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Deporte Act. 06 nov 2018

La UD Las Palmas de Quique Setién: excelencia para amarrar la salvación

Quique Setién, entrenador de la UD Las Palmas durante un partido de Liga BBVA | Foto: EFE
Santiago Romero (BBVA Creative)

Jugar al fútbol buscando la excelencia. Esa fue una de las máximas de Quique Setién cuando cogió las riendas de una UD Las Palmas huérfana de ilusiones. Un equipo que solo sumaba 5 puntos tras 8 jornadas. Ahora, 24 jornadas después toca la salvación con la punta de los dedos gracias a sus 39 puntazos. La resta es sencilla: 34 puntos para la ‘máquina amarilla’ desde que llegó el cántabro.

Seis victorias en siete jornadas -solo cayó sobre la bocina ante el Real Madrid-, cuatro triunfos consecutivos como visitante, 39 puntos… y víctimas de la entidad de Valencia, Real Sociedad o Villarreal. La ‘UD’ vive una fiesta, a la que incluso se sumó Sergio Araujo, autor de un doblete en Riazor tras 100 días de sequía.

Precisamente un Deportivo ante el que los canarios certificaron prácticamente su presencia entre los mejores del fútbol español. Su actual renta sobre la zona de descenso, once puntos cuando faltan dieciocho por repartir, le permite sonreír ante lo próximo de la meta. Un objetivo grande para un equipo humilde.

Los amarillos acumulan dieciocho puntos de los últimos veintiuno posibles y, en esta segunda vuelta ya llevan tres más que en toda la primera. Unos registros que les colocan en la décima posición, su mejor registro en lo que llevamos de Liga BBVA.

Y todo ello con el balón como eje del cambio. Cierto es que al principio costó que los jugadores pudieran materializar el estilo futbolístico de Setién, pero incluso en la derrota con el Barcelona (1-2) -última derrota antes de la buena racha- llegó a discutirle el monopolio de la posesión (47-52).

El jugador del UD Las Palmas Juan Carlos Valerón saluda a los aficionados, durante el partido de Liga BBVA

El jugador canario, Juan Carlos Valerón, saluda a los aficionados del Deportivo | Foto: EFE

Ipurua, punto de inflexión

Una victoria ante el Eibar fuera de casa, la primera de la temporada, supuso un antes y un después para Las Palmas. Los de Setién veían premiada su apuesta futbolística con una victoria por la mínima que les permitía abandonar los puestos de descenso. Lugar al que no han vuelto desde entonces.

Un tramo de Liga BBVA brillante que solo tuvo un pequeño tropiezo en casa ante el Real Madrid, y en un partido dominado en varios tramos por los locales. De hecho, solo un tanto de Casemiro dio los tres puntos al conjunto de Zidane. Pero el mando, la posesión (52-48) y las mejores sensaciones tuvieron un solo color, el amarillo.

Para los amantes de la estadística queda también la cuarta victoria consecutiva fuera de casa recién lograda en Riazor. Antes, Ipurua (Eibar), El Madrigal (Villarreal) y Anoeta (Real Sociedad)donde cayó el Barça– vieron como la victoria volaba a Gran Canaria. Las tres primeras por 0-1 lo que muestra también la fortaleza defensiva adquirida.

Los jugadores de la UD Las Palmas celebran el gol decisivo ante el Eibar | Foto: EFE

Apuesta por un fútbol atrevido y de toque

Lejos de ser como la mayoría de entrenadores que llegan durante el curso a un equipo en problemas, Setién huyó de las típicas soluciones prácticas tipo: bloque armado, riesgo mínimo en la propuesta y tacticismo al límite. Con un denominador común que se basa en no dar al balón un papel central.

Entrenadores como el cántabro dan la vuelta a esta ecuación y deciden proteger a sus equipos con el balón. Arriesgando, en lugar de acumular jugadores delante de la portería. Atacando, en vez de llevando a cabo un repliegue intenso que solo deje esa obligación al delantero ‘islote’.

Un cambio de idea, e incluso jugadores, al esquema inicial de Paco Herrera. Pasó de jugar con cinco defensas a un 4-3-3, variando en un 4-2-3-1 e incluso llegando al actual 4-1-4-1 con Roque Mesa como eje del mediocentro. Hernán y Vicente, hasta sus respectivas lesiones, eran los acompañantes, con Tana como mediapunta y El Zhar en banda derecha.

¿Con qué objetivo? Ser fuerte por dentro, mandar en los partidos y tener un buen trato de pelota. Conceptos que, bien desarrollados, acercan el juego de los equipos a la excelencia. Solo quedaba la duda de Jonathan Viera volcado a banda derecha pero el talento innato del canario no hace que se pierda ni un ápice de su esencia.

Un cambio de estilo y una alegría en el juego que ha cambiado la mentalidad y, lo que más importa en el fútbol, los resultados. Una propuesta atrevida que supone una solución distinta a un problema común para muchos equipos durante la temporada.

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