Ya hay ‘startups’ especializadas en el envío de remesas utilizando ‘blockchain’ y con ‘bitcoin’ como moneda de referencia, pero este nicho de las ‘fintech’ está aún muy lejos de ser una alternativa consolidada.

El envío de remesas mueve globalmente más de 552.000 millones de dólares anuales, según datos del Banco Mundial. Europa y Asia Central es, según la división establecida por este organismo, la zona mundial que más remesas recibe, el 26% de la cifra global, a pesar de que los dos principales receptores de remesas del mundo -China y Filipinas- no pertenecen a esos mercados. Iberoamérica y el Caribe también son importantes para las transferencias internacionales de dinero -un 12% del mercado global- con México, que recibe más de 26.000 millones de dólares básicamente de Estados Unidos, como el país más destacado.

En algunas economías pequeñas las remesas son un elemento clave. Por poner sólo dos ejemplos, Líbano (el país con mayor recepción de remesas per cápita del mundo) recibe 7.000 millones de dólares anuales con solo cinco millones de habitantes, mientras que el 23% del PIB de Moldavia proviene del dinero enviado desde el extranjero. Esa es la cifra extraoficial, porque hay estimaciones que aseguran que teniendo en cuenta los envíos alegales, esa cifra aumenta hasta el 60%.

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De nacionalidad precisamente moldava, la economista Alina Cazachevici es una experta en las implicaciones económicas del envío de remesas. En unas recientes jornadas organizadas en Madrid sobre transferencias y mercados internacionales recordaba cómo la crisis económica que sacudió su país tras la caída del comunismo forzó a muchos moldavos a emigrar. “Enviaban dinero a casa a través de los mismos conductores de los autobuses de ruta que cruzaban Europa de este a oeste. Aún hoy de vez en cuando se envía dinero a casa así, porque en Moldavia hay crisis bancarias periódicas”, afirmó.

¿Tienen futuro este tipo de recursos tradicionales? Si las economías que más remesas reciben han progresado mucho en las últimas dos décadas, el avance tecnológico global ha sido aún más grande. La digitalización de la banca y el desarrollo de los teléfonos inteligentes ya han cambiado la industria, y ahora la gran promesa, por confirmar, es blockchain. ¿Puede esta tecnología transformar drásticamente este sector de la economía mundial?

Filipinas ya lo está intentando y varias startups exploran soluciones parecidas. Luis Buenaventura, responsable tecnológico de la startup filipina Bloom, afirma que envía “en 10 minutos con bitcoin lo que antes tardaba dos o tres días de forma tradicional”. Otras fintech especializadas en el envío de remesas en la región son Abra o AirPocket.

Sin embargo, no todos los expertos comparten el optimismo de Buenaventura sobre el uso de bitcoin para el envío de remesas. En un artículo del blog especializado Saveonsend se señala que a día de hoy es una opción interesante solo para inversores que quieran diversificar su cartera con la moneda digital, especuladores… e interesados en la evasión de impuestos.

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Además, señalan, si bien es cierto que la transacción financiera con bitcoins es muy rápida, el tiempo está empezando a dejar de ser un problema para el envío de remesas de forma tradicional, con cada vez más firmas especializadas capaces de bajar de la barrera de las 24 horas.

Otro desafío por resolver es la regulación, pues ningún Estado reconoce las criptomonedas como bitcoin como dinero legal, y solo algunos, como Japón, han avanzado en su reconocimiento. En este sentido, Faisal Khan, otro de los expertos en remesas presentes en la cumbre de Madrid, apunta que el reconocimiento y generalización de las criptomonedas para el envío de remesas podría tener un impacto enorme en las reservas en moneda extranjera de determinados bancos centrales, lo que explicaría sus reticencias.

No obstante, la cuestión fundamental para que blockchain sea un factor clave de este sector de la economía no tiene nada que ver con la tecnología. Como explicaba Cazachevici, si los emigrantes no tienen información sobre cómo hacer transferencias rápidas, económicas y seguras, seguirán confiando en sus métodos tradicionales. Puede que la tecnología cambie las tripas del negocio financiero, pero su corazón sigue siendo el mismo: la confianza.

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