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Créditos Act. 07 mar 2018

Las pólizas de crédito

Las pólizas de crédito son un instrumento de crédito prácticamente desconocido en el ámbito de las finanzas domésticas, pero muy utilizadas por las empresas. A pesar de ello, también pueden ser contratadas por personas físicas y convertirse en solución para ciertas necesidades financieras.

Una póliza de crédito puede definirse de varios modos. Hay quien lo define como un crédito flexible en cantidad, de forma que hasta cierto límite podemos tomar la cantidad que necesitemos en ese momento y devolverla según nos convenga. En la práctica funcionan como una cuenta corriente en la que podemos dejar descubiertos pactados previamente hasta cierto límite. Podríamos llamarlo como un crédito hecho a medida.

Aunque a priori una póliza de crédito no tienen vencimiento, en la práctica si tendrán vencimiento que se pacta con la entidad bancaria. Normalmente nuestra entidad financiera no nos pondrá problemas para renovarlas. Y como con cualquier otro crédito, de la cantidad pactada han de pagarse intereses. Estos son los gastos asociados a una póliza de crédito:

  • Comisión de apertura: Se trata de un préstamo, por lo que esta comisión es habitual.
  • Comisión de disponibilidad, por tener disponibilidad de cierta cantidad pactada. Es un porcentaje de la cantidad que podemos disponer y suele ser muy pequeño.
  • Interés de dispuesto: El interés que pagamos por el saldo medio dispuesto.
  • Interés de excedido, en caso de que nos excedamos de la cantidad acordada hay que pagar un excedido sobre la cantidad que nos hemos excedido. Será sensiblemente más alto que el interés de dispuesto.

Llegados a este punto, debemos recordar que en este caso estamos pagando por aquel dinero que hemos dispuesto, al contrario que en un préstamo normal, en el que pagamos por el dinero que hemos pedido, indiferentemente de que lo usemos o no. Además, para pólizas de cierta importancia será necesaria la firma de un notario.

Y es aquí dónde se encuentra la utilidad para aquellas familias que necesiten una cantidad para hacer algún pago, aunque no sepan exactamente cuándo o de cuánto  va a ser la cantidad, obviamente dentro de unos límites.

Pensemos en el siguiente ejemplo: una familia envía a su hijo con una beca erasmus a estudiar a Helsinki. Sus ahorros dan para pagar parte, al igual que la beca, pero no están seguros de cuánto dinero extra va a costar su formación ni cuándo se recibirá la beca. Para solucionar esto, la familia podría optar por contratan una póliza de crédito y así tomar el dinero que vayan necesitando.

En el ejemplo anterior podríamos suponer que la familia solicita una póliza de 10.000 euros. El primer mes toman 1.000, al igual que en el segundo y el tercero. Pero el hijo comienza a recibir la beca y encuentra un trabajo, por lo que ya se encontrarían en situación de devolver lo prestado. A partir de ahí devuelven 500 euros cada mes hasta que pagan su deuda en seis meses. Y al cabo del año deciden no renovar la póliza. Suponiendo un interés del 5%, una comisión de apertura del 1%, una comisión de disponibilidad del 0,1% y un interés de excedido del 15% (que no se aplicaría en este caso), el coste de la financiación será el siguiente:

  • Comisión de apertura: 100 euros
  • Comisión de saldo disponible: 10 euros
  • Intereses: 56,25
  • Total: 166,25

En cambio si hubieran pedido prestado 5.000 euros a un TAE del 4,5% hubieran tenido que pagar 225 euros de intereses (sin incluir la comisión de apertura). En este caso, para la familia ha resultado ventajosa esta opción en lugar de un préstamo personal. Además si hubieran necesitado una cantidad mayor no hubieran necesitado volver a la sucursal a formalizar otro prestamo personal.

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