Los países más dependientes de la financiación en los mercados internacionales y con dudas sobre la fortaleza de sus políticas monetaria y fiscal serán los más sensibles al cambio de política de la Reserva Federal estadounidense.

Tras la subida de tipos de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) del 0,5% notificada por Janet Yellen, presidenta de la entidad el pasado 16 de diciembre, el sistema económico-financiero global afronta la nueva situación como un reto para los próximos meses tras un anuncio que se da por primera vez en nueve años.

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Fotografía que ilustra los préstamos hipotecarios-BBVA

El comunicado de la Fed, que siempre analizan con lupa analistas e inversores, arroja algunas pistas sobre cómo será este estrenado periodo de subidas; una etapa, por otra parte, mucho más atípica que el de las anteriores, al haber partido de un nivel más bajo y estar la economía estadounidense en un punto avanzado del ciclo económico. Yellen, en su intervención, reiteró  que la subida de tipos será “gradual, cauta, muy prudente” y que tendrá en cuenta “multitud de datos”. La Fed pretende situar al precio oficial del dinero en un punto intermedio, “ni expansionario ni contractivo”.

La desaceleración de Latam

La decisión de la Fed afectará a Latinoamérica a corto plazo porque puede cambiar el sentido del flujo de capitales. La región está en periodo de desaceleración debido a factores como el abaratamiento de las materias primas y el menor crecimiento en China. Se espera que la actividad en América Latina se estanque o incluso se contraiga por primera vez en cinco años. Antes de 2013, cuando la Reserva Federal anunció el fin de la política monetaria expansiva, Latinoamérica recibía unos 100.000 millones de dólares por año y en 2015 se irán unos 50.000 millones, según algunas previsiones.

Ante este panorama los países latinoamericanos tendrán que adaptarse a un entorno de debilidad de su monedas frente al dólar. Los bancos centrales de los países van a tener que decidir si subir los tipos para evitar la depreciación de sus divisas y disminuir la presión sobre la inflación o mantenerlos para hacer frente a una situación de desaceleración económica.

Ante este panorama los países latinoamericanos tendrán que adaptarse a un entorno de debilidad de su monedas frente al dólar

Respecto a Europa, el euro debería caer frente al dólar, y encaminarse hacia la paridad. Además, limitará la capacidad adquisitiva de los europeos en Estados Unidos pero, a cambio, elevará la competitividad de la industria de la Eurozona y animará a los estadounidenses a visitar países del viejo continente. Asimismo, se pueden producir episodios de fuerte volatilidad en el corto plazo, pero si la normalización es gradual, será una situación transitoria que no acabará con tendencia alcista.

Movimiento de inversores hacia EE UU

También puede afectar al mercado financiero al elevar el atractivo de los activos denominados en dólares, lo que puede provocar movimiento de inversores de renta fija desde Europa a EE UU en busca de mayor rentabilidad. La decisión de Janet Yellen podría ser seguida por Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra. De ser así, desacoplamiento entre las políticas monetarias de las potencias mundiales sería aún más notable y podría obligar al Banco central Europeo a elevar los tipos antes de lo previsto. En este contexto, el euribor repuntaría.

En Asia la subida de tipos podría afectar al crecimiento de países que ya están bajo presión por la desaceleración de China

En Asia, la subida de tipos podría afectar al crecimiento de países como Malasia o Tailandia, que ya están bajo presión por la desaceleración de China, el enfriamiento de las exportaciones, la caída de los precios de las materias primas y la depreciación de las divisas.

Hay preocupación por la evolución de la solvencia de las empresas de países emergentes que se han apalancado en dólares en la última década. Desde el año 2008, cuando la política monetaria de EE UU impulsó hacia los mercados emergentes flujos de inversión en busca de rendimiento, las empresas de los mercados emergentes (en particular en los sectores de la energía y la construcción) han aumentado su endeudamiento en el exterior aprovechando este largo periodo de dinero barato.

El líder de este endeudamiento empresarial es China, donde la deuda corporativa ha crecido rápidamente hasta situarse en el 180% del PIB, el cuarto nivel más alto del mundo. Sin embargo, en el gigante asiático esta deuda se financia principalmente en moneda local, lo que fortalece su posición frente a un cambio en el sentimiento del mercado global.

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