Los movimientos migratorios y los consecuentes efectos económicos y sociales que conlleva han ido tomando una dimensión cada vez mayor. De acuerdo a las estadísticas del Banco Mundial, las remesas de los migrantes en el 2008 superaron los US$ 300 mil millones.

Latinoamérica y el Caribe representa el 20% de ese total, siendo México el principal receptor con una participación de más del 40% del grueso de remesas en la región.

En términos relativos, los envíos de dinero por parte de los migrantes, puede ser de enorme relevancia dependiendo de cada realidad. Tal es el caso de las economías de Guyana, Honduras, Haití y El Salvador, donde el envío de remesas representan entre el 17% y el 25% de sus respectivos PIB. Para algunos de estos países las remesas son tan o más importantes que la inversión directa extranjera o las inversiones en los mercados de capitales.

Dada la dimensión alcanzada por este fenómeno, es de enorme interés concentrarnos en los efectos que la actual crisis mundial podría tener sobre Latinoamérica. La crisis en los países receptores de migrantes impactará con alta probabilidad a los países de origen.

Un estudio de Pablo Fajnzylber y J. Humberto López, titulado “The Development Impact of Remittances in Latin America” señala que las remesas siguen un comportamiento procíclico con respecto al crecimiento económico en los países donde trabaja el migrante y contracíclico respecto a la dinámica del producto en los países receptores de las remesas.

El desempeño reciente de la economía parece confirmar lo anterior, si nos dejamos guiar por algunas estadísticas. En México, por ejemplo, los datos señalan que el flujo de remesas se ha venido desacelerando desde comienzos del 2006, donde alcanzó un crecimiento interanual pico de más de 25%, y a partir de ahí comienza un proceso de desaceleración hasta comenzar a contraerse desde comienzos del 2008, en clara relación con el comportamiento del ciclo económico en los Estados Unidos, como lo analiza Situación Migración México del BBVA del 2009.

De acuerdo al reporte de Migration and Development Brief Nº8 el flujo de remesas se contrajo en cerca de 4% durante el 2008. El problema no es sólo macroeconómico sino también microeconómico, pues las remesas se constituyen en un flujo importante de recursos para determinados segmentos de la población, especialmente en los estratos de menores ingresos.

No obstante esta contracción, diferentes estudios señalan que las remesas tienen un importante soporte estructural o resiliencia respecto al comportamiento de otros indicadores económicos reales. Es decir, si bien el flujo de las remesas se ve sentido como consecuencia del ciclo económico negativo, tiende a mostrar una menor volatilidad que otros flujos reales o financieros de acuerdo al análisis realizado en el Migration and Development Nº 9.

Algunos factores podrían explicar esta resistencia de acuerdo a experiencias observadas. Primero, el envío de remesas no depende exclusivamente de los ingresos generados en el período sino también de la riqueza acumulada. Segundo, los migrantes no suelen concentrarse en un sólo sector económico en los países donde trabajan sino que suelen estar esparcidos en diferentes áreas productivas; finalmente, si es que la crisis es muy fuerte y el migrante decide regresar a su país de origen, llevara consigo el capital acumulado lo cual se constituirá en una inyección importante de recursos.

La crisis actual puede generar efectos importantes sobre los mercados laborales como en la situación previsional de la salud y las pensiones de los migrantes. En caso de que los migrantes decidan regresar a su país de origen, habrá que observar el efecto de complementariedad o de sustitución con la estructura laboral existente pues podría afectar el actual estado del empleo y la informalidad en la región.

De la misma forma, tal como lo menciona Alvaro Forteza en el documento “The Portability of Pension Rights”, no serán menores los efectos de la crisis sobre las pensiones y seguridad social, la cual dependerá de la existencia y forma de acuerdos internacionales entre países que permita la portabilidad de los aportes realizados.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, la crisis tendrá efectos relevantes sobre la dinámica de la migración y las remesas, las que requerirán algún tipo de actuación conjunta entre los países de origen y de destino de los migrantes a fin de que las mismas sirvan como una palanca positiva para el desarrollo de los países de origen. Estas políticas debieran afrontar un análisis y solución multidimensional tal como lo señala un reporte del año pasado de las Naciones Unidas.

Para afrontar correctamente los temas se requerirá

– Un monitoreo y análisis del tamaño del fenómeno, sus canales, sus relaciones con los ciclos, sus efectos sobre las familias y sobre las decisiones de política.
– Revisar los canales minoristas bancarios que facilitan o limitan el envío de remesas de los migrantes a familiares.
– La búsqueda de una mayor conexión entre las remesas y el acceso a los mercados bancarios y financieros.

Informe completo en PDF
Información extraida del Servicio de Estudios de BBVA
Imagen | R.A.

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