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Música y neurociencia, cómo conectar las melodías con las emociones

Hace mucho que las sinergias entre arte y tecnología son una realidad. El método de Sounditi, empresa pionera en la creación de melodías corporativas basadas en técnicas de inteligencia artificial y neurociencia, es solo una muestra más de ello. Su fundador, el compositor Alfonso González Aguilar, compartió algunas de las claves de este peculiar procedimiento en el Open Summit, celebrado el pasado 24 de octubre en Madrid.

La idea de querer aprender a componer melodías que conectasen de manera más eficaz con las emociones llevó a Alfonso González Aguilar, compositor y músico madrileño afincado en Los Ángeles, a estudiar durante cinco años psicoterapia e hipnosis. “La música siempre va dirigida a las personas y sirve para emocionar, y cuando eres capaz de entender mejor cómo funcionan las emociones eres capaz de hacer mejor música”, afirmaba.

González Aguilar comezó a estudiar cómo la neurotecnología podría ser aplicada a la música a través del análisis de los reflejos cerebrales de las emociones que despiertan las distintas melodías. Lo siguiente fue la creación de una empresa, Sounditi, que aborda el ‘audiobranding’ o la creación de la identidad sonora de las empresas utilizando diversas técnicas de inteligencia artificial e investigación del cerebro.

Componiendo en el laboratorio

¿Cómo se mide algo tan emocional como la música y lo que provoca en los seres humanos? “Tenemos dos modelos”, explicó González Aguilar. En primer lugar, una herramienta de creación propia registra las expresiones de una muestra muy elevada de individuos —uno de sus próximos proyectos va a lanzar una prueba a 400 millones de personas— al escuchar diferentes tipos de sonidos. Este registro cuantitativo se lleva a cabo a través de la cámara de los propios dispositivos móviles de los usuarios. El grupo al que se lanza este primer test no es aleatorio y depende del fin del proyecto. Por ejemplo, pueden ser los empleados de una compañía que quiere crear una nueva identidad musical con la que todos se sientan identificados, o los clientes potenciales de una campaña publicitaria para la que se necesita crear una banda sonora.

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Alfonso González Aguilar, compositor y fundador de Sounditi, en su intervención en el Open Summit.

A partir de los datos obtenidos con esta prueba, se elaboran una serie de propuestas musicales que deberán pasar por una segunda fase de pruebas, esta vez en el laboratorio. “Dentro del laboratorio podemos saber realmente cuál es el estímulo al que está reaccionando la persona, a diferencia de cuando los usuarios habían hecho la prueba en su casa con su móvil”, explicó González Aguilar. Esta segunda fase, de carácter más cualitativo, se lleva a cabo con una muestra mucho más reducida de personas, de 50 a 100, y sirve para terminar de definir las composiciones del proyecto.

Esto es lo que hizo, por ejemplo, en el caso de Minsait, filial de Indra, que confió en Sounditi para la creación de la banda sonora que acompañaría el rediseño de su marca. Con la máxima de crear esta música basada en datos, analizaron qué elementos musicales (ritmo, melodía, armonía y matices) despertaban en los empleados los valores que se querían resaltar en la nueva etapa de la marca. Sirviéndose de estos elementos, crearon una melodía que testaron en el laboratorio en un grupo más reducido de empleados y algunas personas externas a la compañía, para terminar de ajustar las melodías con el fin de que la banda sonora y los valores de la marca se alinearan al 100%.

¿Puede sustituir la inteligencia artificial a los músicos?

El futuro de la colaboración entre las personas y las máquinas para la creación artística parece lleno de posibilidades. En palabras de González Aguilar, “todo lo que pensemos seguramente será el doble en la realidad, pues las aplicaciones son infinitas”. La investigación de cómo funciona el cerebro está dando frutos en muy diversas disciplinas, y en música se está logrando mucha información de por qué hay canciones que funcionan mucho más que otras. Diversas compañías intentan crear algoritmos que sean capaces de reproducir hits musicales, películas taquilleras o best-sellers literarios. Hoy más que nunca, surge con fuerza la pregunta de si las máquinas podrán jugar el mismo papel que los artistas en los próximos años.

González Aguilar no se muestra preocupado. “Si hablamos de la música como servicio, la inteligencia artificial tiene mucho potencial, y su contribución irá a más. Pero el valor intrínseco del arte no es solo la propia pieza, sino también todo lo que hay detrás. Por eso para nosotros es muy importante contar muy bien cómo y por qué hacemos las cosas”. El compositor va a cerrar este año con excelentes noticias en su faceta como compositor de música de cine de la mano de la banda sonora compuesta por él para ‘La leyenda de Klaus’, preseleccionada para la categoría de mejor película de animación de los Oscar, y afirma tener varios proyectos en marcha para el próximo año.

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