Acuarela. Del latín ‘aqua’. Definida en el diccionario como ‘pintura realizada con colores diluidos en agua’. Para Luis Miguel López, el agua que corre por las laderas de las montañas que escala. Dos pasiones que aúna con una sensibilidad de artista.

Gracias a este cámara y alpinista, hemos visto a Carlos Soria llegar a la cumbre de una de las montañas más altas del mundo, el Kanchenjunga, u otras montañas, como el Ama Dablam. Siempre detrás del objetivo de su cámara, se ha sentado delante de éste para contarnos otra de sus grandes conocimientos, la pintura.

Con un vínculo muy estrecho con la montaña, Luis Miguel López empezó a pintar hace unos 25 años, cuando comenzaron sus grandes viajes y expediciones. “Aunque siempre me había gustado el dibujo, encontré el momento perfecto para captar el paisaje a través de la acuarela”, nos cuenta.

Lleva un equipo muy ligero que le permite interpretar el entorno de una manera clásica, ajena a las revoluciones de la imagen digital. De ahí que la técnica que emplea sea la acuarela, porque “la huella del paisaje queda recogida en el dibujo, lo que le otorga un sentimiento más especial”. Y es que este pintor de alta montaña emplea para sus pinturas acuarela agua recogida de un río o de los arroyos que descienden desde los glaciares de las montañas.

Carlos Soria, autor del prólogo: “Es un formidable trabajo sobre religión, historia, geografía y etnografía de los países donde se encuentran las grandes cordilleras de la Tierra”.

Un recorrido por las grandes cordilleras de Asia

No hay montaña que se le resista a Luis Miguel López. “Desde mis inicios, durante una estancia en Las Highlands escocesas, siempre me acompañan las acuarelas”, afirma el compañero de Carlos Soria. Ahora, con sus acuarelas de paisajes recopiladas en el libro ‘Montañas de agua’, podemos disfrutar de un recorrido a través del ‘Techo del Mundo’.

Acuarela del Dhaulagiri, realizada por Luis Miguel López

Cincuenta paisajes de acuarela ordenados geográficamente, que representan las grandes cordilleras de Asia, desde Irán al Tíbet, pasando por Afganistán, Tayikistán, Sinkiang, Pakistán, India y Nepal. “Con cada ilustración se acompaña un texto, como un cuaderno de viaje, alternado con apuntes sobre datos geográficos, históricos o etnográficos”, desvela Luis Miguel.

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Muchas tienen un significado especial para su autor, pero merecen especial mención los contornos de las Torres del Trango (Pakistán): “Mientras las dibujaba, sin saberlo, en un hospital de España nacía mi hija Lucía; todavía tardaría casi dos meses en conocerla”.

Y entre dibujo y dibujo, muchas anécdotas. “Fue especial el día que me encontraba pintando los rincones de una aldea entre Pakistán y Afganistán y unas niñas empezaron a jugar con las pastillas de mis pinturas. Acabaron decorando sus caras y participando mujeres de todas las edades. Mis acuarelas fueron la herramienta perfecta para el maquillaje que llevarían a la fiesta nocturna de la aldea”, recuerda.

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