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Inversiones 24 abr 2019

La pirámide de Maslow de las inversiones

Cuando se deben afrontar varios desembolsos al mismo tiempo, o de forma muy seguida, es imprescindible conocer la manera correcta de priorizar los gastos. En ese momento, resulta realmente útil realizar un ejercicio de priorización, como el que desarrolló el psicólogo Abraham Maslow: la pirámide de las necesidades.

A lo largo de la vida se van sucediendo diversos acontecimientos importantes y que requieren esfuerzos económicos. Por ello, en las finanzas personales el orden, la constancia y el sacrificio se convierten en factores clave. El problema surge cuando existen varias metas distintas a las que hay que dedicar importantes sumas de dinero en el mismo momento, como por ejemplo una jubilación y preparar la educación futura de los hijos.

Es entonces cuando la priorización de los objetivos se convierte en imprescindible. Una correcta planificación financiera facilitará lograr los diversos objetivos. No hay que olvidar que el factor del tiempo, bien invertido, se convertirá en un gran aliado.

El trabajo académico más conocido del psicólogo estadounidense, Abraham Maslow, es la pirámide de las necesidades, un modelo que propone una jerarquía entre las necesidades humanas. En dicha pirámide, la satisfacción de las necesidades más básicas conlleva la generación sucesiva de necesidades más altas o complicadas.

Este hecho se puede equiparar a las metas económicas. Por ejemplo, una vez se produce la entrada en el mercado laboral, comienzan objetivos de ahorro que pueden solaparse en el tiempo, como la compra de un coche y de una vivienda. El aspecto crucial en ese momento es saber elegir qué necesidades son prioritarias y, por tanto, qué hay que abordar primero.

Orden de las necesidades financieras

Como hizo Maslow con las necesidades humanas, es posible ir organizando los objetivos financieros. La base de esta pirámide sería el ‘colchón de ahorro para emergencias‘, constituido por activos totalmente líquidos, es decir, disponibles siempre que se presente una urgencia o imprevisto.

En el segundo escalón deberían situarse las ‘coberturas de riesgo‘, ya que el fallecimiento o la invalidez son riesgos que conviene tener previstos mediante seguros para que la renta disponible de la familia no sufra graves alteraciones.

El tercer estadio estaría constituido por compras futuras a medio-largo plazo, es decir, las previstas para dentro de tres o cinco años. Estas inversiones pueden ser las que se realizan en la compra de una nueva vivienda, un nuevo coche, la educación de los hijos, etc. El mejor mecanismo para poder cubrir estas necesidades es un fondo de inversión mixto de ciclo de vida. Hay que tener en cuenta que estos gastos irán cambiando con el tiempo, así que lo ideal es organizarse invirtiendo lo máximo posible durante el inicio de estos gastos, de manera que en un futuro se puedan destinar los ahorros a nuevas necesidades.

En el cuarto escalón se encontrarían las metas a largo plazo, como la jubilación. Lo más efectivo para preparar esa contingencia es contratar un plan de pensiones. La jubilación además se verá reforzada cuando uno se haya liberado de otros gastos, como los del tercer escalón, gracias a una correcta planificación.

Por último, la cima debe estar ocupada por el objetivo de hacer crecer el dinero sin plazo definido, con el fin de que sea posible asumir los nuevos riesgos que se vayan presentando. La idea es seguir poseyendo capacidad económica, tras haber resuelto todas las necesidades anteriores. Si se consigue alcanzar este punto, lo mejor es utilizar fondos de inversión o carteras de fondos de perfil decidido (es decir, con una tolerancia al riesgo elevada).

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