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Aval bancario 18 jul 2016

¿Qué es un aval bancario para alquiler de vivienda?

Un aval bancario es un contrato de afianzamiento o compromiso, con el que el banco garantiza, ante un tercero, que su cliente va a cumplir con la obligación de un pago. Estas obligaciones pueden ser monetarias, como es el caso del alquiler, pero también abarcan compromisos de otro tipo, como por ejemplo, el fin de una obra en las condiciones estipuladas.

¿Por dónde empiezo?

Para solicitar un aval bancario hay que acudir a la entidad financiera de la que eres cliente. Antes de conceder un aval, el banco estudia la capacidad del cliente para cumplir con su obligación principal, en este caso, el pago del alquiler. Además, tiene en cuenta las garantías prestadas (personales, hipotecarias, etc.) y la disponibilidad financiera de la persona para, si se diera el caso, reintegrar a la entidad bancaria el dinero que haya adelantado en caso de tener que pagar el aval. La vinculación con el banco también es importante. Si es baja, es decir, si se trata de la primera operación que se realiza con la entidad, es probable que no haya garantías accesorias fuertes.

Para tramitar el aval, es necesario que el cliente formalice ante notario una Póliza de Cobertura de Garantía Bancaria o una Póliza de Cobertura para Límite de Garantías Bancarias, si se van a formalizar varios avales. Estas pólizas regulan las relaciones entre el banco y el cliente en temas como el pago de las comisiones, los intereses y gastos estipulados, el reembolso de las cantidades que el Banco haya pagado en caso de ejecución del aval, etc.

Información básica del documento del aval

En el documento del aval para el alquiler tiene que estar incluida la siguiente información básica:

  1. Importe total
  2. Plazo de duración y renovación
  3. Condición de que pueda cobrarse en el primer requerimiento por parte del arrendador, siempre y cuando acredite el incumplimiento del pago

El inquilino tiene que asegurarse de que en el contrato de arrendamiento figure la existencia del aval y guardar el documento original para cancelarlo cuando llegue el momento.

¿Qué pasa si dejo de pagar el alquiler?

En este caso, la entidad financiera cumplirá con su obligación pagando el dinero correspondiente al arrendador, pero después se dirigirá al cliente, solicitando que le reintegre dicha cantidad. Para evitar riesgos y tener garantías, el banco puede cubrirse las espaldas mediante la pignoración de dinero. Es decir, solicitar al cliente que deje la cantidad acordada en una cuenta, de cuyos fondos no puede disponer hasta el vencimiento del aval.

Para no llevarse sorpresas, conviene saber que lo normal, en el caso de un alquiler, es pignorar entre tres y seis mensualidades, una cantidad que la persona debe tener prevista y no necesitar mientras dure este contrato con el banco. También es importante saber que el aval conlleva unas comisiones sobre el total de su importe, en función del plazo, el tipo y el riesgo de la operación, de las que hay que informarse previamente. Por ejemplo, en el caso de un alquiler de una vivienda en Madrid de 1.000 euros mensuales, si hay que formalizar un aval con pignoración por el importe de seis meses, habría que inmovilizar 6.000 euros. A esta cantidad hay que sumar; las comisiones de estudio (alrededor del 0,5% del importe solicitado), de apertura del aval (0.75% aproximadamente) y la intervención del notario (0.3%), que se cobran una sola vez y la de riesgo, que se aplica trimestralmente. Las páginas webs de las entidades bancarias informan sobre los costes máximos en las tarifas.

Cuando acudimos una entidad bancaria, recuerda informarte siempre sobre las diferentes modalidades de avales y garantías, compara ofertas, no olvides que en ocasiones hay costes y comisiones asociadas y pregunta siempre cualquier cuestión que no te quede clara.

¿Qué productos alternativos existen frente al aval?

Los seguros de alquiler, como garantía para el propietario, están ganando terreno a los avales bancarios. Esta modalidad ofrece la recuperación de los recibos impagados y el pago de los daños ocasionados por el inquilino, además de protección jurídica para ayudar al propietario a solucionar el problema del impago de alquiler en caso de que haya que acudir a los tribunales. En 2015, según el Observatorio Español del Seguro de Alquiler (OESA), este sector creció un 30% y uno de cada tres alquileres se realizó con este tipo de seguros. En estos casos, la prima la paga el propietario, aunque no hay impedimentos a la hora de repercutírsela al inquilino y es compatible con otro tipo de garantías, como las fianzas.

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