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Innovación

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Una reunión corta a primera hora puede ser más productiva que una de dos horas a mediodía y un equipo de trabajo ya no necesita acabar una fase de su proyecto para comenzar la siguiente. Son dos ejemplos de los aprendizajes de los empleados de BBVA desde que incorporaron metodologías ágiles a su día a día, que se han fortalecido aún más en el último año de pandemia.

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Desde que BBVA lanzó en octubre de 2020 la familia de tarjetas Aqua se han emitido en España un total de 736.022 unidades. Las características de estas tarjetas, que no cuentan con número (PAN) ni fecha de caducidad y cuyo código de verificación (CVV) es dinámico, permiten reforzar la seguridad durante el proceso de pago y ofrecen al cliente más control para prevenir posibles usos fraudulentos de sus datos. La singularidad de estos productos hace que su demanda haya crecido en abril en un 25% en comparación al mes de marzo, situándose en la tarjeta más contratada de todas las gamas que ofrece BBVA.

BBVA acaba de reforzar su oferta para empresas multinacionales con BBVA Pivot. Detrás de la renovación de sus servicios globales de tesorería, hay una estrategia para conquistar un espacio que aún tiene un gran potencial de crecimiento. “Queremos doblar el número de clientes empresa que tienen implementado y operan en BBVA Pivot”, asegura Javier Balbín, responsable global de Soluciones para Empresas de BBVA.

BBVA y la ‘startup’ estadounidense Zapata Computing acaban de hacer públicos los resultados de una investigación acerca del uso de algoritmos cuánticos aplicados al método de Montecarlo, que permite conocer la evolución de distintas variables en condiciones aleatorias.  A pesar de su potencial, el uso de esta tecnología para lograr un cálculo más eficiente de los productos derivados y ajustes valorativos todavía necesitará de futuras mejoras del ‘hardware’ disponible para ser eficaz.

Certificar que somos quien decimos ser, se hace  imprescindible en el entorno digital en el que vivimos. Hay numerosas técnicas que nos ayudan a autenticar nuestra identidad en remoto, la mayoría de ellas basadas en datos o en biometría facial o de huella digital. Pero existe un nuevo elemento que está adquiriendo fuerza en el ámbito de la verificación digital de la identidad y que está suponiendo toda una revolución: la voz.