En 2015, se generaron en España más de 700.000 toneladas de vidrio. El 51 % del vidrio que se recicla proviene del mundo de la hostelería, según señala Ecovidrio. Los hermanos Roca no son indiferentes a estos datos y desde septiembre de 2016 participan en la campaña ‘La Gran Cadena’, para concienciar a propietarios de restaurantes sobre la necesidad de reciclaje. Pero, ¿y si antes de reciclar todas esas botellas que se sirven a diario en El Celler, se les busca una segunda vida?

El Celler de Can Roca, considerado uno de los mejores restaurantes del mundo, cuenta con una de las bodegas más envidiadas del país. Josep Roca, sumiller y guardián de las más de 60.000 botellas que custodia en la cava, ha recolectado los mejores y más exclusivos caldos de todos los rincones del mundo.

Igual te interesa…

Los hermanos Roca en El Celler de Can Roca

Sin embargo, esta no es la única bodega de El Celler. A escasos metros del restaurante triestrellado se ubica La Masía, un espacio donde los Roca y su equipo dan rienda suelta a la creatividad. Y no solo en el aspecto gastronómico. “La Masía se creó tal y como es hoy en día hace 3 años. Estas paredes acogen proyectos totalmente transversales y convivimos perfiles muy diversos”, comenta Héloïse Vilaseca, responsable de este centro de innovación. Esta ingeniera química colabora en las salas de La Masía con cocineros pero también con artistas, botánicos y creativos de diferentes ámbitos. “Aquí soñamos empujando algunos límites y empezamos a crear en base a un expertis que no es el nuestro. Y gracias a esto tenemos algunas sinergias que solo pueden ocurrir si enfrentas a dos personas con “idiomas” distintos”, afirma.

Piezas del taller de vidrio de El Celler de Can Roca

EL CELLER DE CAN ROCA

De entre todos los proyectos en los que se trabajan en este laboratorio creativo, el taller de vidrio quizá sea el más alejado del trabajo central de la cocina del restaurante. Aunque no del todo si se tiene en cuenta la cantidad de botellas que se consumen a diario. “Este restaurante es un celler, por lo que la bodega es muy importante. Cada día tenemos 100 botellas vacías y somos un escaparate para concienciar de la importancia del reciclaje. Pero además, aquí en El Celler tenemos la capacidad y los recursos para poder hacer un taller donde dar otra vida a este vidrio, reduciendo los deshechos”.

Elena Portillo se encarga de este especial taller. Se trata de un trabajo totalmente artesanal: cortan, lijan a mano, arenan y hornean el vidrio pieza a pieza. Por sus manos pasan algunas de las botellas que salen convertidas en vasos, platos, bandejas o soportes para presentar bombones o corchos. Muchas de estas nuevas piezas salen de la mente de Jordi Roca, como las campanas de olor que acompañan algunos de sus postres. Otras son diseñadas por alguno de los expertos que pasan por las salas de La Masía gracias a esa transversalidad de la que hablaba Héloïse: “Esta es la segunda bodega, la bodega vacía. Aquí en vez de mirar el vino que contienen las botellas, nos fijamos en las formas de la botella”.

Botellas de vidrio de El Celler de Can Roca reconvertidas en platos

CRISTOBAL BAEZA

Este taller es una muestra más del compromiso de los hermanos Roca con la sostenibilidad, uno de los pilares de su filosofía de negocio. Una cocina comprometida a través del diálogo con el pequeño productor, con ingredientes de cercanía y de temporada, y que les ha llevado a ser embajadores de Buena Voluntad de la ONU. En palabras de Joan Roca, “un futuro más sostenible en la alta gastronomía pasa porque la creatividad se aplique a la conciencia. Podemos cocinar el mundo que queramos”. Un gran mensaje sostenible encerrado en las botellas de El Celler de Can Roca.

Comunicación corporativa