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Inteligencia artificial y 'big data': la responsabilidad de tener 'un superpoder'

Con su gran impacto social, el ‘big data’ y la inteligencia artificial ponen sobre la mesa de instituciones y empresas nuevos desafíos.

¿Quién mueve los hilos de las nuevas tecnologías que están cambiando el mundo? La realidad es que todos los avances en inteligencia artificial, en muchos casos alimentada por el ‘big data’, dependen de instituciones públicas y privadas, y, consecuentemente, de personas con nombres y apellidos que tienen ante sí un reto descomunal, del que es difícil encontrar precedentes en la historia de la humanidad.

¿Qué papel deben jugar las empresas en el desarrollo de la inteligencia artificial? ¿Y los Estados? ¿Entiende la sociedad la revolución que se está poniendo en marcha? ¿Cómo se puede utilizar el ‘big data’ para el bien común? Estas preguntas sobrevolaron una jornada organizada por el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital y la empresa pública Red.es en Alcalá de Henares (Madrid) para debatir sobre el impacto social de la inteligencia artificial.

Manejar una enorme cantidad de datos es como tener un ‘superpoder’: una gran oportunidad, pero también una enorme responsabilidad. Elena Alfaro, responsable global de Data & Open Innovation en BBVA, sintetizó con esta frase muchas de las aportaciones al debate, en el que participaron representantes de instituciones internacionales, como el Gobierno de México y la Comisión Europea (a través de Lucilla Sioli, su directora de Industria Digital), y de empresas cada vez más centradas en los datos, como la propia BBVA, Santander o Telefónica.

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Lucilla Sioli, Directora de Industria Digital en la Comisión Europea, durante su intervención en las jornadas.

Miguel Luengo-Oroz, jefe de datos de UN Global Pulse, el organismo de Naciones Unidas centrado en las aplicaciones para el desarrollo del ‘big data’, fue uno de los panelistas que puso el acento en las oportunidades que esta tecnología abre, especialmente en el terreno de la cooperación y la ayuda humanitaria. Gracias al ‘big data’, explicó, es posible saber cómo van a evolucionar las epidemias (ejemplificó con la expansión del zika en Colombia), o cómo gestionar el flujo de personas que huyen cuando se produce una gran catástrofe, como el terremoto y tsunami que sufrió Japón en 2011.

En esa misma línea profundizó Yolanda Martínez, Coordinadora de la Estrategia Digital Nacional del Gobierno de México, que resaltó que las nuevas tecnologías pueden ser una herramienta muy poderosa en la lucha contra la desigualdad, más acusada en América Latina que en Europa.Buscamos una nueva generación de servicios públicos predictivos, pues la inteligencia artificial nos puede ayudar en muchísimos terrenos: desde detectar operaciones fiscales fraudulentas a organizar mejor los servicios de rescate ante un terremoto o lograr un flujo más eficiente de pasajeros en el metro de Ciudad de México”, afirmó.

“El impacto de la inteligencia artificial va a llegar a toda la sociedad; por eso su desarrollo no debe quedar solo en manos de los tecnólogos”

Ante este nuevo panorama, “pensar en estrategias de Gobierno es un error, la clave es la cocreación”, dijo Martínez, un enfoque en el que coincidieron la mayoría de los ponentes. Se trata de buscar la colaboración público-privada, y las empresas, aseguró Alfaro, también tienen la responsabilidad de explicar y divulgar el poder de los datos.

BBVA ha colaborado con distintas entidades en iniciativas para explorar y aplicar el poder de los datos en cuestiones como la lucha contra el cambio climático o el impacto de catástrofes naturales. En el caso de este último, BBVA Data & Analytics, junto con UN Global Pulse, estudió cómo los datos permiten analizar la capacidad de recuperación económica de una población tras una catástrofe natural. El proyecto estudió el impacto económico del huracán Odile en el estado mexicano de Baja California Sur en 2016.

Para abordar este nuevo abanico de proyectos que combinan la tecnología con otros ámbitos sociales y económicos, se necesitan enfoques profesionales multidisciplinares. No es solo una cuestión de ingeniería, matemáticas e informática.

Lo resaltó Nozha Boujemaa, directora de DATAIA Institute, una institución pública francesa que estudia el impacto social de la inteligencia artificial y el ‘big data’: “Los científicos de datos deberían tener una formación interdisciplinar, que incluya Derecho, Sociología y Economía. Tienen una enorme responsabilidad que asumen sus empresas, y no podrán estar a la altura si no reciben la formación adecuada”. El impacto de la inteligencia artificial va a llegar a toda la sociedad; por eso su desarrollo no debe quedar solo en manos de los tecnólogos.

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