Cerrar panel

Cerrar panel

Cerrar panel

Cerrar panel

Ahorro 03 dic 2015

La diversificación del riesgo o cómo es recomendable no poner los huevos en el mismo cesto

Hace unos meses, el economista José Carlos Díez nos advertía de que “es recomendable no poner tus ahorros siempre en la misma cesta”. Esta frase nos llama la atención sobre una noción financiera clave: la de la diversificación del riesgo.

Cuando invertimos nuestro dinero en cualquier clase de inversión, existe un conjunto de circunstancias, de riesgos diferentes, que pueden hacer que el resultado final que obtengamos no sea el que esperábamos (unas veces será mejor de lo esperado, otras veces será peor).

La diversificación es una herramienta para obtener inversiones con menor riesgo sin tener que sacrificar el rendimiento que podamos obtener. Es, por tanto, fundamental en la gestión del riesgo. Veamos unos ejemplos que nos ayuden a comprender cómo lograr diversificar nuestras inversiones financieras, por ejemplo las bursátiles, o cualquier otro tipo de inversiones.

Un ejemplo de diversificación con dos inversiones independientes

Pongamos un ejemplo imaginario en el que invertimos en una única inversión 100 euros. No sabemos cuál será el resultado final de nuestra inversión, qué rendimiento obtendremos. Pero sí sabemos que se pueden dar dos posibilidades:

1) Si las cosas van bien, obtendremos una rentabilidad del 10%, por lo tanto obtendríamos 100 euros.
2) Si las cosas van mal, obtendremos una rentabilidad del 5%, por lo tanto obtendríamos 105 euros.

Supongamos, por simplificar, que las dos posibilidades tienen la misma probabilidad de ocurrir. Podemos decir que la rentabilidad esperada es del 7,5% por ciento. No nos preocupe el hecho de que nunca obtendremos un 7,5%, sino un 5% o un 10%. Podríamos imaginar que hay infinitas posibilidades entre el 5% y el 10%, pero suponemos que hay solamente dos por simplificar.

En nuestro ejemplo, habrá un 50% de probabilidades de que la rentabilidad que obtengamos sea sensiblemente inferior a la esperada (un 5% cuando las cosas van mal) y otro 50% de que sea sensiblemente superior (un 10% cuando las cosas van bien).

Imaginemos por un instante que encontramos una inversión que tiene las mismas características que la anterior, es decir, existen las mismas posibilidades de obtener unos determinados rendimientos con la misma probabilidad que la anterior. Pero supongamos que el hecho de que a la una le vaya bien o mal no afecta para nada al hecho de que a la otra le vaya bien o mal.

Normalmente, cuando la economía va bien, a muchas inversiones les va bien a la vez; del mismo modo que, cuando la economía va mal, les va a muchas posibles inversiones mal a la vez. Pero, por un instante, imaginemos que la ventura o desventura de una inversión no afecta para nada a que a la otra le vaya mejor o peor. Las posibles situaciones, que serían todas igualmente probables, serían las que podemos observar en el cuadro 1.

Por lo tanto, vemos que podemos obtener 105 euros con un 25% de probabilidad, 107,5 euros con un 50% de probabilidad o 110 euros con un 25% de probabilidad. El resultado esperado lo podemos calcular realizando la siguiente suma:

1/4*105+2/4*107,5+1/4*110=107,5

¿Estamos igual que antes? No, el resultado esperado de nuestras inversiones es el mismo (esperamos 107,5 en los dos casos). Pero, en la inversión diversificada, la probabilidad de obtener 105 euros es menor (25% frente al 50% de la inversión no diversificada), lo mismo que también es menor que en el ejemplo anterior la probabilidad de obtener 110 euros. Para quienes tengan conocimientos de Estadística, se dice que la desviación típica es menor. En definitiva, el riesgo es menor.

¿Qué pasaría en nuestro ejemplo si los resultados de las inversiones están relacionados?

Podemos suponer que es más probable que las dos vayan bien o mal al mismo tiempo, por ejemplo por la situación económica.

En nuestro ejemplo, podemos imaginarnos el caso extremo en el que ambas se comportan siempre igual la una que la otra; si le va bien a la una siempre le va bien a la otra, si le va mal siempre le va mal a la otra. En ese caso solamente existen dos posibilidades, las mismas que las del ejemplo inicial sin diversificación.

1) Si a las dos les va bien, obtenemos 55 de cada una, 110 en total.
2) Si a las dos les va mal, obtenemos 52,5 de cada una, 105 en total.

En ese caso la diversificación no sería posible. La diversificación es posible si existen inversiones con algunas características distintas.

Ahora, imaginemos el otro caso extremo, aquél en el que cuando a una inversión le va bien a la otra le va siempre mal. Por ejemplo, imaginemos que fuese el caso de un vendedor de paraguas que se plantea vender sombrillas. Si llueve, solamente vende paraguas; si hace sol, solamente vende sombrillas. En ese caso, otra vez reducimos las posibilidades a dos.

1) Si a la primera le va bien, obtenemos 55 de la primera, pero solamente 52,5 de la segunda. En total obtenemos 107,5.
2) Si a la primera le va mal, obtendremos solamente 52,5 de la primera, pero de la segunda obtendremos 55. En total obtendremos 107,5.

Es decir, con la diversificación obtendríamos la seguridad de obtener 107,5 euros del conjunto de inversiones. Estaríamos ante un conjunto de inversiones que, gracias a la diversificación, tendría riesgo cero.

Ambos son casos extremos que nos ayudan a comprender que, para poder diversificar, tendremos que invertir en inversiones distintas, en el sentido de que les afecten factores distintos o el mismo factor les afecte de manera diferente.

En la realidad nos encontramos con el hecho de que la mayoría de las inversiones comparten un riesgo que podemos denominar riesgo sistemático. Es decir, existen elementos que afectan al conjunto de las posibles inversiones y que no se pueden reducir diversificando.

Pero también existe un riesgo que es un riesgo específico de cada una de las inversiones. Ese riesgo es el riesgo que pretendemos eliminar con una correcta diversificación. En función de circunstancias que afecten a cada inversión de forma particular podrá haber inversiones que vayan bien, pero a otras inversiones les irá mal. Lo que encontraremos es una forma de compensar las que vayan mal con las que vayan bien, de modo que el rendimiento obtenido se aproxime a lo que esperábamos.

Un ejemplo nos puede ayudar a comprender la diferencia entre el riesgo sistemático y el riesgo específico. Por así decir, si ponemos los huevos en distintas cestas, es difícil que se nos vayan a caer todas las cestas. Sin embargo, si sufrimos un terremoto, que afecta a todas las cestas, no podremos afrontar ese riesgo poniendo los huevos en distintas cestas.

¿Diversificar es gratis?

Aunque la diversificación reduce el riesgo sin reducir el rendimiento esperado, las operaciones que implica realizar múltiples inversiones pueden tener un coste. Por ejemplo, en las actividades agrarias, una forma de diversificar el riesgo es distribuir la superficie de cada agricultor o ganadero entre múltiples ubicaciones distintas. Pero eso supone incrementar, por ejemplo, los costes de delimitación de las fincas o los costes de desplazamiento.

En el caso de las inversiones financieras sucede lo mismo. Por eso es muy interesante compartir los costes derivados de la diversificación con muchas otras personas a través de, por ejemplo, los fondos de inversión o los de pensiones. Dado que hay que realizar múltiples operaciones para tener una cartera diversificada, como operaciones para adquirir, administrar, custodiar o enajenar valores, lo mejor es que los costes de esas operaciones aprovechen a muchas personas.

Cuando disponemos de un patrimonio importante, podemos proteger nuestro patrimonio realizando inversiones diversificadas por nosotros mismos, porque esos costes asociados a la realización de las múltiples operaciones son pequeños en relación al patrimonio total, con independencia de que nos pueda convenir invertir con otras personas por otras razones.

Imagen | Moyan Brenn

Otras historias interesantes