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Medio ambiente 11 dic 2019

Gafas, madera o vajilla: ¿y esto dónde se recicla?

Más de 37 millones de españoles apuestan por el reciclaje cada día (una media de 15,7 kg destinados al contenedor amarillo y 18,1 kg al de color azul). Sin embargo, a menudo, surgen dudas sobre dónde reciclar cada producto o cosa.

¿Dónde me recogen unas gafas rotas? ¿La vajilla en qué contenedor se recicla? ¿Y una silla de madera? La respuesta a estas y otras preguntas siempre las encontramos en los propios teléfonos de información que los ayuntamientos ponen a disposición de los ciudadanos o en las empresas u organizaciones responsables o promotoras del reciclaje.

¿Conoces la primera tarjeta de plástico reciclado?

El listado puede ser extenso, pero, por ejemplo, las gafas estropeadas -o en desuso- se pueden llevar a una ONG o a una óptica para que las reciclen. La vajilla, por citar otro desecho, no se considera vidrio, sino que hay que llamar al ayuntamiento para su recogida o llevarlo a un punto limpio.

En el caso de cualquier tipo de mobiliario de madera, todo depende. Si se trata de algo de tamaño reducido se puede tirar en el contenedor amarillo; pero si no lo es, también hay que buscar un punto limpio. Asimismo, los espejos tampoco se pueden depositar en el contenedor verde (vidrio), porque contiene plomo. El mencionado punto limpio más cercano a nuestro domicilio es su lugar de reciclaje.

¿Y dónde se tiran los aerosoles o las medicinas? Un aerosol es altamente contaminante y hay que consultar en los ayuntamientos cuál es el punto de recogida o entrega de estos productos. Lo mismo ocurre con juguetes de plástico, biberones, chupetes o cubos de plástico. Su destino siempre debe ser el punto limpio.

En el caso de los medicamentos, las farmacias cuentan con un Punto Sigre para la recogida de medicinas en uso o caducadas. Es importante no tirarlas ni a la basura ni al váter, dado que se puede potenciar lo que se denomina resistencia a los antibióticos de las baterías que estén luego en contacto con ellos.

Otro de los productos contaminantes, como el papel de aluminio, se debe reciclar en el contenedor amarillo. En cambio, los cedés o vinilos, no. Van al punto limpio más cercano. ¿Y qué hago con los chicles? Tirarlos a la basura. Este tipo de golosinas no se pueden reciclar.

El hecho de mantener una alta conciencia de reciclaje permite reducir 1,6 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera o 6,2 millones de MWH energía consumida.

En España, el año pasado se reciclaron 1,4 millones de envases, una cantidad importante, teniendo en cuenta que, por ejemplo, una lata de refresco reciclada aporta un ahorro energético similar a tres horas de un televisor encendido.

La mejor manera de acometer las dudas que surgen a la hora de reciclar es entender por comparación qué va dentro de cada contenedor, relacionándolo con su color. Existen cinco tipo de contenedores: verde, amarillo, azul, marrón y gris.

El contenedor verde es el lugar para tirar las botellas, frascos de perfumes o tarros de alimentos exclusivamente de vidrio. Ojo, vidrio no significa cristal. Ni bombillas, ni ceniceros ni espejos o vajillas, se deben reciclar ahí, sino en puntos limpios.

El contenedor amarillo es para envases, ya sean botellas de plástico o latas. El contenedor azul es para reciclar papel y cartón, exclusivamente. Y, entre uno y otro repositorio pueden surgir dudas, pero fáciles de resolver.

Los ‘briks’ deben ir en el contenedor amarillo, porque se fabrican con cartón, plástico y aluminio. Las servilletas, pese a ser papel no deben ir al azul, sino al marrón. En dicho contenedor de color marrón depositan este tipo de basura orgánica algunas comunidades como País Vasco, Navarra, Cataluña o Madrid.

Aquí van restos de alimentos, desde frutas a espinas de pescado o papel de cocina usado. Todo ello se destinará luego a hacer compost. De nuevo, una advertencia. Ni las toallitas de bebé, ni los pañales o arena de gato debe reciclarse en dicho contenedor.

Asimismo, el contenedor gris, ideado para los restos que no se pueden ni destinar a la composta ni para su posterior reciclaje, iría todo aquello que no le veas cabida en los cuatro contenedores anteriores (amarillo, verde, azul o marrón).

Todo este proceso de reciclaje se enmarca en lo que se denomina economía circular, es decir, aquella que se aparta a una fabricación de materias primas que se elaboran, compran, usan y se tiran. Más bien al contrario. Se trata de aplicar a este proceso las denominadas siete erres: reciclar, rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, renovar y recuperar.

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