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Educación Act. 23 jul 2020

¿Qué prácticas funcionaron verdaderamente en la educación a distancia durante el confinamiento?

Aún no está del todo claro cómo se retomarán las clases a partir de septiembre en España, pero las dificultades derivadas del distanciamiento físico y otras medidas preventivas ante el virus podrían obligar a que parte de la enseñanza siga en el plano online. La crisis ha servido para descubrir algunas virtudes de la educación en remoto.

El sector educativo ha sufrido un vuelco durante estos últimos meses. Los centros de enseñanza de Madrid fueron de los primeros que anunciaron el cierre de sus puertas. Ocurría el mismo día en el que el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaraba que el coronavirus pasaba de ser una epidemia a una pandemia.

En aquel momento se estableció que la interrupción de las clases sería de dos semanas. Con la declaración del estado de alarma, el 14 de marzo se vislumbraba que esos días atípicos se prolongarían durante más tiempo. Los más optimistas situaban el periodo vacacional de la Semana Santa como el punto de inflexión y el momento del retorno a la normalidad. Ya sabemos que no fue así. En general, los alumnos no volvieron a pisar las aulas  y, de manera desigual, continuaron con su formación en remoto. 

Óscar Cordón, catedrático del departamento de ciencias de la computación e inteligencia artificial de la Universidad de Granada (UGR), preside desde hace tres años un grupo de trabajo sobre formación ‘online’ y tecnologías educativas en la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE). Se trata de una asociación sin ánimo de lucro formada por un total de 76 universidades españolas, que actúa como principal interlocutor de estas con el gobierno central.“Muchas universidades ya tenían un plan de apoyo digital a la docencia, independientemente de que fuera presencial, y llevaban un avance previo. Gracias a ello hemos podido reaccionar rápidamente, aunque la adaptación no sea la óptima para la situación a la que nos hemos enfrentado”, afirma Cordón.

“Durante estos meses se ha recurrido a la docencia en remoto y no tanto a la enseñanza online dada la rapidez con la que ha sucedido todo: el sábado 14 de marzo se declaró el estado de alarma y el lunes 16 había que dar clase. Lo habitual en este tiempo ha sido replicar el modelo presencial a través de sistemas de videoconferencia. Lo más utilizado han sido clases síncronas en remoto, un recurso que hasta ahora era minoritario porque lo habitual era recurrir a la docencia presencial”, reconoce Cordón.

Enseñanza y evaluación en remoto

Junto a las videoconferencias, otra de las herramientas a la que se ha recurrido en este tiempo es el software de producción de vídeo. “Los profesores se han dado cuenta de que impartir una clase magistral de dos horas desde casa a través de una pantalla puede ser muy cansado, incluso si se graba previamente. En este tiempo muchos docentes han preparado material de apoyo para hacer esas clases más dinámicas introduciendo cambios en sus metodologías”.

Cordón pone como ejemplo realizar una grabación en vídeo de media hora con los conceptos más importantes, haciendo uso de recursos como transparencias o pizarras digitales. El resto de las dos horas se emplea para debatir, resolver dudas o compartir puntos de vista. “Este modelo educativo se llama clase invertida y se ha promocionado a raíz del confinamiento”, apunta. Esta es una fórmula cuya utilidad podría extenderse más allá de las clases online.

Los sistema de gestión de aprendizaje (LMS por sus siglas en inglés), más conocidos como ‘aula virtual’ o ‘campus virtual’, también han cobrado importancia en estos tres meses. Su finalidad es que sea un espacio donde alumnos y profesores interactúen y mantengan la comunicación. “Hasta ahora cada centro y cada profesor, dependiendo de su asignatura, lo usaba de una manera. Pero lo más común era depositar documentos en PDF”, asume Óscar Cordón.

En este tiempo se les ha sacado más potencial, colgando los vídeos grabados para las clases de apoyo, presentaciones e incluso para evaluar al alumnado con distintas herramientas tecnológicas. Una actividad que siempre deberán tener en cuenta, como recuerda el catedrático, las consideraciones a este respecto que recoge el Reglamento General de Protección de Datos.

Adaptación al nuevo entorno

La adaptación de los estudiantes también ha sido un reto. Aunque en su mayoría están habituados a usar herramientas digitales han tenido, por ejemplo, que aprender a desarrollar el trabajo colaborativo en un entorno telemático. “Otro de los aspectos que ha tomado especial relevancia estos días ha sido la tecnología educativa Bring Your Own Device (BYOD) como facilitadora de los espacios flexibles [empleo de tabletas o ‘smartphones’ como recurso de apoyo en las clases presenciales]”.

La situación vivida estos últimos meses ha ayudado a que tanto el profesorado como el alumnado cambien de mentalidad. Desde la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) defienden una enseñanza presencial, pero apoyada en nuevos modelos docentes y para su implementación se precisa una planificación que responda a las necesidades del nuevo entorno. “Ni los equipos TIC, ni los pedagogos, ni los técnicos de producción digital habían tenido nunca la sobrecarga de trabajo que tienen ahora. Se ha actuado muy rápido en la generación de guías docentes y materiales de apoyo”. Todo ello se va a seguir utilizando a partir de ahora para continuar con la formación en competencias digitales del profesorado.

Uno de los cambios que tampoco tiene marcha atrás, según resalta el responsable del programa sobre formación online y tecnologías educativas de la CRUE, es la evaluación. “El plan Bolonia recoge que no hay que evaluar únicamente con una nota. Si todavía había asignaturas que mantenían el modelo de un único examen presencial, el profesorado puede planificar una evaluación continua con una entrega de documentos y trabajos en grupo que valgan el 50% de la asignatura”. Sin duda, la contingencia provocada por la crisis del coronavirus ofrece también una oportunidad para avanzar en un modelo educativo que combine lo mejor de los dos mundos, presencial y online.

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