¿Tienes un dinero ahorrado y quieres sacarle rentabilidad? ¿Te gustaría invertir pero tienes miedo en hacerlo ya que no tienes conocimientos? Todos somos principiantes en alguna faceta en nuestra vida. Pero esto no debe se ser un problema ni en la Bolsa ni en otros aspectos de la vida. Al contrario, debe ser un punto motivador para iniciar la nueva aventura de la inversión en Bolsa.

No obstante, lanzarse a la carrera sin tener unos conocimientos que te respalden que vas a llegar al final de la misma de forma exitosa no es buena idea. Aquí te dejamos algunos puntos que debemos tener en cuenta a la hora de adentrarnos en el gran mundo de la inversión en Bolsa.

¿Cuándo debo invertir?

Si tenemos pensado invertir y nunca lo hemos hecho: ¡stop! Es necesario tener en cuenta una serie de aclaraciones antes de lanzarse. Una de las primeras premisas es que sepamos lo que estás haciendo. Es decir, no se debe invertir sin tener conocimientos sobre ello. Cualquiera está capacitado para aprender a invertir en Bolsa, solo que hay que dedicarle tiempo, pero merece la pena.

Hay diversas formas para aprender a invertir al alcance de todos. Existen muchos libros, blogs y redes sociales para inversiones, que valen la pena mirar. Además, hay páginas web, como la de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o la de Bolsas y Mercados Españoles (BME) en las que se ofrecen guías básicas para conocer mejor el mundo de la inversión en Bolsa y familiarizarse con conceptos tan importantes como:

  • Liquidez: es la facilidad de comprar y vender una acción.
  • Cuanto más invirtamos más riesgo existirá, pero también más capacidad de recompensa habrá.
  • Saber qué es diversificar.

No obstante, la mayoría empieza a invertir sin tener una formación básica. Aunque sea un error, es algo que suele pasar y, al final, es la mejor forma de darnos cuenta de que debemos invertir primero en nosotros mismos. No obstante, si nuestro antojo por invertir es enorme, puedes colocar algo de dinero en renta fija, por ejemplo, mientras vayamos preparándonos.

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Pero, ¡ojo! No creamos que debemos esperar a empezar a invertir en Bolsa cuando se tenga la total seguridad de que es el mejor momento habido y por haber. Esa certeza no la tiene nadie. Basta con actuar con prudencia y sentido común. Otra de las máximas básicas es que podemos invertir cuándo ese dinero no nos haga falta el día de mañana. Esto quiere decir que solo hay que invertir en Bolsa aquel dinero que no se vaya a necesitar a corto plazo.

Aunque si invertimos en acciones pueden resultar fáciles de vender, si nos vemos obligados a vender es porque necesitamos ese dinero y puede ocurrir que el precio al que las vendamos sea inferior al pagado, con lo que se incurriría en pérdida y a lo mejor no se reúne el dinero necesario. Recordar uno de los dichos clásicos de la Bolsa: quien vende por necesidad, pierde por obligación.

¿Cómo invertir?

Cuando uno decide invertir en Bolsa, siempre suele surgir la misma pregunta: ¿cómo puedo hacerlo? En primer lugar hay que tener claro que en ella existen diferentes tipos de valores e instrumentos que cotizan en la Bolsa aunque las acciones sean las más sonadas para todos. Lógicamente, antes de lanzarse al juego de la Bolsa hay que pensar en el tipo de inversión que se va a efectuar (a largo, medio o corto plazo, arriesgada o conservadora). Una vez tengamos claro nuestro perfil como inversor podemos darle al “start”.

Posteriormente tendremos que buscar un intermediario financiero que se encargue de ejecutar las operaciones de compra y venta de acciones ya que por nosotros mismos no podemos comunicarnos con el mercado. Podemos resumir a estos intermediarios como: entidades de crédito (bancos y cajas de ahorro), Sociedades de Valores y Agencias de Valores y Bolsas. Si no queremos dedicarle mucho tiempo a ello ya que buscamos la comodidad de invertir a largo plazo sin apenas realizar operaciones, la primera es una opción que eligen muchos pequeños inversores.

Antes de decidirse por uno, es importante que estudiemos con detalle las comisiones que varían mucho entre ellos y el asesoramiento que nos ofrecen. Tenemos que tener cuidado con los llamados chiringuitos financieros que operan sin licencia. Son entidades que se camuflan de firmas de inversión con la finalidad de apropiarse del capital que sus clientes les confían.

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Una vez nos hayamos decidido, el siguiente paso sería abrir una cartera de valores. Para que nos entendamos entre nosotros es como una cuenta en la que en vez de tener dinero contiene acciones. Ahí es donde realmente estará el dinero invertido y donde se recogerán las ganancias. A partir de este momento todo es más rápido. El inversor debe contactar con el bróker vía telefónica o por correo electrónico para detallarme las operaciones que quiere realizar.

Además, en los últimos años y gracias a los avances en la tecnología, Internet ha ganado terreno a los dos procedimientos más tradicionales anteriores. De esta forma, el bróker puede poner a nuestra disposición una plataforma de trading virtual en la que podemos comprar y vender sin necesidad del intermediario. Por último, debemos exigir a nuestro intermediario el envío de información periódica sobre el estado de nuestras inversiones y de los gastos originados por su mantenimiento y custodia, así como información puntual de cada liquidación que se le practique por las operaciones realizadas o por los servicios prestados con sus inversiones.

¿Dónde puedo invertir?

Dentro del mundo de las inversiones en Bolsa, se suelen recomendar los fondos de inversión para empezar en ella, creados por expertos que se encargan de gestionarlos por nosotros. Quizás la rentabilidad que obtengamos no sea la más alta que se pueda conseguir, pero lógicamente el riesgo es mucho menor que si compramos acciones por nuestra cuenta. No en vano, conforman una amplia cartera de valores, índices y sectores bursátiles, pudiendo llegar a zonas geográficas a las que en otras condiciones no se podría acceder.

La otra opción es que invirtamos directamente en Bolsa. Dicho esto, los fondos y las acciones no tienen por qué ser dos opciones excluyentes. En una cartera de cierto volumen patrimonial se puede contar tanto con acciones como con fondos que se complementen. Lo recomendable es que invirtamos en empresas o en sectores que conozcamos o nos despierten inquietudes por conocer.

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