El futurista Jerome Glenn, CEO de Millennium Project, insta a que compañías y gobiernos no se duerman ante los avances de las tecnologías y dibuja tres escenarios para 2050 en los que la inteligencia artificial podrá determinar el curso de la sociedad.

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“Estudiando los datos estos últimos 40 años veo que estamos ganando más de lo que estamos perdiendo. No tenemos derecho a ser pesimistas, pero tampoco podemos dormirnos. Somos libres de inventar nuestro futuro”. Jerome Glenn, CEO de Millennium Project, visitó Madrid para presentar el estudio: ‘Future Work/ Technology 2050’.

Glenn, una de las cabezas del ‘think tank’ Millennium, un laboratorio de ideas que conecta 63 nodos de conocimiento en todo el mundo y que analiza los retos globales que afectan a la humanidad, abordó en su charla en el Espacio Fundación Telefónica los avances de la inteligencia artificial (IA) y lo que va a suponer para el empleo.

Definió tres tipos de inteligencia artificial: la limitada, que se corresponde, por ejemplo, con las utilidades de nuestro móvil o la domótica; la general, que tiene la capacidad de aprender por sí misma y que actualmente no está disponible para el público en general y sí, por ejemplo, en el Departamento de Defensa de EE.UU. o la NASA; y la súper, que es sobre la que nos advierte la ciencia ficción, en la que los robots fijan sus propios objetivos con independencia de lo que piensen los humanos.

En 2030, según Glenn, la denominada inteligencia artificial general va a llegar a la mayoría de la población. Los ordenadores cuánticos van a provocar que todo vaya más rápido y van a ser clave las sinergias entre las distintas tecnologías. “¿Quién hubiese pensado hace años que el futuro del teléfono iba a ser una cámara de vídeo”, preguntó Glenn. El experto destacó que generar riqueza es combinar cosas que ya existen de distintas formas y que actualmente “tenemos un montón de tecnologías que podemos unir”. En el futuro, añadió el CEO de Millennium Project, “vamos a probar muchas cosas gracias a la ciencia computacional y vamos a aprender mucho más rápido”.

Tres escenarios posibles

El futurista dibujó tres escenarios para un 2050 con inteligencia artificial: el primero, complejo, en el que se toman buenas y malas decisiones, con personas haciendo cosas positivas y otras organizándose en bandas criminales; el segundo, en el que los problemas actuales –políticos, económicos, religiosos– y negativos del comportamiento humano se van a acrecentar; y el tercero, en el que si realizamos la transición al mundo de la inteligencia artificial de forma ordenada vamos a ser más libres.

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Para que el tercer escenario sea el que vivamos en un futuro y no los dos anteriores Glenn apremió a las instituciones a que tomen medidas de inmediato para que el desempleo –que puede verse afectado a corto plazo con la llegada de las máquinas– y la desigualdad no ganen la partida. Abogó porque los gobiernos creen una previsión de flujo de caja para hacer frente al nuevo ecosistema que planteará la generalización de las máquinas: “Los robots van a ser nuevos bienes sobre los que podamos gravar impuestos, por lo que la fuente de ingresos de los estados debería incrementarse”. El economista también argumentó que, “aunque el coste de la vida sigue subiendo, todas estas tecnologías en último término darán más valor a un menor coste, y éste se reducirá”.

El analista Jerome Glenn durante su charla en el Espacio Fundación Telefónica.

Espacio Fundación Telefónica

Glenn señaló que si las tecnologías se utilizan para cubrir nuestras necesidades básicas la sociedad irá hacia una economía de ‘self-actualization’ (autorrealización). “Podemos potenciar esta economía en la que las máquinas, más que destruir empleo, nos permitan reinventarnos constantemente”, apunta el experto, o bien mirar hacia otro lado “y que la IA nos desconcierte, provocando más desigualdad y brecha social”.

Un futuro autorrealizado

Si la sociedad opta por lo primero: “Pasaremos de una cultura del empleo a una economía de ‘self-actualization’ (autorrealización). Hoy en día, el valor que nosotros representamos está determinado por el trabajo que tenemos: soy un economista y doy clases en la universidad, soy ingeniero de software y trabajo para un banco…”. En el futuro, según el investigador, “vamos a tener que cambiar la forma de concebir el valor propio”. Y se puso de ejemplo: “Nadie me contrató para crear el proyecto Millennium, simplemente quisimos conectar el mundo, me reinventé y lo hicimos posible”.

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El economista incidió en que es posible mejorar el cerebro humano para ser “genios aumentados”. Y recalcó que la sociedad tiene que despertarse ante el cambio que provoca la inteligencia artificial: “Que el Gobierno español declare mañana que la IA sea un objetivo de la educación”, desafió el experto.

Glenn concluyó: “Los mejores emprendedores te van a decir que siguieron su pasión y que asumieron muchos riesgos persiguiendo ese sueño. Yo creo que podemos reducir riesgos gracias a las nuevas tecnologías. Hay un futuro muy agradable por venir: 9.000 millones de personas siendo quien ellas quieran ser”.  Personas que, según el experto, si son inteligentes podrán trabajar en aquello que les gusta.

Eso sí, advirtió el experto, los gobiernos llegan ya tarde a esta revolución: o recuperan el tiempo perdido o nos arriesgamos a que ese segundo escenario apocalíptico se convierta en realidad.

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