El término inversión se refiere al acto de postergar el beneficio inmediato del bien invertido por la promesa de un beneficio futuro más o menos probable. Una inversión es una cantidad limitada de dinero que se pone a disposición de terceros, de una empresa o de un conjunto de acciones, con la finalidad de que se incremente con las ganancias que genere ese proyecto empresarial.

Por tanto, en la inversión hay una serie de elementos que la definen:

– Un sujeto (Inversor)

– Un activo financiero (Dinero).

– La renuncia a una satisfacción inmediata.

– Un activo en el que se invierte.

– Una promesa de recompensa futura más o menos incierta.

– La inversión es financiera cuando el dinero se destina a la adquisición de activos cuyo precio depende de las rentas que se supone generarán en el futuro, como las acciones de una empresa, depósitos a plazo y los títulos de deuda.

Toda inversión implica tanto un riesgo como una oportunidad. Es un riego debido a que la devolución del dinero que invertimos no está garantizada, y es una oportunidad debido a que puede ocurrir que se multiplique el dinero invertido.

Cuatro variables de la inversión privada

En toda inversión hay que considerar cuatro variables distintas pero relacionadas:

El rendimiento esperado, es decir, la rentabilidad que esperamos obtener de nuestra inversión, y se suele medir como porcentaje de la cantidad invertida. Aquí hay que contemplar que hay una relación directa entre el rendimiento esperado y el riesgo asumido: a mayor rendimiento, mayor riesgo.

El riesgo aceptado, es decir, la incertidumbre sobre el rendimiento y sobre la posibilidad de que no se recupere el dinero invertido. Esta es una variable muy subjetiva y que definirá el perfil del inversor, y la aversión al riesgo que muestre. Un inversor conservador tenderá a invertir en productos de bajo riesgo y, por ende, de menor rentabilidad, como son los títulos de renta fija o los depósitos a plazo, aunque el interés sea menor que el que podría obtener en títulos de renta variable u otras inversiones.

Otra variable es el horizonte temporal de la inversión,que puede ser a corto, medio y a largo plazo. Las inversiones a más largo plazo suelen ofrecer tipos de interés mayores que los plazos menores. Un ejemplo claro son las letras del tesoro frente a los bonos u obligaciones del estado.

Finalmente, un último punto que deberíamos contemplar es la liquidez de nuestra inversión; es decir, con qué rapidez podemos recuperar nuestra inversión y a qué coste en caso de necesitar recuperarla. Por ejemplo, no es lo mismo invertir en acciones de uno de los grandes bancos del país, para los que se negocian diariamente en el mercado continuo miles de títulos, que hacerlo en una empresa cuyo volumen es muy bajo y, por tanto, desprendernos de los títulos podría llevar días, e incluso semanas.

Más aún, si la firma en la que invertimos es una empresa no cotizada, podría ser que no pudiésemos desprendernos de la inversión hasta nuevas ampliaciones de capital de esta. Así que hay que tener en cuenta que la liquidez del producto en el que invertimos es una variable que debe valorarse con cuidado.

Diferencias entre ahorro e inversión

Si nos fijamos en los elementos que constituyen la inversión, hay pocas diferencias entre ahorro e inversión, pero la principal se refiere al riesgo. Mientras que el ahorro lo podemos mantener en casa o en un deposito bancario, prácticamente libre de riesgo, cuando decidimos invertir, esperamos conseguir un beneficio que implica un riesgo. Además, hay que tener en cuenta la regla de oro ya mencionada: a mayor beneficio, mayor riegos.

Por ejemplo, no tiene el mismo riesgo invertir en acciones de una empresa cotizada que hacerlo en un producto apalancado sobre acciones de la misma organización. La inversión en el segundo caso podría ser mucho menor para el mismo volumen de acciones, pero el producto apalancado tiene mucho más beneficio y también mayores pérdidas asociadas. Eso sí, el riesgo asumido en el segundo caso es mucho mayor que en el primero.

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