Marvin Minksy, considerado el precursor de la inteligencia artificial (IA), ha fallecido a los 88 años de edad como consecuencia de una hemorragia cerebral. Minsky fue galardonado en 2014 con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Tecnologías de la Información y la Comunicación. Era profesor emérito del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT) de Boston e hizo grandes contribuciones en las áreas de las matemáticas, ciencia cognitiva, robótica y filosofía.

Minsky (Nueva York, 1927) dedicó su vida a los ordenadores. Licenciado en matemáticas por la Universidad de Harvard, vio en el cerebro una maquinaria que podía ser replicada por los ordenadores. Fue uno de los primeros en hablar de Inteligencia Artificial y, junto a otros tres estudiosos, hizo de ella una disciplina científica. Estaba convencido de que los ordenadores podían ser dotados de sentido común y así, humanizar las máquinas.

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Fotografía inteligencia artificial- CIBBVA

Cuando recogió el galardón de la Fundación BBVA, Minsky destacó la importancia de crear ordenadores más inteligentes para poder entender el funcionamiento del cerebro y cómo aprendemos a pensar y a sentir. Admitió que, desde los años 40, la Inteligencia Artificial ha permitido el desarrollo de estas máquinas pero que, todavía, no son capaces de aprender de la misma manera que lo hacemos nosotros. Cerró su intervención pasándole el relevo a una nueva generación y los animó a seguir trabajando en “la investigación básica a largo plazo”.

Para que hoy veamos normal lo que los ordenadores y los móviles son capaces de hacer, tuvo que haber alguien que viera más allá de una máquina grande y lenta. Y uno de ellos fue Minsky que tuvo la “suerte”, como él mismo aseguró en una ocasión, de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Primero en Harvard, después en Princeton donde estudió un posgrado y pudo codearse con los mejores matemáticos del mundo y finalmente en el MIT.

“En los últimos años no he visto nada que me sorprenda”

Minsky sostenía que el mayor avance en la inteligencia artificial se hizo entre la década de los 60 y los 80. “En los últimos años no he visto nada que me sorprenda”, declaró hace un par de años. Achacaba eso a la falta de recursos en la investigación básica a largo plazo que impide que se abran nuevos campos de estudio y provoca que los jóvenes investigadores tengan que conformarse con algo “menos imaginativo de lo que podrían haber hecho”.

El matemático ha fallecido convencido de que los ordenadores algún día serán tan inteligentes como los humanos ya que la mayor ventaja con la que cuentan las máquinas es su inmortalidad. “Un problema con la gente es que cuando alguien llega a ser muy bueno en cierta habilidad, cuando esa persona muere, la habilidad se pierde porque no tenemos una representación explícita todavía de cómo un cerebro humano lleva a cabo cualquier cosa complicada.”

La vida de Marvin Minsky en hitos

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Fotografía de una pizarra con fórmulas matemáticas- BBVA

Minsky se graduó en Matemáticas por la Universidad de Harvard en 1950. El libro de Nicolas Rashevsky, Mathematical biophysics, despertó en él su inquietud por crear “máquinas pensantes”. En su tesis doctoral, fruto de un posgrado en la Universidad de Princeton, analizó cómo se podían construir redes neurales capaces de aprender. Desarrolló sus teorías cuando los ordenadores eran máquinas inmensas a las cuales el acceso era muy restringido y las tareas que realizaban, pocas.

Se habló de manera oficial de Inteligencia Artificial en Dartmouth College en 1956. Junto a Minsky, estaban John McCarthy, Allen Newell y Herbert Simon. El optimismo que reinaba en esos años en torno a esta nueva ciencia resultaba casi utópico. Aun así, el gran problema que identificó Minsky era la falta de “sentido común” que existía en los ordenadores. Según él, no somos conscientes de lo maravillosa que es nuestra capacidad de aprender por nosotros mismos guiados por la intuición.

En 1959, y ya convertido en el padre de la inteligencia artificial, Marvin Minsky ingresó en el MIT y fundó, junto a su compañero McCarthy, el Laboratorio de Inteligencia Artificial.

Quien diga que hay diferencias básicas entre la mente de los hombres y las máquinas del futuro se equivoca

Pero el trabajo de este matemático no solo se desarrolló en el campo de la IA, fue también quien inventó el microscopio confocal (1955), un brazo robótico (1967) o un pequeño robot que dibuja al moverse y se conecta al ordenador (1972). El famoso HAL 9000, que Stanley Kubrick recreó en la película 2001: una Odisea del Espacio, fue cosa de Minsky al igual que la trama de Parque Jurásico de Michael Crichton (1990).

El cineasta español Kike Maíllo, ganador del premio Goya al mejor director novel en 2012, tuvo la oportunidad de conversar con Minsky. Su película, Eva, traslada al espectador a un año 2041 en el que los humanos conviven con robots.

Gracias a publicaciones como La sociedad de la mente (1987) o La máquina de las emociones (2006), entre otros, el legado de Minsky queda intacto. Según él, conocer mejor el funcionamiento del cerebro permite construir máquinas más inteligentes y éstas, a su vez, permiten entender mejor el cerebro. El dilema está en si hay que crear máquinas más inteligentes que nosotros. A eso, Minsky contesta: “Hoy por hoy solo hay una cosa cierta: quien diga que hay diferencias básicas entre la mente de los hombres y las máquinas del futuro se equivoca”.

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