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Internet 16 may 2018

‘Fake news’: cifras y soluciones de un fenómeno global

Los nuevos modelos de comunicación han transformado la manera de transmitir las noticias. Gracias a internet, el acceso a la información nunca había sido tan rápido. Cada minuto se realizan más de 3,5 millones de búsquedas en Google, se producen 900.000 accesos a Facebook y se envían 156 millones de emails. Esta necesidad de estar informados a cada instante ha provocado el auge de las conocidas ‘fake news’.

En el último año, el uso del término ‘fake news’ ha aumentado un 365% llegando a convertirse en la palabra del 2017 para el diccionario Collins. Esta proliferación se debe, entre otros motivos, a su incorporación al discurso político en Estados Unidos y a los constantes problemas que los bulos digitales están provocando a las grandes empresas de internet Google, Facebook y Twitter.

Son varias las investigaciones que advierten de los riesgos de las informaciones falsas. Uno de ellos es el “I Estudio sobre el impacto de las ‘fake news’ en España”, realizado por Simple Lógica en colaboración con el Grupo de Investigación de Psicología del Testimonio de la Universidad Complutense de Madrid. Éste afirma que ocho de cada diez españoles no saben distinguir una noticia real de un bulo. También la consultora Gartner recoge en su informe ‘Predicciones tecnológicas para el 2018’ que en 2022 la mayoría de los países occidentales consumirán más información falsa que noticias reales.

Diana Owen, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Georgetown, conoce bien la confluencia entre medios, política y redes sociales. En el libro ‘La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos’, que se puede descargar de manera gratuita en la web  del proyecto OpenMind de BBVA, la autora destaca que el concepto de noticia falsa ha variado a lo largo del tiempo. “Inicialmente, el término noticia falsa se refería a las parodias y las sátiras de las noticias en programas como ‘Saturday Night Live’”. Sin embargo, durante la campaña electoral estadounidense, alcanzó un nuevo nivel y “se relacionó con historias ficticias que se hacían pasar por verdad”, afirma.


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Para Owen, estas informaciones proliferan de manera vertiginosa gracias a “las creencias preexistentes de la gente sobre los líderes políticos, los partidarios, las organizaciones y los medios de noticias convencionales. Aunque algunas historias de noticias falsas son rotundas invenciones, otras contienen elementos de verdad que hacen que parezcan creíbles para el público.”

Facebook, Twitter y Google, en busca de soluciones

Tan solo en 2017, se recopilaron 122 páginas web que publicaban noticias falsas. “A los autores se les paga (a veces miles de dólares) para escribir o grabar información falsa. Utilizan las interacciones en las redes sociales y los algoritmos para diseminar contenidos a sectores ideológicos concretos”, afirma Owen.

Estas historias inventadas se difunden viralmente mediante ‘bots’, un ‘software’ automatizado que replica los mensajes haciéndose pasar por personas. “Las redes sociales hacen que resulte posible construir y mantener audiencias ideológicamente afines que confiarán en los contenidos publicados. Las noticias falsas proliferan ampliamente en las redes, especialmente Facebook y Twitter”.

Esta situación ha provocado que los tres gigantes tecnológicos, junto al buscador Bing, lancen la iniciativa The Trust Project. Este servicio está pensado para funcionar como un indicador de veracidad que amplía la información contextual sobre las noticias. De este modo, será más fácil saber quién ha publicado un artículo, qué citas y referencias de autores incorpora o cuáles son los estándares éticos en los que se sustenta.

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Diana Owen: “Las noticias falsas proliferan ampliamente en las redes, especialmente Facebook y Twitter”

Sin embargo, existen otras medidas que buscan terminar con los bulos en internet. Facebook fue la pionera en dar a sus usuarios algunas recomendaciones para detectar información falsa. Sus 10 consejos para no caer en las ‘fake news’ son: desconfiar de los titulares de las noticias si contienen signos de exclamación, mayúsculas o informan de hechos inverosímiles; comprobar las URLs para asegurarse de que se trata de una fuente oficial; revisar las fuentes, el formato del texto, las fotografías y las fechas para cerciorarse de que la información es creíble y que el diseño no es extraño o descuidado; examinar las fuentes internas y otros artículos; y, sobre todo, mantener una postura crítica durante la lectura.

Google también está desarrollando un método de etiquetado denominado ‘Fact Check’. Este sistema coteja fragmentos de texto con las publicaciones presentes en su catálogo de búsquedas. Asimismo, ha establecido acuerdos con compañías de verificación de datos como Politifact y Snopes para luchar contra los bulos y mejorado el sistema de filtrado de resultados que realiza su algoritmo.

A su vez, Twitter ha optado por la transparencia y ha anunciado que revelará quién está detrás de la publicidad política que publica. La herramienta se llamará ‘Transparency Center’ y realizará seguimientos sobre quiénes han sido los usuarios que han recibido impactos de alguna campaña. Además, se incluirán informes sobre quién se publicita en esta red social, por cuánto tiempo y cuáles son los contenidos de los anuncios.

En los últimos meses, las noticias falsas se han convertido en un fenómeno global que ya tiene una gran trascendencia sobre los procesos democráticos y sobre acontecimientos relevantes. Para Diana Owen, los nuevos medios han incrementado enormemente el potencial para que la información política llegue a todos los ciudadanos, pero también han facilitado las herramientas para proliferación de ‘fake news’. Sin embargo, con las regulaciones necesarias, la época actual puede marcar un nuevo mínimo para el imperativo democrático de una prensa libre.

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