En tres años, según Business Insider, el número de objetos conectados se triplicará, pero el Internet de las Cosas aún tiene muchos retos que superar para lograr convertirse en una realidad cotidiana. Estándares, plataformas más consolidadas o la popularización de los asistentes de voz son algunas de las tareas pendientes en las que se deberá avanzar en los próximos cinco años.

El Internet de las Cosas (IoT) camina imparable para que vivamos conectados en todo momento. Esta es una de las conclusiones clave de la última edición de CES 2017, la mayor feria mundial de electrónica de consumo que se celebró en Estados Unidos el mes pasado. Una tecnología emergente que avanza a pasos agigantados gracias al potencial que ofrece el análisis de los datos en tiempo real de todos los objetos conectados y que aspira a hacer la vida más fácil a todos los ciudadanos.

En tres años, dicen los expertos, prácticamente se triplicará el número de objetos conectados, pasando de los 10.000 millones actuales a 24.000 millones.

El experto en IoT César García, fundador del espacio de fabricación digital Makespace Madrid, contextualiza este auge a BBVA: “La primera estimación respecto al número de objetos nos hablaba de 50.000 millones de objetos conectados en 2020. Se ha ido reduciendo paulatinamente hasta llegar a los 20.000 – 30.000 millones. Parecía que todos los usuarios iban a tirar sus objetos no conectados por las ventajas de los nuevos dispositivos, aunque lo que está ocurriendo es que se están reemplazando esos objetos a un ritmo más lento: cuando se rompen, suelen sustituirse por objetos conectados que tienen nuevas funcionalidades”. Aún así, apunta, “el crecimiento del número de objetos conectados sigue siendo espectacular”.

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Claves para el futuro próximo

Los dos especialistas destacan varias tendencias en el próximo lustro. La principal va a ser el auge de los asistentes de voz para interactuar con todos los dispositivos de nuestra casa. “Las pantallas van a dejan de ser nuestra única forma de interactuar con los objetos conectados. Soluciones como Amazon Echo (Alexa) o Google Now permiten una interacción más natural y resultan más sencillas para personas con menos conocimientos técnicos” destaca García que puntualiza: “Como contrapartida, requieren el envío de todos estos comandos de voz a la nube para ser procesados”.

La consolidación de las plataformas es otra de las tendencias que cita el experto. “En los últimos años se ha trabajado con modelos en los que cada objeto conectado venía con su aplicación propia, no hablaba con ningún otro aparato y necesitaba un dispositivo extra conectado al router. Poco a poco están emergiendo plataformas más consolidadas, como Apple HomeKit, que permite al usuario final garantizar la compatibilidad entre sus dispositivos sin tener que recurrir a aplicaciones específicas para cada cosa”, explica García.

Otro de los puntos en los que se está avanzando es en la definición de estándares específicos para IoT. “Cuando comenzaron a surgir los primeros objetos conectados, éstos utilizaban los estándares existentes de conectividad. Recientemente se han empezado a lanzar soluciones específicas  -tecnologías de bajo consumo- que optimizan el uso de las baterías a cambio de un envío de datos más reducido”, puntualiza García.

“Además de la aparición de innumerables nuevos servicios IoT en nuestro día a día, habilitados por una reducción de costes en dispositivos y comunicaciones, desde el punto de vista más tecnológico los próximos años deberán ver una consolidación de las redes de comunicaciones y protocolos a usar dentro del IoT”, coincide Bruno Cendón -ingeniero y CTO de la startup de IoT TST en declaraciones a BBVA.

Para Cendón, “la convergencia del IoT la veremos en el momento que podamos empezar a hablar del 5G, que debería traer perfiles de comunicación que habiliten aplicaciones en el mundo IoT. Mientras tanto, tecnologías existentes y otras nuevas fuera de los estándares, intentarán ganar cuota de mercado IoT”.

Pero además, dice Cendón, “el Gobierno debería empezar a entender que el IoT tiene una entidad propia y que existen necesidades de control o regulación en asuntos clave como por ejemplo la ciberseguridad o el uso de los espectros no licenciados”. Se muestra especialmente crítico con las políticas actuales: “Carecemos de una estrategia IoT como país. Alemania, Francia o Reino Unido se creen la historia y apuestan por ella”.

La seguridad, un factor delicado

La seguridad es uno de los problemas principales a los que se va a enfrentar un mundo totalmente interconectado, opina García: “En los últimos meses se han realizado ataques masivos utilizando redes de objetos conectados zombies. Múltiples fabricantes han comenzado a tomar medidas para reducir este tipo de ataques, pero hasta que éstas consigan ponerse en marcha podemos esperar varios ataques más dirigidos contra partes fundamentales de la arquitectura de internet”.

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Aunque no sólo le preocupa ataques a los cimientos de la tecnología, sino también la privacidad de los usuarios. “¿Qué ocurre cuando los objetos conectados recopilan datos personales sin parar? ¿Dónde se están almacenando estos datos? ¿Qué uso se les está dando? Los acuerdos de cliente incluidos en muchos dispositivos están explorando los límites respecto al uso de estos datos, muchas veces sin una comprensión clara por parte de los usuarios finales”, cuenta el fundador de Makespace.

Asimismo, pide implicación por parte de la Administración. “En la actualidad existen multitud de leyes, cientos de regulaciones, pero no se dispone de recursos o voluntad para ponerlas en práctica. Si nos ceñimos a ejemplos prácticos, disponemos de leyes sobre los datos de carácter personal y sobre ciberseguridad”, dice García. También exige responsabilidad en el comportamiento de los usuarios y empresas: “Los usuarios no se preocupan por los problemas de seguridad hasta que no tienen un problema grave, las empresas no invierten recursos en seguridad porque no son mejor valorados por la mayoría de clientes, una sobrerregulación en cuanto a las condiciones limita la posibilidad de entrada de nuevos agentes”, subraya.

En el avance imparable del Internet de las Cosas muchas empresas se quedarán por el camino, en especial si sus propuestas, pese a su conectividad, no aportan nada al usuario final. García pone de ejemplo “la huevera conectada de Quirky, que nos informaba sobre la fecha de caducidad de una docena de huevos, la empresa no ha funcionado tras lanzar varios productos sin utilidad aparente”.

Para crear servicios atractivos para el usuario y rentables para la empresa, dice Cendón a BBVA, “necesitamos llegar a volúmenes críticos y las tecnologías deberán estar ahí para responder;  tanto las redes de comunicaciones como los fabricantes de dispositivos. ¿Se van a cumplir las previsiones? No lo sé, los números hablan de que estamos dentro de una tendencia al alza pero no debemos obsesionarnos con ellos y sí con la rentabilidad y la variedad de servicios IoT”.

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