“Los datos son el combustible de la nueva economía y el big data, su motor”, ha señalado José Manuel González-Páramo en la Universidad John Hopkins de Washington. Con estas palabras ha resumido el consejero ejecutivo de BBVA el impacto de la Cuarta Revolución Industrial, que está transformando también de forma radical el sector financiero. Esta revolución está “replanteando la banca minorista tradicional”.

Durante una conferencia en la universidad John Hopkins de Washington, bajo el título Cuarta Revolución Industrial: Oportunidades y Retos, el consejero ejecutivo de BBVA ha hecho hincapié en dos factores esenciales: el cliente como clave para sobrevivir en este nuevo entorno, y la importancia de la cooperación internacional debido al alcance transfronterizo de la digitalización.

La transformación digital de la economía y la sociedad

José Manuel González-Páramo ha recordado al inicio de su discurso que el poder de las nuevas tecnologías y su rápida propagación está acelerando la transformación, no sólo de la economía y las finanzas, sino de la sociedad en su conjunto. Esto es posible gracias al efecto conjunto de tres fuerzas de transformación. La primera de ellas sería la tecnología, donde destacan tendencias como la interconectividad gracias a la tecnología móvil; el Internet de las cosas y el big data; la automatización y la inteligencia artificial; y las nuevas infraestructuras tecnológicas, especialmente el cloud computing y el blockchain.

El poder de las nuevas tecnologías y su rápida propagación está acelerando la transformación, no sólo de la economía y las finanzas, sino de la sociedad en su conjunto

La segunda fuerza transformadora son los consumidores. Aquí asistimos a cambios radicales en los patrones de consumo, marcados por la generación millennial (entre los 19 y 35 años) y centennial (menores de 18 años). Y esto nos lleva a la tercera fuerza: el cambio en los modelos de negocio. Las tecnologías exponenciales han facilitado la aparición de competidores digitales nativos en prácticamente todas las industrias, ya sean de gran tamaño (los GAFA: Google, Apple, Facebook y Amazon) o startups. En el sector financiero, estas startups se conocen como fintechs y buscan un nicho concreto dentro de la cadena de valor, desagregando los servicios financieros.

Las oportunidades y los retos

González-Páramo ha destacado que estos cambios “están replanteando la banca minorista tradicional”.

Los clientes tienen más poder que nunca y, como siempre, son la clave para sobrevivir en este nuevo entorno

Los clientes tienen más poder que nunca y, como siempre, son la clave para sobrevivir en este nuevo entorno, por lo que se deben poner en el centro de cualquier iniciativa con el fin de mejorar su experiencia. En el nuevo entorno, la tecnología es la herramienta esencial para cumplir este cometido, ya que todos los productos y servicios se pueden mejorar en diferentes etapas de diseño, producción y distribución mediante la adición de características “digitales” que aumentan su valor percibido por los clientes.

Surge así una gran oportunidad para añadir valor mediante la adopción digital, accediendo a millones de nuevos clientes, aprovechando los datos y la tecnología. Pero esto no acaba aquí, sino que esta revolución hace más accesibles los servicios financieros a una mayor parte de la población. Es lo que llamamos inclusión financiera digital, ha destacado.

BBVA está utilizando la tecnología para impulsar los ingresos a través de experiencia de cliente, las ventas digitales y de la función de asesoría (above the glass) y generar ahorros de costes a través de cambios en el modelo de distribución, mejoras en la productividad e implantación de nuevas plataformas tecnológicas y formas de trabajo agile (below the glass).

BBVA

En cuanto a los retos, el consejero ejecutivo de BBVA ha destacado tres principalmente. El primero es el que afecta a la salvaguarda de los datos de los clientes, que se han convertido en una nueva moneda de intercambio, y también un nuevo activo que se ha de proteger. Aquí, en su opinión, la clave es la confianza: los clientes entregarán sus datos si perciben que confiar y aceptar esta cesión supone un mayor valor añadido y un mejor servicio.

El segundo de los retos asociados a esta Cuarta Revolución Industrial es la ciberseguridad. Dado que estos ciberriesgos son en su mayoría transfronterizos, José Manuel González-Páramo ha considerado “esencial la cooperación internacional entre los gobiernos y los actores privados para asegurar eficazmente la seguridad”. Por último, el tercer reto que ha destacado es la inteligencia artificial, que modificará la interacción en áreas como los asistentes virtuales o la automatización a través de algoritmos.

La transformación digital de la industria financiera

El consejero ejecutivo de BBVA ha afirmado que el contexto actual de bajos tipos de interés y crecimiento conduce hacia la búsqueda de procesos de transformación que permitan reducir costes y aumentar ingresos. A esto hay que sumar, ha dicho, los problemas de reputación asociados a la banca y la asimilación de lo que califica como “tsunami regulatorio”. Pero lo que realmente está cambiando la industria financiera es la transformación digital.

En su opinión, “la verdadera cuestión no es si la banca va a cambiar radicalmente, sino si los bancos seguirán desempeñando un papel importante en el nuevo ecosistema financiero”. Para ello, ha asegurado, la banca tendrá que adaptar su estrategia para sobrevivir a la competencia de los nuevos participantes. El éxito vendrá por la capacidad de aprovechar su principal activo: la experiencia del cliente; restablecer su reputación; y, finalmente, alcanzar menores precios y automatizar los procesos para que los clientes puedan dedicar sólo el tiempo que consideren necesario a la administración de sus finanzas.

La verdadera cuestión no es si la banca va a cambiar radicalmente, sino si los bancos seguirán desempeñando un papel importante en el nuevo ecosistema financiero

Este modelo, ha explicado José Manuel González-Páramo, requiere profundos cambios de talento y cultura dentro de las entidades financieras, que deben evolucionar hacia una mayor agilidad y flexibilidad, estructuras menos jerárquicas y entornos más colaborativos. Se trata de una transformación en tres áreas: tecnológica, estratégica y en términos de la cultura corporativa y el talento. Es, en definitiva, una reinvención completa de la actividad bancaria.

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