El ahorro es una parte fundamental en el manejo de las finanzas personales. De hecho, la mayoría de personas que se plantean controlar algo más sus ‘cuentas’, lo hacen precisamente para poder ahorrar con algún objetivo concreto o simplemente “por si acaso”.

Pero manejar el dinero no es tan sencillo como pueda parecer, no tanto por dificultades técnicas, sino más bien por falta de actitud. Para ahorrar es necesario conocer los gastos y eso requiere un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a realizar. La elaboración de un presupuesto detallado es el mejor ejemplo.

Generalmente, todo el mundo tiene su propio esquema mental sobre sus gastos, ingresos e inversiones pero pocas personas plasman esas ‘ideas’ en un papel o en un programa informático de finanzas personales. Elaborar un presupuesto detallado no suele ser divertido, pero sí es necesario. Sólo a través de un profundo conocimiento de dónde se producen las fugas de dinero es posible obtener una visión global y control de las cuentas.

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Un buen presupuesto, actualizado convenientemente y con un detallado balance de gastos e ingresos, revelará esta verdad junto con alguna desagradable sorpresa, en la mayoría de los casos. Este es, por ejemplo, uno de los métodos más empleados para intentar que una persona deje de fumar, enseñarle lo que se ahorraría al mes: casi 80 euros si consume una cajetilla diaria. No todo el mundo fuma, pero sí suele salir a cenar, ir al cine, quedar a tomar algo con los amigos… anotar todos estos gastos le dirá exactamente cuánto le cuesta cada una de estas actividades en realidad y no ‘en su cabeza’. Básicamente, le hará consciente de su situación financiera y así podrá tomar decisiones informadas sobre sus finanzas.

Por ejemplo, una persona puede pensar que su gasto en salir de cena no es superior a los 100 euros mensuales cuando en realidad está gastando casi el doble. Un buen presupuesto sacará a relucir este tipo de desfases y le permitirá decidir y elaborar una mejor distribución de sus gastos para al final poder ahorrar. E incluso puede ir más allá. Todo depende del nivel de detalle de las cuentas, que en teoría debe de ser el máximo posible. Cuando así es, se puede incluso saber qué supermercados ofrecen determinados productos más baratos (en caso de acudir a diferentes centros) o si han subido los precios de alguno de los artículos que consume habitualmente.

En el fondo, un presupuesto es también una radiografía de los hábitos de consumo de una persona y no sólo respecto a cómo organiza su tiempo sino también a su alimentación. Todo el mundo se permite algún capricho gastronómico en sus compras en el supermercado y generalmente le restan importancia, pero al final ese aumento en la factura de ‘la compra’ tiene que salir de algún sitio. En el mejor de los casos será del dinero para ocio, pero puede también ser del capital que había que destinar al plan de pensiones, los ahorros para las vacaciones o incluso el pago de un crédito… A través del presupuesto es posible saber exactamente de dónde.

Al final, el presupuesto es lo que otorga la conciencia y conocimientos necesarios para poder controlar las finanzas personales. Sin él, existen muchas posibilidades de tomar decisiones desacertadas, gastar mal o gastar más de la cuenta y terminar endeudado. El único inconveniente es que, como tantas otras herramientas útiles y necesarias, no es divertido y requiere mucho tiempo.

Comunicación corporativa

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