Dentro de la educación financiera y doméstica, el control de las finanzas personales y nuestra economía doméstica es uno de los retos a alcanzar por cualquier individuo.

Dentro de la literatura de autoayuda para el control e independencia financiera, muy típico de paises anglosajones, destaca Robert Kiyosaky, conocido a nivel mundial por su libro “Padre rico”. En el texto, podemos encontrar los pasos vitales para controlar sin dificultades nuestra economía doméstica, como marco base para la gestión financiera a nivel personal.

  • Dedícale tiempo a tus finanzas personales

Tomar decisiones requiere conocimiento y planificación en el diseño de estrategias. Vivimos por encima de nuestras posibilidades y a un ritmo muy elevado, dejando siempre en segundo plano aquellas tareas o actividades que no nos reportan un beneficio a corto o medio plazo o no tenemos la obligación de llevar a cabo, como puede ser nuestro trabajo o nuestros ratos de ocio.

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Aprender sobre finanzas, sobre organización, diseñar estrategias y controlar nuestra economía doméstica requiere tiempo; tiempo que tenemos que marcarnos en función de nuestras necesidades para controlar fielmente nuestra situación y para aprender sobre todo aquello que no sepamos. El aprendizaje y la reflexión son los pilares principales de una correcta organización financiera.

  • Calcula tu patrimonio, busca el punto de partida

Todas las estrategias tienen que partir de una salida. Nuestra salida financiera consiste en calcular nuestro patrimonio, nuestros bienes y derechos y nuestras obligaciones.

Este balance de situación se puede llevar a cabo con un simple lápiz y papel o con programas informáticos. Da igual el método empleado, lo importante es determinar a cuanto ascienden nuestros activos menos las deudas que tengamos contraidas. Ese es el paso importante a llevar a cabo.

  • Disponibilidad de gasto y presupuesto

La situación patrimonial que hemos determinado anteriormente no nos dice nada por si sola, dado que el patrimonio no deja de ser una mera fotografía de una situación concreta de nuestro patrimonio. El segundo punto consiste en determinar la periodicidad de nuestros ingresos y gastos y elaborar una tabla con el cash flow o liquidez disponible en cada momento.

Para realizar esta tabla, debemos partir de un presupuesto de ingresos y gastos. La primera vez que se lleva a cabo esta tarea, resultará sumamente complicado dado que la mayoría de nosotros no sabemos responder a preguntas básicas sobre nuestros gastos, tales como el dinero que nos gastamos en alimentación, ropa o los ingresos mensuales que tenemos.

Basta con contabilizar en una hoja de cálculo cuánto dinero ingresamos y cuánto gastamos, asumiendo de manera realista nuestra situación, sobre todo por el lado de los gastos. Una vez plasmados todos nuestros gastos, simplemente debemos conseguir que nuestro cash flow de cada periodo sea positivo y que mensualmente consigamos incrementar sustancialmente nuestro patrimonio calculado en el punto anterior.

  • Elabora tu plan de acción

Una vez conocemos el flujo de caja seremos capaces de determinar qué puntos de nuestras finanzas necesitan mayor atención y en cuáles podemos realizar recortes.

Las posibilidades son prácticamente infinitas, pero casi siempre pasan por moderar el consumo y los pequeños gastos. El objetivo a alcanzar es gastar sólo un 70% de lo que ingresamos, ahorrar un 20% y destinar el 10% a imprevisto o desvíos presupuestarios.

Los porcentajes anteriores son orientativos y por ello, el factor de ahorro puede ser más flexible, pero nunca debe ser inferior al 10% de mis ingresos. Es decir, si mis ingresos netos son de 1.500 euros, como mínimo debo ahorrar 150 euros mensuales.

  • Busca tu meta financiera

Ahorrar no es sencillo y el ahorro por ahorro no tiene sentido. Por lo tanto,  cada persona debe identificar una meta para la acumulación de riqueza que realiza.

¿Qué meta es la que nos marcamos? Va a depender profundamente del momento de nuestra vida en el que nos encontremos, de las perspectivas que tengamos a medio o largo plazo y de los miembros de la familia que dependa de nosotros. La búsqueda de nuestra meta es una labor que requiere reflexión, que funciona como recompensa al esfuerzo y que nos va a servir como premio al final del camino que hayamos escogido recorrer.

  • Si tú trabajas, tu dinero también tiene que hacerlo

El dinero que no genera rendimientos es dinero que se deteriora, se estropea, caduca. Esta pérdida de valor en el tiempo es latente si nbo somos capaces de pensar una serie de sistemas que hagan generar a mi dinero más dinero.

La base de las finanzas se encuentra ahí: el dinero debe circular, transformarse, pasar de un activo a otro, con el objetivo de mejorar cada día la rentabilidad que me generan mis ahorros y mi patrimonio líquido.

Las fórmulas para hacer trabajar el dinero son muy variadas. Tengamos presente que entramos en el campo de las inversiones, en asunción de niveles de riesgo y en la capacidad que puede tener cada producto para generar mayores rendimientos monetarios.

Como podemos ver, hacernos con el control de tus finanzas personales no es tan complicado, sólo exige un poco de dedicación y una buena dosis de disciplina para mantener a raya los gastos y maximizar tu dinero.

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