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Banca responsable 28 nov 2019

Las cumbres del clima antes de Madrid

Las cumbres del clima se remontan a principios de los años 90, cuando la preocupación por los gases de efecto invernadero hizo que se adoptara un compromiso para abordar el problema. Hacemos un repaso por los momentos clave de estos eventos.

Madrid acoge la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP, por sus siglas en inglés), que este año preside Chile. El evento tiene lugar cada año y esta es la edición número 25 bajo la presidencia de Carolina Schmidt Zaldivar, ministra de Medio Ambiente de Chile. Con un cuarto de siglo de experiencia, ¿podemos decir que hemos aprendido algo de todas ellas? Preguntamos al experto Luis Robles Olmos, director de la consultora estratégica en cambio climático Liken Carbon Hub.

“La Convención se adoptó durante la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, Brasil, en junio de 1992”, explica Robles. “La medida estrella fue reducir los gases de efecto invernadero”. Aquello era el fruto de la preocupación de la comunidad científica internacional por las interacciones de la actividad humana en el sistema climático de la Tierra. Desde entonces, 194 países han suscrito y ratificado este convenio, además de Palestina y la ciudad del Vaticano. Además, hay una parte adicional que la UE, como organismo supranacional, también ha suscrito.

La primera de las ediciones tuvo lugar en Berlín y se acordó la reunión anual para controlar el calentamiento global y reducir las emisiones de gases contaminantes. Alemania es uno de los países más comprometidos con el medioambiente, pero aquella edición solo fue una toma de contacto con la realidad de los países y sus políticas. “El camino recorrido desde la COP1 de Berlín en 1995 es amplio y profundo, pero a pesar de los fracasos en alcanzar acuerdos en las cumbres que siguieron, todas han aportado elementos para encontrarnos a finales de 2019 en los umbrales de la entrada en funcionamiento del Acuerdo de París”.

A veces se le achaca a la COPs su falta de utilidad y se incide en su papel como fuente generadora de gastos y emisiones por los viajes de las 25.000 personas que acuden, sin alcanzar las soluciones requeridas para combatir y atacar el cambio climático. Robles es optimista, aunque reseña que “algunos países y sus clases dirigentes tienen intenciones contrapuestas al interés general”.

La COP3, la de Kioto, sirvió para adaptar el Protocolo del mismo nombre, que se comprometía a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los países industrializados y sienta las bases del mercado del carbono. Cuenta Robles que “tras el éxito de Kioto, otro hito fundamental se alcanzó en la COP7 de Marrakech (2001), con las reglas de funcionamiento de los mecanismos de proyectos del Protocolo de Kioto, el Mecanismo de Desarrollo Limpio y el Mecanismo de Aplicación Conjunta”.

Más adelante, en la COP13 de Bali estableció un calendario de negociaciones para un nuevo acuerdo internacional que incluyera a todos los países, no solo a los desarrollados, que eran los que Kioto contemplaba. Esto se redondeó dos años después en la COP15, en Copenhague. “La necesidad de ampliar el Protocolo de Kioto en países y periodo de validez emplazó a la comunidad internacional a cerrar un acuerdo en la COP15 de Copenhague (2009)”, explica Robles. La meta era mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados y financiar a los países en desarrollo. No se obtuvieron los resultados buscados. “La falta de voluntad de acuerdo y las obstrucciones a la negociación en el seno de la COP por parte de Estados Unidos derivó en el mayor fracaso en la historia de las cumbres de cambio climático”, apunta Robles.

México, anfitriona de la COP16 en Cancún, fue un elemento clave para remontar la situación. Allí se redactaron los acuerdos de Cancún que formalizaron lo expuesto en Copenhague y se creó el Fondo Verde para el Clima, enfocado a acciones climáticas en los países en desarrollo. Al año siguiente, en Durban, la COP17 acordó reducir emisiones, incluyendo a EE. UU. y China, India, Brasil y Sudáfrica. Es la primera vez que se puso un horizonte: 2020. En Doha, en la COP18, se acuerda prorrogar Kioto hasta 2020 pero EE. UU., China, Canadá y Rusia no respaldan la prórroga. Durante la COP20 de Lima es la primera vez en que los países acuerdan elaborar y compartir su compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

La siguiente fue la COP21, la de París, en el año 2015. Por fin se acordó mantener el calentamiento global por debajo de 2 grados y con la vista puesta en no superar los 1,5 grados. El acuerdo de París es mucho más amplio en su contenido y desarrollo que Kioto, ya que establece que los esfuerzos de reducción o limitación de emisiones son de todos los países, bajo el principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas. “Contiene disposiciones específicas sobre adaptación al cambio climático, financiación internacional y metas a largo plazo, sin que se establezca una fecha final de validez del Acuerdo, cuyo formato fue consensuado para que permita la ratificación de los países, considerando las peculiaridades jurídicas de muchos de ellos (EEUU, China, etc.), de forma que su adopción sea voluntaria y su cumplimiento obligatorio”, expone Robles.

A París le siguió la COP22, de Marrakech. A los pocos días de empezar la cumbre, se ratificó París y salieron a luz tres documentos en línea con los compromisos de París; aunque justo en esos días EE. UU. empezó a mostrarse reacio a todos los cambios. En la COP23 de Bonn se avanzó cómo funcionará en la práctica el Acuerdo de París (el llamado Paris Rulebook) y se acordó compartir buenas prácticas en los llamados Diálogos de Talanoa. Asimismo, se lanzó una plataforma para promover la participación y diálogo entre comunidades locales y pueblos indígenas, mientras que entraron en la agenda las políticas de género y la relación de la mujer con el cambio climático.

El pasado año se celebró la COP24 en Katowice. Dos meses antes de la celebración el IPCC publicó su informe devastador sobre el calentamiento global. Y es ahí donde Chile recogió el testigo. Se van a intentar pactar los temas del Libro de Reglas del Acuerdo de París que quedaron pendientes o irresueltos en la pasada COP24 de Katowice, Polonia. En concreto las normas sobre el Artículo 6, que permitirían a los países cumplir, en parte, los objetivos nacionales de mitigación a través de mecanismos de mercado como los mercados internacionales de carbono y los proyectos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (energías renovables, sustitución de combustibles, eficiencia energética o vehículos eléctricos) que generan los llamados “bonos de carbono”.

Existe una larga lista de compromisos a abordar en esta cumbre, pero los expertos son optimistas. Las condiciones no son fáciles y el consenso se hace denso pero las metas están claras. Entre los objetivos que planearán sobre la cumbre de Madrid están el limitar el aumento de la temperatura media del planeta a 2 grados o 1,5 grados, así como lograr un balance equilibrado entre emisiones y absorciones de gases efecto invernadero para la segunda mitad de siglo.

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