El cambio de hora en marzo y noviembre: ¿realmente sirve para ahorrar energía?

El pasado sábado por la noche los habitantes de Estados Unidos perdieron una hora de sueño, y a su vez ganaron una hora más de luz durante el día, en el tradicional cambio de hora que se realiza en el mes de marzo. Una medida que rige cada año en una lista extensa de países con el fin de ahorrar energía, lo que se conoce como Tiempo de Ahorro de Luz (Daylight Saving Time o DST). El debate está en si esta medida sirve para ello, o el cambio produce más trastorno que ahorro.

Antes de comenzar es importante concretar qué es el cambio horario. Se define así al adelanto y atraso de una hora que se realiza en 81 países en todo el mundo cada primavera y otoño. Lo que se busca con la medida, es fundamentalmente el ahorro energético, buscando la coincidencia máxima, dentro de lo posible, de las horas de luz solar con el horario laboral.

Es decir, durante este ‘DST’ la luz del día comienza una hora después en la mañana y dura una hora más en la noche. Este cambio de horario empezó a generalizarse a partir del año 1974, con la primera crisis del petróleo, cuando un grupo de países decidió adelantar sus relojes para aprovechar mejor la luz del sol, buscando así consumir menos electricidad.

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Fotografía de La Vela de la Ciudad BBVA, ©Carlos Benítez-Donoso

Solo son 60 minutos de cambio pero cada vez que llega siempre surgen voces a favor y en contra. Estudios que destacan cómo se ahorra energía y otros que afirman prácticamente todo lo contrario. Al igual que con la salud: ciertos médicos destacan la clave está en los ciclos circadianos en los que la luz actúa como gran regulador de los procesos cíclicos, desde la vigilia y el sueño a los alimenticios, hormonales o incluso los defecativos. Un desajuste que, por lo general, los facultativos no le otorgan importancia y afirman que no se ha estudiado de forma exhaustiva.

En el lado de los detractores, existen estudios concretos que cuestionan la magnitud del ahorro energético logrado. Un estudio de 2008 en el estado de Indiana mostró que esta política, al contrario de lo que se busca, incrementaba el consumo energético de los hogares.

En esa misma línea, la prestigiosa publicación ‘Quartz‘ expone otros estudios realizados en Australia y Estados Unidos que muestran como el ‘DST’ no disminuye el uso total de energía. Señala que en el verano, cuando el cambio “alinea nuestras vidas con la parte más caliente del día“, la gente tiende a utilizar más el aire acondicionado y al levantarnos con menos luz se usa más la electricidad.

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En Europa, la Comisión Europea realizó otro informe en 1998-1999, elevado a los distintos gobiernos, en el que reconocía que los ahorros energéticos eran mínimos. La institución europea exponía que se movía entre el 0,1 % y 0,5 % en los países del sur de Europa.

En el campo bancario, un estudio de JPMorgan Chase Institute analizó 380 millones de transacciones con tarjeta bancaria después de los cambios horarios de otoño y primavera. Comparaba los hábitos de consumo en Los Ángeles y Phoenix (donde no se cambian los relojes) y probó que la hora de luz que ganaba Los Ángeles con el cambio horario apenas incrementaba el consumo un 1 % comparándolo con Phoenix; sin embargo, en otoño los consumidores iban mucho menos (3,5 %) a las tiendas después de salir del trabajo.

Existen 24 husos horarios pero hay un total de 39

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En 1884 se celebró en Washington la ‘Conferencia del Meridiano‘ y se tomó como referencia para todo el mundo la hora del ‘Meridiano de Greenwich‘ o meridiano cero. Desde ese punto hacia el este se ‘suman’ horas y hacia el oeste se ‘restan’.

El mundo se dividió en 24 gajos, llamados husos horarios, que de forma teórica son franjas que cubren 15º de longitud geográfica. Pero siempre se habla de la teoría porque los husos horarios reales son bastante más complejos. Y es que cada país, en función de sus intereses, adopta uno o varios husos, creando situaciones cuanto menos complejas.

Por tanto, existen un total de 39 diferentes zonas horarias oficiales. Existen casos dignos de mención como el de China, un gigante al que le corresponderían cinco husos horarios, pero que unifica sus relojes con la hora de Pekín. En EE. UU. existen cuatro husos dependiendo de la zona (costa este y oeste), más la hora de Alaska y la de Hawái.

Otro gigante como Rusia tiene nueve husos horarios, y hubo un tiempo que tuvo 11. Ejemplos que llaman la atención aunque los más sorprendentes son los denominados ‘fraccionarios’. Son los que se ajustan en treinta minutos e incluso en cuartos de hora. Países como Australia tiene una mezcla de todos.

¿Dónde se cambian las horas?

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Fotografía de Iphone Check Scan BBVA Compass

Una medida bastante generalizada, pero hay países que no se adhieren a este cambio horario. En la página web hora.es se puede consultar el listado completo por continente, siendo el europeo el que mayoritariamente modifica su uso horario.

  • En Europa, todos los países del viejo continente, a excepción de Bielorrusia y la parte europea de Rusia, realizan el doble cambio.
  • En América del Norte, Estados Unidos, Canadá y México rotan el horario, menos los estados de Arizona y Hawaii, en EE. UU.; Sonora, en México; y Saskatchewan, en Canadá.
  • En América Latina cambian el horario en Paraguay, Uruguay, Chile y la zona sur de Brasil. En cambio países como Venezuela, Surinam, Guayana y Guayana Francesa nunca han seguido este modelo de horario.
  • En Asia, Rusia es un caso especial, dado que el horario de verano fue introducido y cancelado varias veces. China lo implantó pero finalmente lo canceló, al igual que Corea del Sur. Los países de Oriente Medio que sí siguen el cambio de horario son Irak, Azerbaiyán, Israel, Palestina, Siria, Líbano y Jordania.
  • En África usan el cambio horario Libia, Namibia y Marruecos, así como parte del Sáhara Occidental, pero la mayor parte de los países del continente nunca lo han utilizado.
  • En Oceanía, el Territorio de la Capital Australiana y los estados de Nueva Gales del Sur, Victoria, Tasmania y Australia Meridional sí cambian de hora, aunque no suponen ni la mitad del territorio de Australia. Nueva Zelanda y Papúa Nueva Guinea también realizan el cambio de horario.

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