Aplicaciones, filosofía open source y las posibilidades que abren las redes sociales dan otra perspectiva al arte y ayudan a que las obras tengan una segunda vida.

“Ves tan cerca la imagen que sientes la tensión del cuadro”, así define Javier Espadas, jefe del área de tecnología del Museo Thyssen-Bornemisza, la app ‘Second Canvas‘ que permite percibir los cuadros en calidad gigapixel. Una tecnología que llega donde no puede el ojo humano, que bucea debajo de las capas finales y que permite conocer hasta los trazos arrepentidos del artista. Para Espadas con esta tecnología “ves la obra con vida”.

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El proyecto, que cuenta con la colaboración de la Fundación BBVA, es una muestra de cómo la tecnología transforma la relación entre los visitantes y las obras de arte. Las miles de personas que llenan las salas no quieren solo pasear delante de los cuadros, buscan sensaciones y no se conforman con hacerse un selfie delante de un lienzo de Francis Bacon. Seducir a los visitantes es el objetivo del Museo Thyssen, que lleva dos años preparando su nueva web y ultima este mes los detalles antes de su lanzamiento. Un trabajo en el que, cuenta Ana Álvarez -responsable del proyecto- “se ha involucrado a todo el personal del museo y en dónde se ha repensado todo”.

“La tecnología cambia la perspectiva al acercarnos a los cuadros, nos ofrece nuevas fórmulas”, destaca Espadas. Aunque para el jefe de tecnología el desafío no está sólo en el desarrollo, “el reto es contar historias”. Historias como los tiestos que pasan desapercibidos en la obra Piazza Navona de Gaspar van Wittel -en portada- que, como explica Salas, “es un cuadro pintado con un nivel de detalle alucinante. La sombra del tiesto es una pincelada, un detalle. Y eso hace que los tiestos tengan sentido”. Unas vasijas que pasan a formar parte del cuadro -resucitan- gracias a la tecnología gigapixel de Google y la herramienta de la empresa española Madpixel.

Second Canvas es la app para ver las obras en súper-alta resolución

Museo Thyssen-Bornemisza

Espadas comenta también que “la capacidad de contar historias está en los museos. La tecnología ayuda a crear esas nuevas historias, que son nuevas formas de transmitir el museo y de acercarte a él”. Para el responsable “estamos en un momento de transformación digital pero no solo en los museos, en las empresas, en las familias. Llamémoslo digital, de adaptación, un proceso de permanente transformación”.

Los museos, añade “nos hemos encontrado con un modelo de crisis y con un producto que no es de primera necesidad ni barato”. Para sortear esta crisis, la tecnología se convierte en un salvavidas pues “permite tener una gran impacto”.

Pero para obtener el favor del público, insiste el experto, hay que cuidar los contenidos. “Tenemos lo más importante: el conocimiento y las colecciones. No es algo trivial: quién mejor que los profesionales -conservadores, comisarios, restauradores…- para contar cada cuadro”. El jefe de tecnología es tajante, los mejores contenidos deben salir de los propios museos, o en su defecto de terceros, siempre bajo supervisión de los mismos.

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Redes sociales y open source

Renoir apesta como pintor. Así comenzaba uno de los vídeos que lanzó el museo para promocionar la muestra sobre el pintor francés. El lema de una plataforma que se creó en Estados Unidos contra el artista sirvió para despertar el interés y que el vídeo corriese como la pólvora por las redes sociales.

Aparte de contar buenas historias y de ver con otra perspectiva los cuadros, para el responsable “hay que estar en YouTube, en Pinterest, en Instagram, Vimeo… es muy importante ir a los sitios donde la gente interactúa. Y el activo digital tiene que ser atractivo. Si no estamos en esos medios en los que ellos se mueven a diario y de manera natural nunca vamos a tener su interés”.

El open source es otra de las apuestas de la pinacoteca. Una iniciativa que ya han llevado a cabo museos internacionales -el Metropolitan de Nueva York anunciaba a mediados de febrero que ‘liberaba’ 375.000 imágenes de sus obras– y que para Espadas es toda una filosofía. Y se explica:  “es importante para la gente que pueda acceder a datos, historias, pinturas, recursos fotográficos, cartas digitalizadas, mapas, vídeos, repositorios como Europeana… porque si tienes una idea con estos datos puedes crear un producto muy rico, una grandísima historia. Tenemos que ir hacia la cultura de los datos abiertos”.

¿Y cómo se monetiza? Para el especialista no es sencillo: “Uno de los elementos que quizá nos falle es preguntarnos lo que significa el aporte económico para una ciudad, para un país, de los museos y la cultura”. Espadas añade que la primera misión del museo es difundir sus colecciones: “Ahí es donde está la cultura de los datos abiertos. Ofrecer mis contenidos de una forma generosa y de calidad. El retorno económico es una segunda derivada y será complicado afrontarlo”.

Espadas trabaja ya la futura explotación abierta de los datos. Unos datos valiosísimos que pueden servir a educadores de todo el mundo, a artistas o a todo tipo de audiencias para poner en marcha ideas creativas. Con esa filosofía aspira a darle una segunda vida a todas las obras del museo.

Javier Espadas, jefe de tecnología del Museo Thyssen Bornemisza

javier espadas cto thyssen

Javier Espadas es CTO, asesor tecnológico y transformador digital del Museo Thyssen-Bornemisza.

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