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Salud y bienestar 22 nov 2017

Música, una medicina para despertar la mente

Está comprobado que la música es un bálsamo para el alma, pero cada vez hay más investigaciones que demuestran que es también una poderosa medicina para la mente. Cuando los sonidos llegan al oído, una serie de estímulos comienzan a viajar por las conexiones neuronales y el cerebro libera dopamina, la misma sustancia química que produce sensación de placer por la comida, las drogas o el sexo. Sin embargo, la música es mucho más.

Gracias a su capacidad para activar casi todas las regiones del cerebro, la medicina se vale de la música para tratar los síntomas de algunos trastornos mentales y lesiones cerebrales.  Estas terapias ayudan a favorecer la neuroplasticidad y a compensar las deficiencias en las regiones dañadas del cerebro. Son una herramienta muy efectiva para pacientes con alzhéimer, autismo, parálisis cerebral e incluso víctimas de violencia de género.

El neurólogo británico, Oliver Sacks, fue uno de los primeros científicos en investigar el impacto que tienen las terapias musicales en pacientes con daños cerebrales. Uno de los casos más impactantes es el de Greg, recogido en su libro ‘Un antropólogo en Marte’. El último hippie, como le denomina Sacks, era un adolescente de carácter rebelde amante del acid rock de los años 70. Sin embargo, tras unirse a los Hare Krishna, comenzó a experimentar problemas de visión y tanto su físico como su carácter cambiaron de  forma radical.

Fue ingresado en 1975 con un enorme tumor que había destruido la glándula pituitaria, el quiasma óptico y los lóbulos frontales y temporales. A pesar de que el tumor fue extirpado casi por completo, el daño que había causado en el cerebro de Greg era irreversible. Sus recuerdos no pasaban de comienzos de los 70 y tenía serios problemas de memoria a corto plazo. Con tan solo 25 años, Greg estaba ciego e incapacitado mentalmente.

La música nos saca de hábitos mentales congelados y hace que la mente se mueva como habitualmente no es capaz”

Sacks descubrió la pasión del joven por el grupo Grateful Dead y decidió probar a ponerle una canción de sus ídolos juveniles. Greg la cantó con gran sentimiento y convicción, algo de lo que hasta entonces no había mostrado el menor signo. Tal y como recogía Sacks, “mientras cantaba, parecía transformado, una persona distinta, una persona completa”. La música de Grateful Dead despertaba la mente de Greg y le permitía volver a ser él mismo durante unos minutos.

Inspirada en la obra del Oliver Sacks, nace en Granada la iniciativa ‘Música para despertar’ de la mano de Pepe Olmedo. Implicado desde los comienzos de su carrera en el tratamiento de personas con alzhéimer, el psicólogo comenzó a utilizar la música como medio para comunicarse con pacientes a los que no podía llegar con las palabras. Gracias a las canciones, los ancianos del centro de mayores Cáxar de la Vega consiguen “despertar su mente” y el efecto de la música permanece incluso después de quitarles los auriculares.

Este proyecto fue uno de los protagonistas de la presentación de la tercera edición de Blue BBVA Challenge, que se celebró en el marco del festival BIME PRO. El reto que BBVA propone este año a los jóvenes gira en torno la capacidad de la música para cambiar la vida de las personas. Para participar en este programa “no es necesario ser músico, ni tener experiencia en el campo de la música —explica su responsable, Diego Martínez— pero sí hay que vivirla con pasión… Hay proyectos que utilizan la música para resolver problemas en el campo de la medicina o de la integración social. Ahora queremos que los jóvenes aprendan a emprender a través de la música”.

La música, protagonista del tercer Blue BBVA Challenge

Tal y como explica el pianista Robert Jourdain en el libro ‘Música, cerebro y éxtasis‘, las melodías vencen síntomas porque reflejan el flujo cerebral a la vez que estimulan y coordinan las actividades neuronales. “La música nos saca de hábitos mentales congelados y hace que la mente se mueva como habitualmente no es capaz”, afirma.

Esta es la base de la iniciativa Mosaicos de Sonido, impulsada por la Fundación BBVA, la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS) y Plena Inclusión. Este proyecto comenzó en 2015 con el objetivo de fomentar la integración y la creatividad de personas con discapacidad a través de la música. En 2017, después de miles de horas de ensayos, los 200 participantes de esta primera edición han interpretado en los auditorios de 14 ciudades españolas su versión particular de la obra ‘La flor más grande del mundo’, de Emilio Aragón, acompañados de 140 músicos profesionales.

Tod Machover, profesor de Música y Medios y director del grupo Opera of the Future en el MIT Media Lab, también defiende que la terapia musical es fundamental para tratar problemas mentales. Según relata en una entrevista realizada por Carlos Betriu para OpenMind, hace unos años su equipo comenzó a colaborar con un joven con movilidad reducida que, además, tenía problemas para expresarse. Crearon para él un software muy sofisticado que le permitía expresar sus necesidades a través del lenguaje musical. “Hemos podido descubrir quién es y qué quiere a través de la música”, afirma Machover.

Como ya descubrió Sacks, la música es el medicamento no químico más profundo para curar. Es capaz de transmitir historias y emociones, y conectar a las personas. No hay mejor manera para despertar la mente que hacerla bailar.

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