En la Colección BBVA Bancomer se pueden resumir algunas de las tendencias artísticas más relevantes del siglo XX en México, vistas desde obras muy específicas. Entre ellas, se encuentran las del alemán Mathias Goeritz (Danzig, 1915 – México, 1990), artista de vanguardia que hizo de México su residencia permanente desde que fue invitado para dar clases en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara en 1949.

Goeritz, quien tenía influencias de la innovadora escuela de la Bauhaus, pronto rompió con los cánones artísticos que habían sido establecidos en el país por los llamados tres grandes: los muralistas Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, y por los demás integrantes de la Escuela Mexicana de Pintura, quienes favorecieron un arte social a través de pinturas monumentales en edificios públicos del país.

En 1953 —ya establecido en la ciudad de México— Goeritz escribió un ‘Manifiesto de arquitectura emocional’, en el cual planteó la posibilidad de construir espacios en donde las sensaciones y las emociones tuvieran un lugar privilegiado más allá de su función. En sus palabras: “solo recibiendo de la arquitectura emociones verdaderas, el hombre puede volver a considerarla como un arte”. Para ello, el artista pensó el espacio arquitectónico como escultura, aunque también como elemento orgánico, terrestre y cósmico. Es decir, un espacio en el cual las formas y la experimentación se pudieran vincular a la filosofía y al pensamiento.

“Solo recibiendo de la arquitectura emociones verdaderas, el hombre puede volver a considerarla como un arte

La Colección BBVA Bancomer tiene dos obras de este excepcional artista, autor también del intrigante Museo del Eco (1953), ubicado en la Colonia San Rafael de la Ciudad de México, y de las colosales Torres de Satélite (1958) realizadas en colaboración con el prominente arquitecto mexicano Luis Barragán.

Una de ellas, ‘La pirámide de Mixcoac’, es una estructura piramidal roja de acero compuesta por distintos cubos cóncavos que dejan atravesar la luz de las ventanas del piso 12 de la Torre BBVA Bancomer, en donde actualmente se encuentra instalada. Esta escultura es un modelo casi exacto de la pirámide de color blanco que Goeritz realizó en 1971 para la Unidad Habitacional Torres de Mixcoac en la Ciudad de México y que mide aproximadamente 20 metros de altura.

Pirámide de Mixcoac -Torre Bancomer | Unidad Habitacional Mixcoac, CDMX

La otra obra, conformada por catorce estrellas monumentales de acero, lleva por título ‘La Vía Láctea’ y comúnmente la vemos al cruzar las puertas de cristal en la entrada principal en la misma Torre.

Matias Goeritz / Vía Láctea / Acero soldado, Colección BBVA Bancomer, en el Lobby Torre Bancomer de la Ciudad de México.

Fundación BBVA Bancomer

Ambas son un ejemplo de lo que Goertiz quería transmitir con la arquitectura emocional, pues es necesario adentrarse, recorrer y caminar a su alrededor para percibirlas en su totalidad. Aunque más allá de eso, las dos figuras esenciales que forman cada una de las obras —la estrella y la pirámide— son elementos a los que Goeritz recurrió constantemente para hacer una abstracción entre la forma, el color y su símbolo.

Por ello, además de los colores monocromáticos como el blanco y el rojo, tanto la pirámide como la estrella tienen una relación con el espacio celeste y espiritual; es decir que ambos elementos representan una forma de elevación y ascenso. Aunque a su vez, ninguna de las obras está suspendida en el espacio, sino más bien ambas están posicionadas sobre el piso, lo que simultáneamente las hace conectar con un plano terrenal.

De esta forma, Goeritz logra que, al presenciar las obras, los espectadores tengan distintos niveles de experiencia física y emocional; una relación en donde la mente y el cuerpo se unen para descubrir el espacio.

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