Uno de los productos financieros más populares a la hora de invertir los ahorros, son los fondos de inversión. Se trata de un producto bancario que suele tener una rentabilidad mejor que la asociada a un depósito, pero también se asume más riesgo, en mayor o menor medida en función del tipo de fondo en el que se invierte. En todo caso, existen dos conceptos fundamentales que interesa conocer para no equivocarnos en la elección de un fondo de inversión: la rentabilidad y la volatilidad.

Un fondo de inversión es un tipo de inversión colectiva por la que los partícipes del mismo crean un fondo común y lo ceden al banco para su correcta administración. La entidad actúa como sociedad gestora, invirtiendo el dinero en busca de una buena rentabilidad e intentando reducir el riesgo en función del perfil del fondo. Para ello, se diversifican las inversiones utilizando instrumentos financieros, como activos monetarios, bonos, acciones, etc.

Los fondos de inversión suelen tener un porcentaje del dinero invertido por los partícipes en renta fija y otra parte en renta variable. A medida que aumenta el porcentaje en renta variable, suele hacerlo también la rentabilidad del fondo, pero, a la vez, aumentan el riesgo y la volatilidad. Lo más habitual es que existan diferentes perfiles inversores: conservador, moderado o más arriesgado son los que se señalan habitualmente.

¿Qué es la volatilidad de un fondo?

La volatilidad en un fondo de inversión mide la desviación de su rentabilidad respecto a su media histórica. Normalmente, los fondos de inversión tienen una rentabilidad que se calcula como una media de la obtenida a lo largo de un determinado ciclo de años. No todos los años se tiene la misma rentabilidad, ya que los mercados fluctúan e incluso puede haber alguno que el resultado sea negativo. En general, la media obtenida será positiva y superior a la obtenida en un depósito bancario.

La volatilidad mide esta desviación típica, evaluando la fluctuación que han sufrido los valores liquidativos del fondo respecto a su media durante un periodo determinado de tiempo. Es una medida que ayuda al inversor a entender que un fondo en un momento concreto puede tener posibles pérdidas potenciales, aunque a la larga se puedan obtener un buen beneficio, ya que este producto financiero se plantea para ahorradores a medio y largo plazo.

La volatilidad es una medida que nos ayudará a entender el riesgo del fondo de inversión. Así, veremos que un fondo con una desviación típica baja tendrá un menor riesgo que otro que nos dé valores más elevados. Este índice se calcula en función de las series históricas del pasado, pero no significa que el ciclo económico se tenga que repetir. Cuanto mayor sea el periodo de tiempo que se utiliza para calcular la volatilidad, más preciso será.

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A su vez, la volatilidad es un índice que servirá para comparar fondos. Por ejemplo, podemos ver que la volatilidad varía en un fondo de perfil conservador frente a otro de perfil inversor más audaz, que es capaz de tomar más riesgo y lógicamente tendrá una mayor volatilidad. Pero también será igualmente válido a la hora de comparar fondos del mismo perfil financiero, un fondo moderado, por ejemplo, ya que, además de ver la rentabilidad histórica que ofrecen, debemos revisar su volatilidad para hacernos una idea del riesgo que se asume.

En todo caso, es más fácil que se cumplan las expectativas de rentabilidad y se reduzca la volatilidad si se mantiene la inversión en el fondo en el tiempo, ya que se trata de un producto financiero pensado para inversores que quieren dejar allí su dinero durante varios años, aunque ello no significa que no puedan disponer de él en cualquier momento vendiendo la participación adquirida en el fondo.

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