La ‘startup’ española Delectatech desarrolla inteligencia artificial para conocer tendencias gastronómicas o detectar los platos que más van a triunfar en un restaurante.

¿Qué plato les ha gustado a los clientes que visitan un restaurante? ¿Cuál va a ser la próxima tendencia gastronómica? ¿Quién es tu competencia? La startup Delectatech, nació en 2013 para aplicar la inteligencia artificial en la hostelería, ultima detalles para lanzarse al mercado en verano dos años después de ganar el premio CVC jóvenes emprendedores. Tras confesar que llevan meses de locura, Xavier Mallol explica que varios restaurantes están testeando el software que analiza miles de recetas, las cartas de los restaurantes o comentarios de clientes en redes sociales.

Marc Guerrero y Xavier Mallol, socios de Delectatech.

“En lugar de coger a 2.000 personas que se lean todo lo que se publica de algún restaurante, tenemos un sistema inteligente que lee todo, aprende conceptos y es capaz de distinguir si alguien al hablar de arroz se está refiriendo a la paella o al postre con leche”, cuenta el ingeniero informático de 30 años, que abandonó su trabajo como desarrollador en una empresa para lanzarse a impulsar la startup con Marc Guerrero, también informático y experto en marketing online.

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Si un restaurante contacta con Delectatech, explica el fundador, “lo primero que te decimos es cómo te ven desde fuera. Cuando un comensal sale a comer puede pasar dos cosas, que te conozca o que no te conozca. Te damos esa información y, después de visitar tu local, te decimos qué es lo que más les ha gustado y el porqué”.

Además, añade Mallol, realizan “un análisis cualitativo y cuantitativo”. A ello se suma información sobre la competencia (“lo que están haciendo bien y mal”) y, por último, “qué perfil de mercado tiene tu zona”.

El software, que realiza estudios de mercado en tiempo real, analiza cuatro tipos de conocimiento: de gastronomía, de servicios, de precios y de ambiente. Tampoco se olvida de la geolocalización: “Una franquicia de Burger King nos contactó para conocer el grado de éxito que puede tener un sitio en determinada zona”, destaca Mallol, que añade que no pueden asegurar “el éxito total, pues si no lo gestionas bien da igual en qué sitio esté”.

El emprendedor relata que los inicios han sido muy duros y señala las trabas administrativas en España para poner en marcha una idea. “Tuve la oportunidad de comentárselo directamente  al presidente del Gobierno en una charla: al principio, las startups que están fabricando algo generalmente no facturan, pero deben de pagar por ser autónomos, impuestos… algo que no pasa en Europa. Aquí, tener que pagar te obliga a ir a la financiación pública que es muy, muy lenta, o a la privada, que todavía tiene una mentalidad de quien quiere asegurar la inversión”, explica.

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Aunque mirando hacia atrás el fundador también resta importancia a su aventura:  “Con 26 años y terminada una carrera en donde, afortunadamente, no falta trabajo y hay muchas salidas, no lo veía tan arriesgado”. Para Mallol, lo importante cuando se es emprendedor es “cambiar el chip. No es lo mismo hacer un producto que crear una empresa. Hasta que no te pones delante del toro no sabes lo que es. A veces te sientes muy solo”.

Con ese chip nuevo el fundador también se preocupa de que su compañía “tenga cosas que antes echaba de menos, como flexibilidad para los trabajadores. Aquí nos reunimos para definir las tareas y después cada uno ya sabe lo que tiene que hacer y se administra como quiera o pueda. No creo en los horarios fijos, cada uno rinde a su manera”.

Ocho personas -cuatro a tiempo completo- forman la plantilla de la empresa, que cuenta con ingenieros, filólogos y expertos en marketing, y que aspira a conquistar con datos a los dueños de los restaurantes a partir de este verano.

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