Como inversor, además de rentabilidad y liquidez,  se busca la seguridad a la hora de colocar el dinero. Existen productos que se venden como garantizados, pero que, a veces, quizás deberían llevar un “pero” después de la palabra “garantizado”.

Principalmente, existen dos tipos de fondos garantizados:

  • De renta variable: los fondos de renta variable aseguran el capital inicial
  • De renta fija: los fondos de renta fija aseguran el capital inicial y, además, un determinado tipo de interés anual.

Por definición, un fondo garantizado es aquel que asegura que no sólo no perderá dinero, como mínimo, sino que, además, obtendrá unos ciertos réditos. Sin embargo, sería recomendable leer la letra pequeña, pues como inversores de un fondo garantizado, para que dicha garantía sea efectiva, se deben dar una serie de condiciones.

La condición esencial para que un depositante de capital vea su inversión garantizada, es el mantenimiento del dinero hasta la fecha de vencimiento del fondo, esta condición es la gran letra pequeña de los fondos de inversión garantizados.

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Un depositante que quisiera, o necesitara, retirar su dinero antes de la fecha de vencimiento podría sufrir, por un lado, una penalización porcentual (el 5% por ejemplo) y, por otro, vería reducida su inversión inicial al valor liquidativo que tuviera su participación en el fondo en el momento de solicitar el reembolso.

Ahora bien, suponiendo que el depositante no retirara su dinero con antelación, existiría otra posibilidad que, si bien no debería minorar su aportación inicial, en la práctica no sería la primera vez que produciría un suspenso temporal de la garantía. ¿Qué pasaría si quebrara el banco que respalda el fondo?

En caso de quiebra del banco que respalda el fondo, el valor de los activos en que este invierte permanecería intacto, al estar estos fuera del balance del banco, sin embargo, si al llegar el vencimiento no se hubieran cumplido los objetivos previstos, es decir, si hubiera pérdidas en el fondo, los inversores habrían de esperar al concurso de acreedores para que el banco aportase la diferencia de capital entre el valor liquidativo del fondo (lo que el fondo vale en ese momento) y valor garantizado (inversión inicial).

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