Aunque ya no sea noticia en los telediarios, la herida del terremoto que asoló Nepal en abril de 2015 sigue abierta. Katmandú ha recuperado el ritmo habitual a marchas forzadas pero donde más se notan las consecuencias del desastre es en las poblaciones alejadas de la capital. Las ayudas de las organizaciones internacionales tardan en llegar y el gobierno tampoco agiliza la situación. Sin embargo hay asociaciones que están consiguiendo grandes logros con pocos recursos.

Luis Miguel López, cámara y compañero habitual de Carlos Soria en las Expediciones BBVA, vivió el terremoto de Nepal de la primavera de 2015 en el Campo Base del Annapurna. Sintieron un fuerte temblor que hizo crujir la montaña y enseguida intuyeron que no había sido una simple sacudida. Al volver a Katmandú fueron testigos de los estragos que había causado en la población. Casas destruidas, familias en las calles y mucha confusión. Luis Miguel no lo dudó un momento y se quedó en Nepal para intentar ayudar en lo que estuviera en sus manos.

Volvió a España con las ideas revueltas y el corazón del revés. No podía ser tan difícil ayudar a esas gentes que escarbaban en las ruinas en busca de ladrillos para reconstruir sus hogares. Pronto se puso manos a la obra y creó Ayuda Directa Himalaya. La asociación nació con el objetivo no solo de recaudar fondos sino también de asegurar que cada aportación llegara a los destinatarios finales. “Tratamos de transformar los donativos en recursos para el propio país, contribuyendo a la economía local”, afirma Luis Miguel.

 

En los primeros momentos del desastre llevaron 14.525 kg de arroz, sal y aceite a diferentes aldeas remotas con los cerca de 8.000 euros que lograron recaudar. Ya en octubre organizaron un trekking solidario de la mano de Carlos Soria e iniciaron labores de reconstrucción y rehabilitación de dos escuelas. Dos iniciativas que ya son realidad.

La escuela de la localidad de Lwasa está prácticamente acabada y el colegio de Pawai también está muy avanzado.  El primero es un edificio con 3 aulas y el segundo cuenta con 5 clases. “Ambas están construidas sólidamente. Se han aprovechado los recursos naturales de la zona: madera, arena y piedra y se ha llevado cemento, herramientas y material desde otras poblaciones mayores. Para su construcción y el transporte se ha contado con la participación de toda la comunidad, contratando a porteadores y arrieros locales y desarrollando una importante actividad laboral y económica en la zona”, comenta Luis Miguel.

 

Todavía queda mucho por hacer. De hecho, el creador de esta asociación viajará a la zona a mediados de febrero para supervisar el fin de las dos obras y comenzar un nuevo proyecto de ayuda a comunidades remotas. “Toda ayuda es poca para este pueblo que nos ha dado tanto a los montañeros”, sentencia.

Comunicación corporativa