Sencillez y escala humana, tecnología y sostenibilidad son las características que definen la nueva sede corporativa de BBVA, diseñada por el estudio suizo Herzog & de Meuron. Los autores del Nido de Pekin o del rediseño de la Tate Modern de Londres se han inspirado en las ciudades del pasado -“las que funcionan y están hechas por la gente”, en palabras del premio Pritzker Jacques Herzog- para proyectar un moderno campus en el que la arquitectura y la tecnología se ponen al servicio de las personas.

El complejo de 114.000 metros cuadrados se vertebra alrededor de una gran plaza, donde se levanta La Vela, una torre circular de 19 plantas que ya se ha convertido en un nuevo icono en el skyline de Madrid.

A su alrededor, y conectados entre sí por un anillo peatonal que recorre la circunferencia de la plaza, se sitúan siete edificios bajos. Las calles adoquinadas -cubiertas por toldos y plantas colgantes en verano- están salpicadas de jardines, patios y acequias como en cualquier ciudad del Sur de Europa.

Una oficina sin despachos para impulsar la innovación

En la Ciudad BBVA no hay despachos. Los 6.000 empleados trabajan en planta abierta y cuentan con numerosos espacios para reuniones. Se busca con ello acelerar la transformación digital del banco a través del intercambio de conocimiento, la innovación y la agilidad en la toma de decisiones.

Además, los restaurantes y cafeterías están equipados con wifi, para que se puedan usar como lugares de encuentro y de reunión informal. La utilización del entorno colaborativo de Google y las aplicaciones móviles desarrolladas por BBVA permiten que el puesto de trabajo ya no sea un espacio concreto, sino un conjunto de posibilidades entre las que elegir el mejor lugar para trabajar en cada momento.

Uno de los espacios más espectaculares de la Ciudad BBVA es la sala de tesorería: 1.600 metros cuadrados donde 400 traders realizan más de 8.000 operaciones diarias. Se trata de un espacio abierto, de fachadas transparentes y doble altura, que dispone de cuatro enormes videowalls visibles desde cualquier punto para mostrar información bursátil y de actualidad.

©Carlos Benítez-Donoso

La Ciudad BBVA cuenta además con una amplia oferta de servicios, que incluye escuela infantil, centro deportivo y de fisioterapia, piscinas, cafeterías, restaurantes y zona comercial.

Sostenibilidad y ahorro de energía

La nueva sede de BBVA en Madrid se ha construido siguiendo los criterios de sostenibilidad necesarios para conseguir el certificado LEED Oro, uno de los estándares de construcción sostenible más exigentes del mundo.

Las fachadas se han diseñado para reducir al máximo el consumo energético: más de 49.000 metros cuadrados de fachada acristalada con vidrios de alta reflectividad, protegidos del sol por 2.800 lamas de fibra de vidrio, permiten que todos los empleados tengan luz natural.

Las altas prestaciones de la “cáscara” del complejo han permitido la instalación de un sistema de climatización por vigas frías, que normalmente no se puede usar en países tan cálidos como España. Este modelo permite ahorrar entre un 5 y un 11% de energía y proporciona mayor confort a los empleados, ya que las vigas llevan en su interior agua fría que climatiza los espacios sin necesidad de ventiladores.

Las cubiertas de los edificios también están pensadas para ahorrar energía y agua: una gran alfombra de plantas autóctonas que apenas necesitan riego tapiza los edificios para mitigar el efecto “isla de calor”. Estas cubiertas vegetales se ocupan, además, de recoger el agua de lluvia para regar los más de 31.000 m2 de zonas verdes con que cuenta el complejo (100.000 matorrales y pequeños arbustos, más de 400 plantas colgantes y 450 árboles).

También el agua de los lavabos se reutiliza. Entre ambas medidas se consigue una reducción del 50% del consumo de agua potable.

Energías renovables propias

La Ciudad BBVA es el complejo más grande de Europa iluminado con tecnología LED, que permite un 30% de ahorro energético respecto a tecnología tradicional. Cuenta también con un sistema de gestión del consumo basado en la monitorización constante y en tiempo real de la presencia, temperatura y aporte de luz natural en cada lugar de la Ciudad.

Además, un gran porcentaje de las necesidades energéticas se abastecen  gracias a energías renovables propias, como paneles solares térmicos o fotovoltaicos y energía geotérmica de bucle cerrado, que aprovecha la temperatura estable del subsuelo.