medio o largo plazo podamos incluso obtener una rentabilidad mayor con la que no sólo podamos terminar con nuestras deudas sino darnos algún capricho. Pero vayamos mejor paso a paso.

En qué consiste una amortización parcial

Supone satisfacer parte del capital que se debe, lo que nos permitirá después elegir si con esa reducción queremos acortar los plazos de pago o reducir las cuotas periódicas que abonamos. Cualquiera de las dos opciones es buena a priori: con la primera, abarataremos el préstamo; con la segunda, tendremos un mayor ahorro mensual para gastos. En cualquier caso, es recomendable que antes de tomar una decisión en este sentido, tengamos presente estos tres parámetros:

  • Las comisiones por amortización anticipada
  • La cantidad pendiente que queda por devolver
  • El momento en el que se realice la amortización

Qué es una amortización total

Consiste en la cancelación anticipada del préstamo, lo que nos dará la posibilidad de quitarnos todos los intereses del plazo que nos quedase por pagar. De este modo, sin duda ahorraremos más capital que en el caso de la parcial. Es probable que nuestra entidad financiera tenga prevista alguna comisión por este tipo de amortización, que, según la ley, nunca podrá superar el 1% del capital pendiente, si queda un año de contrato, o el 0,5% si quedan menos de doce meses para el vencimiento del plazo.

Aunque pueda parecer incomprensible, no siempre resulta rentable amortizar un préstamo. En el caso de, por ejemplo, un TAE del 0%, es decir, sin comisiones ni intereses de ningún tipo, no se obtiene ningún beneficio financiero por hacerlo, salvo en el caso de la tranquilidad personal de no tener que responder ante una deuda. Este tipo de préstamos suelen concederse en casos muy determinados por parte de las entidades, en los casos de créditos al consumo o cuando se llevan a cabo entre conocidos o familiares, donde no existe un afán lucrativo aparente.

¿Y qué ocurre si queremos amortizar una hipoteca?

Comprar una vivienda es una de las decisiones financieras más importantes que toma una persona a lo largo de su vida, ya que, probablemente, le atará a su banco durante los próximos años si ha tenido que solicitar una hipoteca. Además, según se opte por una vía u otra es posible ahorrarse mucho dinero en relación a los intereses a pagar, por lo que conviene sopesar muy bien las cosas y dejarse aconsejar por los profesionales antes de hacer nada.

Entre las opciones disponibles, se encuentran:

  • Desgravar una hipoteca en la declaración de la renta en España. Si la hipoteca se hizo antes del 1 de enero de 2013 y es para vivienda habitual, puede desgravarse un 15% de lo que se pague anualmente sobre un máximo de 9.040€. Si se suscribió con posterioridad a esa fecha no es posible desgravar nada.
  • Analizar si se podrá obtener una buena rentabilidad invirtiendo el dinero disponible o si lograremos mayor beneficio amortizando lo que nos queda por pagar para ahorrarnos los intereses que queden pendientes. En la actualidad, con la mayoría de los bancos centrales en estrategias de tipos cercanos a cero, es complicado lograr hacer crecer nuestro dinero en los mercados, pero los asesores profesionales son la mejor ayuda para saber qué camino escoger.
  • Ahorrar el dinero en un colchón de seguridad, como, por ejemplo, en una cuenta corriente para posibles imprevistos que puedan surgirnos en el futuro. En este caso, hay que estudiar las necesidades económicas reales que podemos llegar a tener, ya que tener efectivo parado significa perder poder adquisitivo si crece la inflación.

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